Angustias, te llamaron Angustias…

“Días de mucho, vísperas de poco”, reza el dicho popular. El fin de semana que daba paso al comienzo de la Semana Santa empezó con un empacho procesional que se indigestó el domingo de Ramos con el agua matinal que descargaba de los cielos de nubes grises. Mal panorama para la semana, con todas las predicciones apuntando mapas de paraguas. Agua buena para el campo dicen, pero no para las procesiones que, caso curioso, suelen ser el remedio piadoso en tiempos de sequía.

Procesiones de rogativas para el milagro de la lluvia que este marcero mes está siendo de récord, pues dicen los que saben de esto, o sea de la AEMET (que parecen las siglas de una Banda de Tambores y Cornetas de aquellas militares que venían por Cuenca cuando Yuste, Espada o Jesús Mateo como concejal, tenían mando en plaza nazarena, y por aquí vinieron desde la Banda del Rey con el maestro López Calvo vestido de gala con su gorro de ros, hasta la Banda de la Marina, que dejó un ancla en la calle de San Vicente, hasta el Regimiento de Pavía con sus vistosos uniformes de casaca roja y pantalón azul. Se les echa de menos la verdad sea dicha), que desde 1947 no había llovido tanto. Así que en lugar de poner en el mapa capirotes con soles o nubes blancas, nos han colocado un montón de paraguas para toda la semana, excepto el Jueves Santo, quizá por aquello de que “es uno de los jueves que relumbra más que el sol”.

Tenemos por tanto la angustia de cómo irá la Semana Santa amenazada por su peor enemigo, que es la lluvia, con lo que las miradas más que para las imágenes irán dirigidas a las nubes con plegarias a la Virgen de la Cueva, que ya dice la cancioncilla aquello de “que llueva que llueva…. los pajarillos cantan, las nubes se levantan…” y que caiga el chaparrón después de la procesión.

 

UN SÁBADO DE ANGUSTIAS Y EMOCIONES

De momento nos quedamos con el sábado cuaresmal de “vía crucis” procesional en la calle, sorteando la lluvia de la mañana que abarrotó los bares de la Plaza Mayor en horario de café con churros, bocadillos, tinto con gaseosa y resoli para levantar el ánimo, con mayoría de gentes de la provincia que llegaron a la ciudad madrugando en tantos autocares como pasos desfilaron. Quedará para la historia esta procesión del pueblo y para el pueblo, con la talla de la Virgen de las Angustias como imagen excepcional de ese vía crucis del Año de la Fe.

“Angustias, te llamaron Angustias…”, entona con voz portentosa Herminio Carrillo en la marcha  de “Por tu cara de pena”, que compuso el gran maestro José López Calvo. La Virgen de las Angustias del Santuario desfiló en la procesión del mediodía sabatino desde la Catedral al Parque de San Julián, entre fervores de silencios y algunos vivas que salieron del corazón espontáneo, acompañada de catorce imágenes de la provincia y de la capital.

Angustias en el atardecer sabatino por Palafox.

La Virgen de las Angustias, de San Antón, desfiló por la tarde en la procesión del traslado que cada año gana en participación. Será la primera vez en la historia que haya acontecido esta coincidencia de ambas imágenes de las Angustias por las calles de la ciudad, en horarios distintos. Cuando la Virgen que desfila cada Viernes Santo en la procesión “En El Calvario” subía por la Audiencia y el Escardillo, la Banda de Música de Horcajo de Santiago interpretaba precisamente la marcha de “Por tu cara de pena”.

 

UN AZULEJO Y LA “MUERTE NO ES EL FINAL”

El traslado de las Angustias terminaba en la Puerta de Valencia de gentío impresionante, ante la puerta del Convento de las Concepcionistas. Se notaba el aire fresco de la Hoz y el río Huécar bajaba a borbotones. Los banceros de las Angustias bajaban despaciosamente el último tramo, ante la muralla, y sobre todo ante la mirada de Armando Martorell padre, quien en su silla de ruedas por mor de una operación, quería compartir su angustia ante la Madre, con la esperanza de ir tras ella como penitente. Se bendijo un azulejo en la fachada conventual con la imagen de las Angustias y los escudos de la Hermandad y de la Guardia Civil, hermana honorífica. Luego, la Banda interpretó “La muerte no es el final” entre emociones contenidas. Fue un sábado grandioso de víspera del comienzo de la Pasión según Cuenca, presidido por el Calvario del Cerro de la Majestad, que por vez primera se instaló en 1935, en plena República. Ojo al dato.

El Domingo de Ramos la lluvia hizo suspender la procesión para amargura y sollozo de los nazarenos, sobre todo de Charly Pontones, alma y corazón cofrade, que mostró su cara de pena y lagrimal en  la televisión regional, y del modisto Eduardo Ladrón de Guevara, que vistió a la Virgen de la Esperanza, que estrenaba manto de realeza procedencia. Pena de suspensión, con la bendición de ramos en la Catedral sin Jesús con su borriquilla. Aun así la Plaza Mayor se llenó como los días grandes, en domingo de palmas… en la espalda para confortar la suspensión, y de botellines para ahogar las penas. Que con pan son menos.

 

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