Cabalgata de la ilusión

La fiesta de los Reyes Magos, cada 6 de enero, tiene en Cuenca una significación especial, tanto por la celebración propia de la llegada de los Magos de Oriente (o de las marismas de Huelva, según en el reciente descubrimiento aportado por Benedicto XV), en el final del ciclo navideño, como por la fecha de inicio de la Reconquista de Cuenca por el Rey Alfonso VIII, de los nueve meses de asedio a la ciudad, que culminaron el 21 de septiembre de hace 835 años. Regalo de Reyes fue aquella conquista y regalos de reyes son los que todos los años reciben los niños (y los mayores), en esta señalada fecha que va desde la noche del 5 de enero hasta el mismo día 6, festividad de los Reyes Magos, que este año ha caído en domingo, de ahí que en la Comunidad de Castilla-La Mancha, como en otras tantas de España, se haga fiesta el lunes 7 de este enero de 2013.

Las fiestas navideñas llegaron a su fin, y las frases de “felices pascuas” y “feliz año” ya se las lleva el viento, aunque son palabras de retorno cada año en nuestro quehacer cotidiano, si bien por aquí aún tenemos la socorrida frase de “hasta San Antón pascuas son”, para felicitar a quienes estos días no hemos tenido la suerte de hacerlo. El primer fin de semana de enero lo han protagonizado por tanto los Reyes Magos en ciudades y pueblos, entre cabalgatas y recorridos, con más o menos brillo por aquello de la crisis, aunque siempre tiene esplendor esta rememoración en la que, por encima de todo, prima la ilusión de la grey infantil. Y a los niños nunca les debe faltar esa noche de reyes y ese día en el que se convierten en realidad los sueños que han tenido.

La Cabalgata de Reyes siempre ha sido una esperada ilusión para grande y chicos, y en esta Cuenca de paisaje belenístico ha sido fiel a su cita, en una tarde sabatina en la que el invierno dejó paso a una temperatura moderada. Conmovía presenciar llenas las calles del recorrido de esa cabalgata de la ilusión que, durante dos horas, recorrió una ciudad que se quedó parada en el tiempo, sin apenas tráfico, lo que tampoco es bueno para el obligado transporte público, que quedó suspendido, sobre todo en el Casco Antiguo, en tarde sabatina y con turistas. Sería deseable diseñar un recorrido que no alterase el tráfico por otras calles, mientras la cabalgata tiene su propio lucimiento por la avenida principal, ya peatonalizada.

La Cabalgata, sencilla, obligó a tirar de almacén y de recursos, lo que tampoco es malo. Si quieren que les diga, casi más me gustó ver a los gigantes y cabezudos sanjulianeros, desfilando y bailando al son de la dulzaina y el tamboril de “Tiruraina” con sus villancicos, sobre todo la Reina, que animó mucho el ambiente. Los gigantes, con sus coronas y el turbante, se asemejaban a esos “magos de oriente” de los cuentos y relatos, y seguro que a muchos niños les conmovió. O los propios Reyes Magos en sus carrozas, enviando saludos y lanzando caramelos que, por cierto, tienen su peligro y bueno será tener en cuenta, tanto en ferias como en reyes, esa cercana presencia de los pequeños junto a las carrozas.

La peatonalización de Carretería, con su espacio de madera ocupado por el público, ha propiciado que haya mucha más gente en espacio de terreno, mientras queda una estrecha vía de paso para carrozas, caballos y demás componentes del desfile, entre ellos el tren turístico y los personajes infantiles tan de moda. Visto desde la distancia, se observa una gran cantidad de gente muy encima de quienes desfilan, cuando en calles normales la distancia entre las aceras deja un espacio amplio para evitar cualquier incidente. Es un asunto a tener en cuenta por los servicios de protección ciudadana para evitar males mayores.

En suma, cabalgata sin grandes alardes, pero atractiva y animosa para los niños, gracias a la colaboración vecinal y ciudadana, que tuvo el esplendor esperado, y una gran presencia ciudadana.  La propia ciudad en sí, ya es un belén permanente, como bien escribía Pedro de Lorenzo en un pregoncillo navideño y que luego recordó en un magnífico artículo titulado “La Estrella de Cuenca”: “Conjuración de la raza y la ternura, en Cuenca se dan cita los colosalismos precisos para un Nacimiento natural”. Añadía el extremeño Pedro de Lorenzo, enamorado de Cuenca y de su Semana Santa, a la que pregonó en las alturas literarias: “Nigromántica, estrellera. Cuenca es Cuenca bajo el signo de los Magos. En el escudo de la ciudad pintan un cáliz y una estrella; la de aquel día de Reyes de 1177, en que Alfonso VIII principia a batir las puertas de Cuenca mora. Hasta cuatro Adoraciones de los Magos enriquecieron la Catedral de Cuenca”.

www.eldiadigital.es   / Blog. El Tin-Tan de Mangana, 6 de enero  de 2013

 

 

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