Vitejo, donde quiera que estés

Este domingo 13 de enero de 2013, de madrugada con nieve en la ciudad de Cuenca, y la Serranía con su Ciudad Encantada vestida de un espeso manto blanco, nos ha dejado helados la noticia de la muerte de Vitejo, el diminutivo de un hombre grandón, sencillo y poco dado a la alharaca. Víctor de la Vega Almagro (Vitejo), hijo del pintor Víctor de la Vega, y de Guadi, se nos ha ido en un sábado que predecía nevadas  y frío de “matacabras serrano”. En el cementerio municipal de Cuenca se le dio el último adiós en las primeras horas de la fría tarde dominical, con palabras de calor familiar.

Vitejo se nos ha ido cumplido el medio siglo de vida cuando aún le quedaba mucho por hacer en esta ciudad que amó y de la que le dolían las viejas historias mal contadas y los desvaríos y atropellos artísticos que se fueron sucediendo en el tiempo, y que él denunció a través de sus escritos. Dibujante de trazo duro, vigoroso, remarcando a sus personajes para libros y revistas: hacheros, gancheros, matarifes, segadores, labradores… gentes sencillas de la vida cotidiana de nuestros pueblos, de nuestra ciudad. Escenas de la vida llevadas al papel con sus dibujos tinta china, negra como el tizón de la hoguera de una matazón, costumbre añeja que bien supo reflejar con el lápiz fino de grises fondos.

 

Cuando nos cruzábamos por la calle, bien como vecinos antiguamente entre el Carmen y Zapaterías, o por cualquier lugar de la ciudad, se entrecruzaban los diminutivos en el saludo cordial: “Hola, Vitejo”, “adiós, Josevi”. Y hablábamos de Cuenca, de sus monumentos, del paisaje roto por la excavadora, de lo que él llamaba “el mierdumento” de la escultura de Mangana, o sea el Monumento a la Constitución. Sus escritos, cargados de razón e ironía, dieron que hablar por la fuerza que expresaba en su lenguaje y sus citas de latín. No permitía desafueros con los monumentos, el paisaje y el medio ambiente y salía a la palestra para decirlo, aun sabiendo que podía ser la voz en el desierto. Entonces le salía la hiel, aunque a él le encantaba el cultivo de la miel. La pintura y la apicultura.

 

Como biznieto de Juan Giménez de Aguilar, Vitejo no cejó día alguno por reivindicar su figura, olvidada y mancillada. En el librito sobre la Casablanca, historia de un barrio olvidado de Cuenca (la Casa Blanca de su bisabuelo) de 1997, Vitejo hacía hincapié en la memoria de aquella finca de labor sobre la figura de Don Juan: “En los años 20, Casablanca fue el centro intelectual y de referencia cultural en no pocas ocasiones. Los propietarios, D. Juan Giménez de Aguilar y Dª Josefa, su hermana, casada con Emilio Sánchez Vera, atraían no pocas visitas interesantes como Federico García Lorca, Ramón y Cajal, Obermaier, los Hernández Pacheco… Don Juan fue cronista de Cuenca durante 40 años, catedrático y director de Instituto y un intelectual vinculado a la Institución libre de Enseñanza. Esto y sus ideas de izquierdas hicieron que sobre él cayeran con rigor represalias políticas”.

 

Su mayor satisfacción fue publicar en 2007 el libro “Tesoro artístico y Guerra Civil. El caso de Cuenca”, dedicado “a mis abuelos Guadalupe y Aurelio. A la tía Pepa. A la República, donde quiera que esté”. Vitejo comenzaba la introducción de su libro con estas palabras clarificadoras: “Este trabajo es un esfuerzo por la recuperación de la memoria histórica. Trata de arrojar luz sobre lo sucedido en torno al Tesoro Artístico y el patrimonio documental y bibliográfico de la diócesis de Cuenca durante la Guerra Civil. Buena parte de la documentación hace referencia a Juan Giménez de Aguilar, a su intervención como Delegado Provincial de Bellas Artes y a las represalias que sobre él ejerció el franquismo una vez terminada la guerra”.  Un libro editado por el Centro de Estudios de Castilla-La Mancha que vino a poner luz en la memoria histórica velada por la oscuridad de los intereses creados.

 

Recuerdo a Vitejo con el libro que me entregó una mañana de sábado, casi recién salido de la editorial, sonriente  y satisfecho por esa reivindicación permanente que tuvo como biznieto hacia la figura de Giménez de Aguilar, y que dos años antes sacó a la luz el profesor Ángel Luis López Villaverde, iniciando una colección de biografías con la de “Juan Giménez de Aguilar (1876-1947)”, que ya en el primer capítulo resumía la indiferencia de la ciudad hacia un personaje tan clarividente como desconocido para las nuevas generaciones:  “La larga sombra del olvido”. Se recuperaba así la memoria de “Don Juan” que para Vitejo había sido una larga lucha, de paciente trabajo que nunca abandonó. Le quedó esa satisfacción, tanto a él como a su familia, en especial a su madre Guadi, nieta de Don Juan, y a su padre, el admirado profesor y pintor Víctor de la Vega, apenados en esta hora de dolor.

 

La más reciente obra de Vitejo, como dibujante, ha quedado plasmada en el libro “Fiestas de toros en el coso del Huécar”, de la editorial Olcades, en el que ha recreado los festejos taurinos que se daban en las orillas del Huécar y el Júcar, con una visión muy cercana de la Cuenca de los siglos pasados y sus tradiciones, por esa ensoñación que él tenía de las cosas. Adiós Vitejo, donde quiera que estés.

 

www.eldiadigital.es   / Blog. El Tin-Tan de Mangana, 24 de diciembre de 2012

 

1 comentario en “Vitejo, donde quiera que estés

  1. Este artículo me ha parecido magnífico. Soy amigo de Vitejo desde hace mucho tiempo y pensé en redactar un texto así, pero al leerlo, consideré que no podría decir nada mejor. ¡Enhorabuena, José Vicente! Un día de estos, me gustaría tomar un café contigo y compartir nuestras experiencias con el amigo que se nos ha ido

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