Cuenca, como un belén permanente

“Esta noche es Nochebuena y mañana Navidad”. Es la frase de cada 24 de diciembre hecha villancico, con letras o letrillas populares a renglón seguido que se han hecho tradición en cada región o lugar. “Esta noche es Nochebuena, y mañana Navidad, saca la bota María que me voy a emborrachar”, cantaban los unos, para  entonar el “ande, ande, la marimorena” los otros, un villancico más que popular, que tiene sus orígenes en Cuenca, pues cuenta la leyenda que durante la Misa del Gallo tenía fama la “María Morena”  de armar escándalo en la calle, entre el enfado de los lugareños que estaban en la iglesia “adorando al Niño”. Ya es sabido que las tradiciones tienen su origen con no poca inventiva, pero no cabe duda de que en estas tierras de Cuenca, con su orografía tan pintoresca, la Navidad tiene un escenario inigualable.

En Navidades pasadas hemos escrito, precisamente, de esta singularidad belenística que ofrece la ciudad de Cuenca, tanto como Nacimiento y Belén, como en los días de Cuaresma en los que la ciudad se asemeja a la Galilea de la Pasión y Muerte de Cristo, dignamente representada por una Semana Santa de Interés Turístico Internacional. Desde las alturas, como un “gloria in excelsis deo”, la ciudad de Cuenca es como un gran belén, sobre todo en el anochecer, con sus lucecitas blancas y anaranjadas como candelas, de los barrios de San Antón y Tiradores, arracimados ambos a los cerros de la Majestad y del Socorro. El Júcar se abre paso entre los puentes de los Descalzos y San Antón, con paseo de peatones en la orilla, caminando como los pastores caminaban buscando la cueva del Niño-Dios.

 

Esta postal navideña que imaginamos, la podemos ver en muchos de los belenes que se muestran en la ciudad, de forma muy especial en ese magnífico Belén que cada año monta Flores Las Camelias en su amplio escaparate de la calle de las Torres. La Hoz del Huécar, con su antiguo puente de piedra de San Pablo, la Catedral con su Torre del Giraldo, y todo el encuadre paisajístico de la Hoz, forman un conjunto belenístico digno de ser visitado y admirado. La tradición conquense de montar belenes, con el propio escenario de la ciudad, ha sido una constante que sólo aquí se puede llevar a cabo con mayor ahínco por ese especial paisaje que Cuenca ofrece, con sus luces de madrugada, mediodía, atardecer y anochecer. Todo un compendio de la Navidad.

Es justo resaltar que en los últimos años la ciudad viene respondiendo a la tradición navideña con gran entusiasmo. Desde hace más de tres lustros, el Belén de la Diputación  se ha convertido en referente nacional, tanto en su estilo napolitano como en otros estilos que la Asociación Belenística de Cuenca ha ido presentando, incluso en algún año, incluyendo “pasos” de la Semana Santa. Miles de personas lo visitan. Otro de los Belenes clásicos de la Navidad conquense es el que se instala por parte del Ayuntamiento, desde hace más de medio siglo, en el Jardinillo de la Plaza de la Hispanidad, con figuras de gran tamaño, que llaman la atención, sobre todo de los niños, y cómo no de las mayores. Belén al que acuden diversos grupos para entonar sus villancicos.

También es digno de resaltarse, por ser iniciativa de los vecinos, con el artista de la forja José Luis Martínez al frente, el Belén que desde hace pocos años instala sobre el roquedal del Cerro de la Majestad, este inquieto artesano del hierro, vecino del barrio de San Antón. A la chita callando ha ido preparando, a golpe de martillo en el yunque de la ilusión, decenas de ovejitas, pastores, el Nacimiento, el ángel y la propia imagen de la Soledad del Puente, sobre el Cerro que corona la estrella iluminada, y que en Semana Santa es Calvario. Desde la sencillez del barrio de San Antón se ofrece a toda la ciudad este peculiar belén sobre la roca, que visto desde el puente de San Antón o la Trinidad, ofrece una perspectiva, y desde la avenida de los Alfares se aprecia otra  imagen aún más espectacular. Y en el mirador del puente, junto a la efigie de Pedro Mercedes, un singular árbol de Navidad de varillas de hierro con sus bolas del mismo metal coloreadas. Imaginativo este artista que lo es José Luis Martínez.

En el recuerdo quedan el belén-chabola, que se instalaba junto a la estatua del pastor de las Huesas, de Marco Pérez, en la antigua Plaza de Cánovas, hoy Plaza de la Constitución, y aquel belén acuático en aguas del Júcar, bajo el puente de San Antón, con la Torre de Mangana de fondo. Otras iniciativas han prosperado, como la que hace diez años tuvo la Hermandad de la Virgen de la Amargura con San Juan, montando un belén en su sede, junto a la parroquia de El Salvador. Buen trabajo de los responsables de la Amargura con su dulzura belenística, consiguiendo que el agua discurra por los arroyos y riachuelos de su belén, que se escuche el sonido de la vida, de niños y animales, que anochezca y amanezca y que el balido de las cuatrocientas ovejas se deje notar.

Aquella iniciativa la han seguido otras pocas hermandades nazarenas y este año tenemos en Cuenca la II Ruta de los Belenes, muy visitada por cierto, que interesa incluso a una televisión coreana que ha recogido imágenes de la Ruta y de la propia ciudad de Cuenca, convertida estos días en gigantesco belén. A ello hay que añadir el Concurso de Belenes que organiza el Ayuntamiento y en el que participan entidades religiosas, belenes familiares de más de tres metros y entidades benéfico sociales. Belenes como el del Hospital de Santiago o el de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados son clásicos en la Navidad de Cuenca, siempre presente en estas fechas. Como es tradición que esta noche, en las alturas de San Julián “El Tranquilo”,  con frío de bufanda y calor de corazón, se celebre la Misa del Gallo, entre villancicos de zambomba y pandereta de “noche de paz y de amor”, rosquillas, anís y resoli. Lo dicho, esta noche es Nochebuena y mañana Navidad. Felices Pascuas, entre tin-tanes de campana, sobre campana…

 El Tin-Tan de Mangana, 24 de diciembre de 2012

 

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