«Fiesta Brava», la raspa y otros bailes, entre lances de mellizos

PRESENTACIÓN DE LA PELÍCULA «FIESTA BRAVA» EN CINEMA AGUIRRE DE CUENCA. 11 DE MARZO 2013.

Ha quedado claro, en este breve ciclo de cine taurino, que el séptimo Arte y la Tauromaquia han tenido tiempos de variado esplendor, y que el viejo arte taurino estuvo presente en el nacimiento del Cinematógrafo, ocurrido en 1895 en París un 28 de diciembre. Al año siguiente, y en el mes de mayo, llegó a Madrid el primer operador enviado por el inventor Lumier, llamado Promio, que grabó escenas de Madrid, desfiles militares, y cómo no, las corridas de toros de San Isidro, aunque en la primera ocasión, sólo con la llegada de los toreros al exterior de la plaza en coches de caballos, que era entonces todo un acontecimiento, con el título “Arrivés des toreadors”.

Meses después se grabarían las primeras escenas dentro de la plaza de toros, ya con el título en francés de “España, corridas de toros”. A partir de entonces los festejos taurinos, por su movimiento en el cine mudo, eran uno de los temas más socorridos.

La que sí se puede considerar como primera película formal de toros, de cine mudo, con acompañamiento musical al piano, fue la que dirigió en 1919 Ricardo Baños, con el título “Los arlequines de seda y oro”, con Raquel Meller como protagonista, con duración de casi cuatro horas, en la que se pueden ver escenas de una corrida en la que actúa El Gallo. Por cierto, pueden ver algunas escenas en You Tube de buena calidad.

 

Los toros y el cine tienen pues una larga historia y, curiosamente, en este ciclo emitido en Cinema Aguirre hemos tenido, o vamos a tener, un compendio de todo: es decir, la primera película novelada que ya pudieron ver de “Sangre y arena”, de la que se hicieron dos versiones; la que vimos el pasado lunes, de “Tarde de toros”, con toreros en lugar de actores en los papeles estelares,  como Domingo Ortega, Antoio Bienvenida y Enrique Vera, y la que vamos a ver ahora de “Fiesta Brava”, que es más musical que taurina, aunque ambas artes se conjugan.

 

 LOS CLARINES DEL MIEDO Y LA ANÉCDOTA DE SANTAMARÍA

Permítanme que antes de hablar de “Fiesta brava” haga una breve incursión por otro título, “Los clarines del miedo”, rodada en 1958, tres años después de “Tarde de toros”, que nos habla de la historia de dos torerillos, sobre todo para darnos cuenta de lo que no se ve en los rodajes, que es la intrahistoria o la anécdota.

Antonio Román dirigió “Los clarines del miedo”, con Paco Rabal y Rogelio Madrid entre los principales actores. Se rodaban unas escenas en la plaza de toros de talanqueras del madrileño pueblo de Torrelaguna.  El torero “Morenito de Córdoba” doblaba a Rabal en las escenas taurinas y el especialista  Santamaría, experto en cogidas y otras arriesgadas caídas, suplía a Rogelio Madrid, que era el torero “Filigranas” en el momento de una cogida. Llevaban casi toda la tarde rodando el festejo taurino cuando Antonio Román dice por un altavoz:

-“Santamaría, llévate al toro a la puerta del Ayuntamiento y ponlo de cara a la cámara. Luego tú, de espaldas, lo citas a naturales y entonces te dejas coger por él”.

En medio de la plaza Santamaría hace la imposible por citar para que le coja el toro, pero el animal acude y pasa de largo. Así unas cuantas veces, hasta que el director Antonio Román le dice que ponga más “entusiasmo” y ardor para la cogida. A lo que responde Santamaría:

–¿Y qué le hago yo si no quiere cogerme?

El caso es que a la quinta no fue la vencida, sino la cogida y Santamaría lo hizo con tanto realismo que el toro lo molió a golpes, saliendo un fornido mozo del pueblo que doblaba a otro personaje, “El Raposo”, que cogió al toro por los cuernos como “Ursus”, y casi lo descoyunta. El traslado de “Filigranas” Santamaría a la enfermería fue de verdad, aunque afortunadamente todo quedó en el susto y en más cardenales en su cuerpo que en el cónclave de rojos fajines de estos días.

 

Prospecto de la película «Fiesta Brava»

 «FIESTA BRAVA», EL MÚSICO Y LA TORERA

Bueno, la película de esta tarde es “Fiesta Brava”, un título que está más adecuado al que por aquí conocemos como fiesta nacional, porque los toros no son sólo fiesta taurina en España, sino en España, en el Sur el Francia, en México donde se rodó esta película, en Venezuela, Colombia, Ecuador…

La película fue dirigida en 1947, el año de la muerte de Manolete, por Richard Thorpe, director de otras 45 películas hasta su muerte, entre ellas algunas tan conocidas como “El prisionero de Zenda”, “Los Caballeros del Rey Arturo”, “Las aventuras de Tarzán”, etc.

La sipnosis de esta peculiar largometraje apunta que en un pequeño pueblo mexicano, el famoso torero Antonio Morales enseña a sus alumnos las técnicas del toreo cuando se entera de que su esposa está a punto de dar a luz en su casa. Antonio, que esperaba un hijo, se siente profundamente decepcionado cuando se entera de que su nuevo bebé es una niña. Su decepción pronto se convierte en alegría cuando el médico le informa que su esposa ha tenido gemelos, y que el segundo bebé es un niño. Antonio cuenta a sus amigos que Mario se convertirá en el mejor torero del mundo. Y aquí nos quedamos para no desvelar más misterio de esta película musical que nos dice en una de sus letrillas que “Es la alegría de la fiesta / el arte de cantar y de bailar / pues, quien no canta ni baila / tiene la vida amargá”

Protagonistas de la película, de manera especial, son la guapa Esther Williams, nadadora olímpica, y Ricardo Montalbán, destacando los excitantes bailes de Cyd Charisse. Todo un drama romántico con música, toros y la actriz Mary Astor, también destacada.

 

EL BAILE DE «LA RASPA»

Fantasía mexicana en salones mejicanos: “La Bamba”, “Jarabe Tapatío”, “La luna enamorada” o “Romería Vasca” son algunos de los bailes y canciones que veremos en escena, aunque quizá lo que más les llamen la atención será el baile de “La Raspa”, que con esta película se hizo más que popular y no faltaba en todos los bailes y saraos, incluido el baile de “La Marimba” que había en la calle de los Tintes, Quien no recuerda estas estrofas:

Que salgan a bailar

Las gentes de este lugar,

La Raspa con su son,

Será vuestra diversión.

De frente se dan tres,

Y luego tres de costao

De frente otra vez,

Y tres más del otro lao.

No saber la raspa podía salir caro si nos fijamos en otro estribillo:

 Por no saber raspar,

El bueno de don Gaspar

Ya baila su mujer

La Raspa con don Javier…

Fue tan popular este baile, que unos y otros cambiaron la letra al albur de cada afición o juego. Los niños cantaban:

La raspa la inventó

Un hombre con bigote,

Por eso nos llamamos

Nosotros monigotes

Los forofos del Real Madrid cantaban;

 La raspa la inventó,

Di Stéfano con el balón,

 Di Stefano pasa a Gento

Y Puskas mete gol

Y claro, los de Barcelona contestaban:

La raspa la inventó,

Kubala con el balón,

Kubala pasa a César,

Y César remata.. y gol

Con la musiquilla de la «raspa» se canturreaba también: «Comí, comí, comí, / patatas con bacalao / por no tener «cuidiao» / la raspa me la «traguí»

Con tanta raspa el tiempo nos viene ya raspado, así que damos paso a “Fiesta Brava” y luego si quieren hablamos más en el coloquio.

 

 

 

 

 

 

 

 

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