Florecimiento catedralicio

La Catedral de Cuenca, monumento nacional desde 1902, pocos meses después del hundimiento de la Torre del Giraldo, es sin duda alguna la mejor joya arquitectónica que tiene la ciudad y uno de los ejemplares catedralicios más valiosos de España. Visitarla con tiempo, para conocer todo el valor que encierran sus columnas, rejerías, capillas y vidrieras, además de sus numerosas figuritas y símbolos de piedra, es tarea obligada para los amantes del Arte con mayúscula, el templo conquense reúne todo un variado muestrario artístico bajo el patrón principal del gótico anglo normando que define su construcción, iniciada tras la conquista de Cuenca por el rey Alfonso VIII, con la Reina Leonor de Plantagenet como principal artífice del comienzo y seguimiento de las obras.

No se trata ahora de ahondar en la historia de la Catedral de Cuenca, tan profunda como apasionante, sino en hacernos eco del “florecimiento” que está teniendo en los últimos años el primer templo de la provincia, bajo la visión de quienes vimos su fachada “entablillada” de maderos y vigas durante varios años, como si nunca acabase su reconstrucción, y su oscuro y frío interior, que invitaba a salir del templo más que a entrar. Recuerdo los óculos sin vidrieras, con las cristaleras rotas, por las que el frío dejaba su huella, en una especie de abandono por falta de dinero y quizá de iniciativas.

El Calvario del Siglo XV sobre la viga ha vuelto a su sitio. Foto: Josevi

En una ocasión, hace más de treinta años, entrevisté a varios miembros del Cabildo, con motivo de una ayuda estatal para restaurar la Catedral, y aquella noticia les parecía fantástica porque quedaba mucho por hacer. Vamos, que casi no se lo creían. En el último cuarto de siglo el primer templo conquense ha venido experimentando un cambio que era muy necesario. Las vidrieras contemporáneas ofrecen filtros de luz que iluminan las naves y quitan frío; la restauración de capillas y altares ha sido constante, así como la de los dos órganos, que han recobrado la música de otros siglos. El Claustro, casi dos siglos cerrado, es otra de las grandes recuperaciones de nuestra Catedral.

Todo esto lo recordábamos este sábado lluvioso de octubre, en una visita a esta joya de Cuenca, que celebraba el Día de la Catedral. Un templo que ofrecía y ofrece sus mejores galas, gracias también a esa iniciativa de Miguel Ángel Albares, delegado episcopal de la Iglesia Catedral, de dotar a la Basílica de elementos propios del “ropero catedralicio”, que agradecen los fieles y visitantes. Es el caso de los tres tapices del siglo XVI, que desde hace poco más de un mes se pueden contemplar junto al Arco de Jamete, sobre el Altar de Santa Ana y en el exterior de la Capilla de los Caballeros, o la umbela del Corpus. En esa misma Capilla se pueden admirar las Tablas de Fernando Yáñez de Almedina, “Adoración de los Magos” y “El Descendimiento”, del siglo XVI.

Con no poco gozo hemos visto de nuevo colocado el Calvario en el Altar del Ángel, sobre una artística viga, junto a la Capilla del Sagrario, tantos años ausente de ese estratégico lugar. Este Calvario estuvo en la Exposición Internacional de Barcelona de 1929. También nos parece que la Capilla de San Bartolomé, que estaba siendo restaurada, ha llegado a su fin, y en ella se encuentra el llamado Cristo de los Sacristanes. Por cierto, es la única capilla catedralicia que se quedó sin vidriera, y ahí está el cristal en el ventanuco, esperando que algún día le llegue el turno.

Dos buenas noticias han llegado para la Catedral en los últimos tiempos. La primera, que el templo conquense es una de las siete catedrales más importantes de España, que va a formar parte de la serie de TVE “La luz y el misterio de las Catedrales”, dirigido por el arquitecto y dibujante José María Peridis, que al efecto ha escrito un libro. El pasado 26 de septiembre ya pudimos ver un adelanto en la pequeña pantalla. La otra noticia es que el Consorcio de la Ciudad de Cuenca ha dotado una cantidad para iniciar la obras más urgentes de la Capilla del Espíritu Santo, una de las más singulares de la Catedral, separada por un pequeño patio junto a la fachada de la conocida Claustra, que sólo se abría tres veces al año en Pentecostès, y desde hace dos décadas permanece cerrada casi a cal y canto como almacén de materiales.

Es una buena nueva que se inicie la recuperación de esta Capilla renacentista fundada por los Señores de Cañete, y aunque vaya en contra del dicho popular, esta vez las obras empezarán por los tejados. Sería deseable una actuación en la fachada para recuperar parte del frontis y las dos gárgolas que faltan. En suma,  la luz y el misterio de la Catedral de Cuenca conocerán pronto su mejor esplendor, en beneficio del Patrimonio de la ciudad y de sus gentes.

www.eldiadigital.es (Blogs) El Tin-Tan de Mangana, 21 de octubre de 2012

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.