Mangana, Día D, Hora H (por fin)

Llegó la hora de la verdad para la esperada remodelación de la antigua plaza-atalaya de la Torre de Mangana y suponemos que para el propio reloj de la Torre, con las agujas marcando a destiempo, pero con el reloj “entonando” las horas del día a día. Desde el año 1999, en el que comenzaron las obras de la plaza de Mangana, con la aparición de restos arqueológicos, incluso de las valiosas monedas de oro que se encuentran en el Museo de Cuenca, y la posterior demolición del perímetro que rodeaba a la plaza arbolada, han pasado quince años hasta que ha llegado el momento de la verdad. El Día D, y la Hora H, aunque no la marque el reloj.

Desde el miércoles 5 de junio, fecha en la que se comenzó a quitarse el arbolado y frondoso follaje que ha crecido en todo este tiempo, se han iniciado las obras de Musealización del Yacimiento Arqueológico de la Plaza de Mangana, que en su día adjudicó el Consorcio Ciudad de Cuenca a la UTE Azuche 88, S.L. / Viales y Obras Públicas, S. A, por importe de 768.595,04 euros, IVA excluido. Conviene recordar que la obra fue licitada por importe de 1.265.839,90, sin contar con el 21 por ciento de IVA.

Nada menos que quince años han tenido que pasar desde que empezó a desmontarse la Plaza de Mangana para llevar a cabo por fin esta Musealización, tan esperada, pues ya era un clamor el estado en que se encontraba esta atalaya de la ciudad, tan visitada, en la que se encuentran el Monumento a la Constitución, obra del reconocido artista conquense Gustavo Torner, y la propia Torre de Mangana, con las agujas de su reloj deterioradas, como un faro apagado en la noche, tras muchos años siendo el vigía iluminado de la ciudad, punto de mirada casi obligada.

Alegra que hayan comenzado estos trabajos de la Musealización, cuyo proyecto se dará a conocer al púbico el miércoles 12 de junio, en un acto programado en el salón de actos de CCM.

 

«LA HORA DE MANGANA»

Reproducimos parte del artículo titulado “La hora de Mangana”, publicado en “El Día de Cuenca” el 13 de octubre de 2003, y que pueden encontrar en la carpeta “Crónicas de Bota y Borceguí” de 2003. Tras iniciar el artículo con una referencia de Juan Giménez de Aguilar, sobre la Torre de Mangana y su significado histórico, tratábamos sobre las obras del aparcamiento de Mangana que se estaban llevando a cabo y de la necesaria construcción de un ascensor desde Zapaterías hasta Mangana. (El ascensor se construyó, pero desde el día que las obras se recepcionaron, hace ya más de dos años, aún no se ha utilizado). Esto es lo que decíamos, entre otras cosas, hace diez años:

“Es la hora de Mangana. Demasiado tiempo cerrada la plataforma de la ciudad vieja, su plazoleta o atalaya, en la que sus restos arqueológicos invitan a conocer su historia entre mosaicos y aljibes, que se repiten en el cercano Museo de las Ciencias. Hace 27 años que la Torre cambió sus tonos rosáceos con dibujos arabescos, por su desnudez pétrea a la que ya nos hemos acostumbrado. Ahora, con las obras del aparcamiento tan necesario para la zona (que por fin se va a poner en marcha, tras no pocos meses de zozobra; años, diríamos), se ha revestido de piedra la caja del ascensor que se asoma al Júcar, así como los diversas terrazas miradores, que van a causar sensación entre visitantes y vecinos de la ciudad, al poder contemplar todo el paisaje de la Hoz, desde San Miguel hasta el mismo dédalo de casa que circundan el montecillo del Hospital de Santiago. Amplia terraza desde el Seminario y miradores de diversas alturas para el disfrute ciudadano de la Hoz, ahora explosiva con los amarillos otoñales.

Una vez que el personal pueda pasear por la zona, disfrutando de las bellezas que tiene ante sí, y respetando el entorno, la idea tantas veces proclamada por nuestros munícipes de convertir la Plaza de Mangana en un Parque Arqueológico debe seguir adelante con todas las bendiciones,  para convertir esa atalaya de la ciudad en uno de los lugares más visitados por contar con ese privilegio de poder ofrecer desde las alturas la visión de toda la ciudad, de norte a sur, y de este a oeste.  Como hay que seguir insistiendo en la urgencia de propiciar ese acceso al Museo de las Ciencias para minusválidos y personas mayores desde las escalinatas de Zapaterías,  que han de ser remodeladas como saneada la zona, convertida ahora en rincón escombrera”.

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