La romería de junio en la ermita de San Julián

Con cierta pujanza se recuperó hace tres años la Romería a San Julián “El Tranquilo”  por parte de la Hermandad de Devotos del patrón de Cuenca, que tiene este nombre tan singular. Fue costumbre celebrar esta romería el día de San Pedro, cuando entonces era fiesta, hasta que en 1977 fue suprimida del calendario festivo nacional. La romería pasó al tercer y cuarto domingo de junio, hasta que se fue perdiendo la costumbre. En 2010, y después de veinte años sin que se celebrase, se recuperó la procesión romera y este domingo 23 de junio de 2013, la imagen de San Julián desfiló por los predios roqueros de su ermita, en el Cerro de la Majestad.

Unas 150 personas accedieron hasta la ermita de San Julián “El Tranquilo”, unos por la senda que va desde la carretera de Tragacete, pasado el Paseo del Júcar, y otros desde el Escalerón. La mañana era agradable y pasadas las diez y media los sonidos de la campana invitaban a la procesión de los romeros, portando la imagen de San Julián hasta el denominado “mirador de Emiliano”, a unos 300 metros de la ermita, y desde donde se divisa el Casco Antiguo.

Los romeros llevan a San Julián por el camino

El sacerdote Jesús Ramón Page, que presidió la procesión, bendijo los campos y ofició la Santa Misa en tan bello y tranquilo lugar, como lo hace cada domingo durante el año. Los trinos de los pájaros acompañaban la oración, la plegaria y la plática, entre olores de tomillo, mejorana y cantueso, y abajo el Júcar, tranquilo y verdeazul en su entrada por la piedra del Caballo, el puente de los Descalzos y el puente de San Antón, en la ciudad de Cuenca.

Previamente, algunos devotos de San Julián, habituales cada domingo en la ermita del Patrón, como Soria, Basilio o los hermanos Antonio y Pepe Arias, entre otros, prepararon el lugar y lo adecentaron, colocando el altar y los bancos para la misa en el atrio de la ermita.

La música de dulzaina y tamboril de “Tiruraina”, con canciones populares, con Herminio Carrillo al frente, puso el acento con sonidos que salían a la rosa de los vientos entre la pinada y el hermoso paisaje que se divisa de la ciudad situada sobre las hoces, como balcones asomados al Júcar, con sus hiedras colgantes y chopos nazarenos de la orilla en pleno verdor de la Naturaleza.

Herminio Carrillo y Ramón Gómez Couso, de Tiruraina, junto a la imagen del Patròn.

Los hermanos de la agrupación que preside Carlos Soria mostraban su satisfacción por haber recuperado esta tradición tan genuina del recién estrenado verano conquense en el que la visita a San Julián era obligada. Paz, tranquilidad y belleza natural se respira por todo este contorno desde las alturas del Cerro de la Majestad, con los “ojos de la mora”, mirando a la ciudad mágica y sorprendente, al lado del “perrete de la condesa”, en ambos casos en imaginaciones de roca y piedra que le dan ese halo de misterio a la Hoz del Júcar desde el Tranquilo lugar.

 

 

LA ROMERÍA DEL DÍA DE SAN PEDRO DE 1961 Y EL SONETO DE PÉREZ FEBRERO

Escribía Teodoro César Pérez Febrero el 29 de junio de 1961, un artículo en el periódico conquense “Ofensiva” sobre esta romería a San Julián “El Tranquilo”, entre otras cosas: “Mirad, amigos: allá en un repliegue montañero aledaño de nuestra capital se encuentra la ermita, el pequeño santuario de “San Julián el Tranquilo”, y hoy, festividad de San Pedro Apóstol y San Pablo, primer obispo de la Cristiandad, apenas el sol dore sus mágicas purpurinas los crestones y veletas más altos, saldrá como de costumbre, del Puente de San Antón y Santuario de la Virgen de la Luz, la romería tradicional que, sendero adelante, poco a poco, rezando el Santo Rosario, entre los tomillares, cantuesos y mejoranas que perfuman el cerro de la Majestad, se irá ganando la altura y distancia hasta la citada ermita.

Allí, el señor obispo oficiará una misa presidida por la imagen de San Julián; se repartirán los panecillos del Santo; se bailarán las jotas serranas; se beberá el agua de la fuente milagrosa y hasta se devorarán con buen apetito las meriendas,  bajo el sombrío acogedor de aquellos corpulentos olmos donde, en otrora, el Santo de Cuenca tejía sus cestillos de mimbre que después convertía por anhelos de su caridad fraterna en el manjar predilecto, de cada día; en el pan de los pobres”.

Terminaba Pérez Febrero su llamada a la romería en “El Tranquilo” con esta frase y verso: “Y ya puestos sobre el diálogo, escapa por el punto de la pluma el siguiente soneto:

Si al “Tranquilo” llegares, sumiso, en penitencia,

Y a tu obispo San Julián con fe rezares,

El mediará para que alivies sus pesares

Y halles la paz interior de la conciencia.

 

Allí, según testimonio cierto del lugar,

para socorrer a los pobres indigentes,

acariciado por el susurro de la fuente

subía el Santo conquense a meditar.

 

Allí, en aquel bello remanso, entre las peñas,

tejían cestillos de mimbre, con afán

los santos ascetas, Lesmes y Julián.

 

Allí, tú como ellos, en la ermita y su aledaño

Hallarás la placidez entre las breñas

y para mirar a Cuenca y el cielo, un buen peldaño”.

 

 

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