Jóvenes músicos y pequeños cantores solidarios

“Un niño, una sonrisa”. Con este lema enternecedor que da alas a la ilusionada esperanza de ayudar a la necesitada grey infantil, se celebró en el Teatro Auditorio de Cuenca un concierto benéfico de Navidad organizado por la Asociación Cultural Nuestra Señora de la Soledad (Vulgo de San Agustín), de la Hermandad nazarena del mismo nombre, en colaboración con diversas entidades y empresas, entre ellas EL DÍA, como bien señaló el presidente provincial de Cruz Roja, Pedro Roca, en el preámbulo de la actuación musical, de neto color conquense, para detallar la labor que viene realizando Cruz Roja en la capital y provincia de Cuenca, gracias a la ayuda de tantas personas que atienden el llamamiento de la institución humanitaria de carácter voluntario, radicada en Cuenca, por cierto, desde hace más de cien años.

Hecho en Cuenca y para Cuenca podíamos decir, utilizando algún eslogan musical de una población que apostó hace tres lustros por ser “ciudad para la música” y que lo es sin duda alguna por sus propios protagonistas, muchos de los cuales se encontraban en el escenario del Teatro Auditorio con sus instrumentos y sus voces en la tarde-noche del viernes 15 de diciembre. “Un niño, una sonrisa”, era la llamada para intentar llenar las butacas del hermoso Teatro, como se llenó el escenario con los músicos y los niños de voces blancas que inundaron el ambiente de una puesta en escena en la que la imagen del Niño Jesús presidía ese concierto navideño a beneficio de la Cruz Roja. La voz de Berta, en una expresiva presentación, situó a los asistentes en otro siglo, en 1749, para escuchar la “música para los reales fuegos de artificio”, una obra de Händel en la que la orquesta dirigida por el joven director, Manuel Murgui López, puso todo su buen hacer en la complicada partitura. Las ovaciones del público hicieron saludar al director y a los jóvenes componentes de la Orquesta conquense.

 

En la segunda parte entraron en el escenario los componentes de la Escolanía de la Soledad de San Agustín, con relevo en la batuta, en este caso con la dirección de Juan Pablo de Haro Sánchez, el director de las voces blancas conquenses, que vienen a ser el testigo, en la distancia del tiempo, de los Seises de la Catedral con residencia en el Colegio de San José de la Ronda de Julián Romero (la Posada), entre los que figuraba el niño Teófilo Alcantarilla, años después, el gran director conquense Theo Alcántara. Juan Pablo es capaz de lograr que la Escolanía interprete villancicos, salmos o motetes delante de la Borriquilla, que poner voces blancas a la música de los Beatles, como hizo en junio pasado, amén de poner a sus cantores a la altura de los de San Lorenzo de El Escorial o los “voces blancas” de la Catedral de Toledo, en actuaciones compartidas.

 

La Orquesta y Escolanía en el escenario dieron paso a la parte navideña del concierto con “El Mesías”, de Händell, de 1741, y la suite. “Porque un niño nos ha nacido”. Además de la orquesta, con sus trompetas triunfales en los extremos del amplio grupo de niños cantores,  con Paula Gaspar al piano, se hizo notar en la primera línea la voz de la soprano Rocío Burgos Álvaro, que inició su afición al canto en la Escolanía. Fueron momentos de extraordinaria belleza de sonidos y conjunción armónica, con la dirección de Juan Pablo de Haro, que resultaron sublimes, con ese coro de ángeles que llenaban el escenario, de manera especial en “el mensaje de los ángeles”, el villancico anónimo del “Gloria in excelsis deo”.

 

El colofón, con el toque más popular de la música navideña, lo pusieron la Escolanía y la Orquesta con el “Fum, fum, fum”, el popular villancico del “25 de diciembre / un niñito muy bonito / ha nacido en un portal / con su carita de rosa / parece una flor hermosa…”  Era el mejor broche al concierto navideño, con esa imagen del Niño Jesús delante del escenario, que nos recordaba un villancico popular de Cuenca menos conocido con la letra del “Arre borriquillo”: “Los vecinos de Cuenca, quieren al Niño…, / no hay otro más salado / ni más hermoso, que este mocete, / es tan lindo y hermoso y regordete… / Arre borriquillo…”.

 

Los interminables aplausos para todos los actuantes propiciaron un bis con la interpretación de nuevo de “Glory to god”, (el famoso gloria a Dios en las alturas…)  con las voces blancas y la Joven Orquesta, unidas para la música y para la buena causa de colaborar con la Cruz Roja. Música y cánticos de jóvenes solidarios. Fue una tarde-noche tan emotiva como memorable, con una Joven Orquesta de Cuenca que ya ha cumplido sus veinte años de andadura, que como dice el tango no son nada, porque debe seguir cumpliendo lustros, y una Escolanía que lleva siete años en el candelero, con frutos de la semilla inicial, de aquella gran iniciativa que tuvo en su día la Hermandad de la Soledad de San Agustín. Acierto pleno.

www.eldiadigtal.es (Blog El Tin-Tan de Mangana)

 

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