No perder el tren del año

Por un día se cambia un año. O un siglo. En el día a día, el 31 de diciembre festividad de San Silvestre, es el último del calendario; una jornada para hacer reflexión individual del año que se nos va, celebrando la Nochevieja con la alegría propia de brindar por lo mejor en el año que vamos a estrenar. Escribía César González Ruano que Cuenca era una ciudad propicia para celebrar la última noche del año y dar la bienvenida al Año Nuevo, que todos quisiéramos que llegase tan misterioso como rodeado de buenas nuevas, pero que ya viene marcado como aquellas viejas cartas de los tahúres. “El 2013 será peor”, dicen los analistas de la crisis que nos atosiga en época de vacas flacas. La realidad cotidiana es esa y no hay más que mirar los bolsillos, las escuálidas nóminas y los impagos, que se han convertido en “el menos pan de cada día”.

Pero hay que celebrar la Nochevieja y la llegada del Año Nuevo que, para más inri, termina en 13. El 1 de enero es martes y año trece, para empezar así  con los números cabalísticos, aunque hablando de números a casi nadie le salen las cuentas al llegar a fin de mes, y aparece la socorrida frase de “ya te lo pagaré”. O el agradecido “Dios se lo pague”. Lo suyo sería hacer hoy balance del año que se nos va y pensar en los proyectos de futuro, que algo de optimismo hay que tener.

Para el 2013 sabemos que en los primeros meses se podrán empezar por estos lares  las obras de la Plaza de Mangana, por fin tras casi tres lustros esperando, y la primera fase de la Capilla del Espíritu Santo de la Catedral. Y poco más.  Pero por estas tierras de Cuenca son muchos los sueños pendientes, aunque parece que nos estamos acostumbrando a no poder ni siquiera terminar lo empezado. Ahí está el estadio de La Fuensanta, esperando su definitiva reconstrucción; el muro de la calle de Alfonso VII a la espera de su definitiva solución, la construcción de una vía rápida para acortar distancias con la estación del AVE, y una medida que pueda suponer la permanencia del tren convencional Madrid-Valencia por Cuenca, con especial incidencia para los pueblos por los que atraviesa la línea.

EL APOYO DE JOSÉ RODRIGO BOTET

Es curioso observar cómo hace un siglo la preocupación de toda la provincia se ceñía al futuro del ferrocarril, porque era la única forma de alcanzar el progreso. Si estos días el Consejo de Ministros ha declarado que la actual línea Madrid-Valencia por Cuenca, esté sujeta a “obligación de servicio público”, hace cien años justos se aprobaba el ferrocarril Cuenca-Utiel, que tanto costó hacer, no sólo en dinero, sino en años. Un telegrama de un personaje valenciano tan carismático como lo fue José Rodrigo Botet (cuyo nombre da a un Instituto de Manises), enviado a la ciudad de Cuenca en los últimos días de 1912, decía lo siguiente: “Aprobóse el ferrocarril Cuenca-Utiel. Gran lucha parlamentaria final sesión. Romanones abrazó ministro Villanueva. Participe noticia al gobernador y amigos. Felicitémonos. José Rodrigo Botet”. El proyecto de ley contemplaba en el plan de ferrocarriles complementarios de la red general española la línea “Cuenca-Utiel, con el recorrido más directo posible y empalmando en los puntos extremos con los ferrocarriles existentes”.

Hace cien años se celebraba en Cuenca una manifestación para que se aprobase la línea Cuenca-Utiel, y hace pocos días tenía lugar otra muy distinta por la peatonal Carretería para pedir que no desaparezca el actual tren convencional, que su servicio hace, sobre todo para los pueblos de la línea que no tienen otra alternativa de transporte. Recordando de nuevo cuanto acontecía en Cuenca en aquellos días finales de 1912, cabe resaltar que un personaje tan considerado como lo era el valenciano José Rodrigo Botet, se erigió en defensor de la línea Cuenca-Utiel. Al llegar a Cuenca Rodrigo Botet en el tren desde Madrid, el 27 de diciembre, fue recibido por una gran muchedumbre en la estación, las autoridades y la Banda de Música. Pronunció una conferencia en el “Ideal Artístico” y explicó lo que supondría para Cuenca la comunicación con Valencia, él que venía desde América, donde dejó su huella de gran impulsor de ciudades y estudioso de los dinosaurios.

Rodrigo Botet hubiese disfrutado con los hallazgos dinosaurios de ”Lo Hueco” en Fuentes con las obras del AVE, y con la llegada del mismo AVE a Cuenca. El lunes 6 de enero de 1913 se celebró una multitudinaria sesión en la Diputación, con autoridades y pueblo, para tratar sobre el ferrocarril Cuenca-Utiel. Sobre la intervención de Rodrigo Botet escribía “El Liberal”: “Bajo una profunda y sensible emoción comienza este venerabilísimo anciano de níveos cabellos (Rodrigo Botet tenía entonces 70 años), voluntad de hierro y decidido defensor del ferrocarril, hombre verdaderamente caído del cielo para redimir a Cuenca y su provincia del incalificable abandono en que se encontraba, presentándola un porvenir por todos conceptos hermoso y halagüeño”.

Exclamaba Rodrigo Botet que “tres años ha, un hombre emprendiendo el camino de Cañete a Játiva, me incitó a salir de mi marasmo. En repetidas visitas me habló prolijamente del ferrocarril de Cuenca a Utiel, y tanto me insistió, que me decidí a venir a Cuenca a estudiar su territorio, a poner luz meridiana en la riqueza del subsuelo y a ver la posibilidad de construir el ferrocarril. Aquel hombre consiguió lo que en el año 1889 no consiguieron los prohombres valencianos, que me incitaron a realizar el ferrocarril de Utiel a Camporrobles, Mira, Narboneta, Víllora, a salir a Carboneras. Un día conversaba yo con un ministro: le hice la exposición de las ventajas que a Cuenca reportaría la construcción del ferrocarril a Utiel. De ahí nace la idea”. Explicó Rodrigo Botet todo el proceso llevado a cabo para convencer a Romanones y terminó diciendo: “Levantad vuestro corazón hacia la altura, que en esta vida el hombre no vale por la ropa que viste, sino por la utilidad que representa. Que la unión es fuerza, sea siempre vuestro lema”.

Pero tuvieron que pasar aún 35 años para que el trayecto Cuenca-Utiel fuese realidad, pues en el camino se suscitaron demasiados debates ante la oposición valenciana, que prefería el trayecto por Motilla. La línea nació maldita con la incivil guerra por medio, la inauguró Franco en 1947, y cuando mejor funcionaba con el Talgo en la década de los 70, se decidió por los gerifaltes de turno potenciar la línea Madrid-Valencia por Albacete;  el ferrocarril más directo entre Cuenca y Valencia fue dejado a un tercer plano, abandonado a su triste suerte. Hoy se tarda de llegar a Madrid o Valencia desde Cuenca más de tres horas, cuando en 1974 se viajaba en dos horas con el Talgo.

La historia de la Cuenca cenicienta tuvo su momento más feliz con la llegada del AVE hace ya dos años, que ha puesto a la ciudad en un envidiable puesto  en el nivel de comunicaciones que nunca tuvo, y que va dando sus frutos, pero no cabe duda de que el tren convencional, que tantos años costó poner en marcha debe ser mejorado en beneficio de todos estos pueblos que, desde Valencia a Madrid, están unidos a esta línea que tantos quebraderos dio y da a la provincia. No perder el tren es el primer reto, precisamente para quienes más lo utilizan, que es compatible con la alta velocidad. Como tampoco podemos perder el tren del año que asoma entre campanadas y brindis. Feliz Nochevieja y próspero Año Nuevo.

El Tin-Tan de Mangana, 31 de diciembre de 2012

 

 

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