Pinceladas navideñas

Paseando por Cuenca en estos días prenavideños de mañanitas de niebla y tardes soleadas, los recuerdos afloran sobre Navidades pasadas y las que vamos a vivir, mientras en este lunes 22 de diciembre los niños del Colegio de San Ildefonso canturrean los números agraciados con la “pedrea” de la Lotería Nacional, la Lotería de Navidad, con el cargamento del Gordo y su segundo y tercer premio, cuartos y quintos. Ilusión anual cada 22 de diciembre, día también conocido como el de la “salud”, que es el mejor consuelo cuando a mediodía el soniquete de números y premios deja de sonar para dar rienda suelta al descorche de champán de los agraciados y a una cañeja o chato de vino (con aperitivo) de quienes quedaron como estaban y comentan aquello de que “lo importante es la salud”.

Diríamos que el Sorteo de la Lotería de Navidad es el primer acto de estas fechas festivas, que nada tiene que ver con el Nacimiento que celebramos cada Nochebuena, con su día de Navidad, la Nochevieja y el Año Nuevo, y ese gran final, sobre todo para los Niños, de la noche y el día de Reyes Magos. Pues bien, estas celebraciones que se dan en el orbe cristiano, con el montaje de pequeños y grandes belenes, y la cada vez mayor presencia del importado Papá Noel, tienen en Cuenca uno de los mejores marcos para su representación. Ya escribió César González Ruano que Cuenca, por su patetismo y su singular paisaje, era el mejor lugar del mundo para despedir al año viejo y ver nacer el año nuevo.

El paisaje de Cuenca es como el de un gigantesco Belén, tanto mirado desde el Puente de San Antón para contemplar la Cuenca Alta, como para observar desde las plataformas-miradores de Mangana el propio Puente de San Antón, con el Júcar remansado en verdiplata, y el barrio del Perchel arracimado en sus casitas a la iglesia parroquial de la Virgen de la Luz. Les invito a que observen desde el mirador de Mangana este paisaje que se nos ofrece para imaginarnos como un Belén gigante, que se agiganta aún más si vemos toda la Ciudad desde el Cerro del Socorro. Como un gran Belén que imaginar puedan, en el que por el puente de hierro de San Pablo, visto casi de miniatura,  parece que van a cruzar los Reyes Magos que pintase José María Cañas en sus postales navideñas.

Precisamente los chritsmas, o mejor dicho postales navideñas, tienen  en los rincones de Cuenca su mejor exponente. Pintores y dibujantes, fotógrafos y publicistas, han sabido plasmar en la tarjeta ese paisaje de Cuenca que se ensambla con el entorno de los belenes; ocurre también con la Semana Santa en el recorrido de las imágenes por las calles de la Ciudad Fortificada, Patrimonio de la Humanidad. Quien mejor simbolizó en sus dibujos esta dualidad Navidad-Semana Santa, fue Manuel Aristizabal en uno de sus grabados. Bajo las Casas Colgadas aparece un Nacimiento con los Reyes Magos adorando al Niño, y en lugar de pastores vemos nazarenos orlando los caminos que van a Belén que, en sí, es Cuenca.

Los villancicos conquenses también tienen fama, como el de la “marimorena”, de aquella  mujer conquense llamada María Moreno que, según cuentan las leyendas, armó tal alboroto en una Nochebuena al ir a Misa del Gallo, que desde entonces el “¡ande, ande, la marimorena, ande, ande que ya es Nochebuena!” es genuino de nuestra ciudad a la hora de ir a pedir el aguinaldo con zambombas, panderetas y la socorrida botella de anís para mitigar el frío y, de paso, acompañar con su sonido. De dar la murga navideña, dicho en el mejor sentido, se encargó durante muchos años el “Orfeón Benéfico” de la antigua Casa de Beneficencia, que destacaba tanto por sus enormes zambombas como por sus peculiares villancicos, como el del “Arre borriquillo”: “¡Los vecinos de Cuenca quieren al Niño, quieren al Niñooooo / no hay otro más salado, ni más hermoso y regordeteeeee…!”

Federico Muelas nos dejó sus pliegos de villancicos. Piezas deliciosas para todos los oficios de las que elegimos el dedicado al impresor: “T tú –pregunta María–, / ¿qué le traes? / –soy impresor. / Sólo con letras venía, / cuatro, que dicen AMOR… / Y la Virgen sonreía”. Villancicos conquenses de Federico de los que entresacamos estas estrofas: “Por la Puerta de San Juan, / que abierta le esperó siempre, / abierta de par en par.  / Desde estas ventanas altas / en volandas de cristal / Desde estos chopos desnudos / que ven las aguas pasar, / Mirad bien: donde la estrella / descansa su vertical. / Allí el Niño que sonríe / aun cuando aterido está”.

Pedro Mercedes, nuestro alfarero de San Antón, que tuvo que dejar el barro por las exigencias de los tiempos y la edad, para poner el broche a su creación artística con el grabado, dibujó un Niño jugando entre cacharros, en tanto que el alfarero en el torno modelaba el barro ente sus dedos. Y escribió bajo el enternecedor dibujo completado con lumbre baja y toricos: “En el Portal de Belén / adorando al Niño estaban. / El herrero, el zapatero y el carpintero. / Como no estaba el alfarero, / el Niño hizo pucheros. / Aquí en mi alfar estoy / haciéndote “pa tí”, Niño Jesús /  mi prime botijillo, el primero / para que juegues con él / y bebas lo mucho que te quiero”. Navidad en Cuenca con el gran Belén de la Diputación; el tradicional del jardincillo de la Plaza de la Hispanidad; del hermoso Nacimiento instalado bajo el Arco de Jamete de la Catedral, por la Hermandad de la Santa Cena, o de esa exposición colectiva de crhistmas que se expone en la Galería Jamete bajo el título “Elvis en Navidad”.

La Nochebuena se viene amigos (que luego se va, como reza otro villancico popular) y bueno es que en estos días (como debiera ser en todo el año), los lazos de amistad, solidaridad y entendimiento, junto a esa libertad de pensamiento y respeto, se acrecienten para un futuro mejor, mientras los recuerdos infantiles nos lleven a aquellas Navidades en que se apreciaba mucho más lo poco que se recibía, porque apenas nada había. Felices Pascuas, amigos lectores y… suerte en este día de la Lotería. Que haya salud…

El Día, 22 de diciembre de 2003

 

 

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