El tic-tac del día a día

La mesa del quirófano impone. Hace poco más de un mes pasé por ella en forma de cruz. La afabilidad de los profesionales de la medicina confortan el ánimo del paciente, que acude al Hospital, por fin, con el ánimo decidido de superar lo que le duele o le atormenta. De puertas afuera, el clima de la sanidad está en boca de todos por los recortes y demás medidas impopulares. De puertas adentro, médicos y enfermeras, enfermeros y doctoras, cumplen con su labor complicada, que para el enfermo siempre ha de ser buena. En mi caso, agradecido para el equipo de cirugía. El trato ayuda, y qué buen trato.  El postoperatorio da mucho juego para la reflexión, para descansar y percibir desde la ventana indiscreta, el día a día de la ciudad en estas fechas invernales en las que la nieve nos visitó unas horas en enero y el frío se dejó mucho que notar en el corto mes de febrero. El tic-tac del reloj marca el sonido en el banco de la paciencia.

Pasa la vida con otro ritmo en los días del obligado descanso, en los que la pregunta diaria es como un reto: “¿Cómo estás hoy?”.  Los puntos, o las grapas, tiran, cosquillean; es necesario caminar, evitar esfuerzos innecesarios. La vida pasa, quizás a veces demasiado deprisa, por esta ventana indiscreta de la calle, que es como el termómetro del acontecer diario. En casa queda otra ventana, quizás más indiscreta a veces, llamada televisión, por la que pasa la vida en un amplio abanico de posibilidades para que el mando a distancia marque las pautas a seguir en la libertad de cada televidente, en este caso paciente.

 

Caminar por la calle, en uno de los pocos días soleados que nos ofrece este duro invierno conquense, te da la oportunidad de conocer otros aspectos del acontecer cotidiano, del ¡hola! y ¡adiós!, con la pregunta poco ocurrente de si te has jubilado o estás de vacaciones. No están los tiempos por lo que se ve para el ocio tempranero del descanso ganado y cotizado. Te das cuenta de que los paseantes ya no son los felices jubilados que ocupan en mayoría las residencias y llamados centros de mayores, sino las cada vez largas colas del paro. Qué terrible panorama. El personal más que pasear pasa, camina o revienta, sin detenerse ante las tiendas semivacías.

Pasa el carnaval entre copos de nieve y frío de un febrero invernal, según cuentan. La cuaresma le da carácter a esta ciudad, envuelta en el halo nazareno de su tradición y su historia, que va de padres a hijos. Los actos se suceden en cada cofradía y hermandad, y la ciudad se llena de carteles de todas las celebraciones, además del oficial, que nos presenta la nocturna procesión de luciérnagas ondulantes por el Casco Antiguo, ante la mirada doliente del Ecce-Homo de San Andrés, llamado también de San Gil, que Marco Pérez hizo con mucho amor de gubia, pensando en el desaparecido Ecce-Homo de Josehp de Torres. Juan Pedro Huerta ha hecho un cartel en el que Cuenca se asoma a la procesión de la noche blanca casi desde el mismo monumento a la Constitución de Gustavo Torner, desde el Museo de las Ciencias, o desde la misma ventana de casa en Zapaterías, desde la que estos días contemplo la ciudad en su desesperante quietud.

 

Pero como cantaba Julio Iglesias, la vida sigue, aunque un tanto desigual en estos tiempos de crisis. Se van amigos o conocidos para siempre, pues la parca no mide edades. Alonso, que fue pundonoroso jugador del Balonmano Cuenca, con su cinta a la cabeza; el escritor Florencio Martínez; Vicente, “El Atleta” del Cristo del Amparo; Fernando Briones, secretario de la Escuela Taurina; el albañil Paco Zafra, nazareno de los Huertos y de la Semana Santa en general; Alvarito Aguilar (y su perro), andariego de la Plaza Mayor; Marisol Arahuetes, profesora en el “Zóbel” y diputada en el Congreso en la noche del 23-F, casi recién recordado 32 años después. Eusebio «Caquito», que fue jugador de la Balompédica y comerciante de casa «Caquito», donde comprábamos el chocolate «Hueso» para encontrar el cromo 111 del álbum. Mi querido consuegro Antonio Viedma Tito, enamorado de Cuenca, como yo de su Talavera de la Reina natal, que demostró en vida que la familia está por encima de todo. La vída sigue, con su día a día. Y con nuestro DÍA, a pesar de todo.

www.eldiadigital.es (3 de marzo de 2013). El Tin-Tan de Mangana

 

 

 

 

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