El Conquense viaja en Segunda B como “el baúl de la Piquer”

Cada temporada en la que la U.B. Conquense juega en Segunda B tiene que hacer más kilómetros que “el baúl de la Piquer”, como se suele decir cuando se trata de viajar de allá para acá. En más de una ocasión hemos publicado que el Conquense es el único club de España, de Segunda División B, que ha jugado en todos los grupos y con equipos de todas las autonomías españolas. La próxima temporada será la decimoquinta en esta categorìa de bronce, para el club blanquinegro, que “sólo” hará en esta campaña 2013-14 unos 14.000 kilómetros en autobús, entre la ida y la vuelta. Esta kilométrica ruta que le espera, para algunos clubes rivales “es un palo”, como en esta ocasión pueden ser los vascos o los navarros, cuando en realidad los equipos siempre perjudicados son los de Castilla-La Mancha, que una temporada más han sido repartidos en dos grupos, el II y el IV. Los datos, como apunta Fermín en este artículo, son bien claros para el buen entendedor.

“Casi 14.000 kilómetros, concretamente 13.974 son los que le esperan a la Unión Balompédica Conquense durante la temporada 2013/14, tras haber sido encuadrado el club balompédico en el Grupo II de Segunda División B. Una cifra que duplica los kilómetros recorridos en la pasada temporada en Tercera, 7.554, y menor de haber quedado en el Grupo IV, el andaluz. La última temporada que la Balompédica jugó en ese grupo, totalizó 19.000 kilómetros, a una media de mil por desplazamiento.

 

IRÚN, EL VIAJE MÁS LARGO

Tras analizar los kilometrajes de cada desplazamiento, varias son las curiosidades que hemos observado. Así el desplazamiento más corto en autobús es, a la postre, el más largo de toda la liga. Nos estamos refiriendo al viaje a Las Palmas. Para la Balompédica, el coste del viaje es el trayecto al aeropuerto de Barajas, terminales 1, 2 y 3, distante de Cuenca a 170 kilómetros. La Federación Española recoge a la expedición blanquinegra en el aeropuerto y se encarga del vuelo, estancia en Las Palmas y regreso a Barajas.

Por el contrario, el desplazamiento más lejano será a Irún donde le espera el Real Unión a una distancia de 625 kilómetros (1.250 en total), seguido de cerca por el que habrá que realizar a San Sebastián para jugar ante el filial donostiarra (1.200 en total) que lo hace en Zubieta, población que se alcanza antes de llegar a la población donostiarra. El desplazamiento a Irún y Zubieta lo hemos calculado por autovía y autopista, pasando por Madrid, pero también se puede hacer a través de la N-2 y Pamplona. Son 100 kilómetros menos, pero con muchos de ellos de carretera normal, malo para un autobús.

El resto de equipos vascos están prácticamente a la misma distancia de Cuenca, en torno a los 560 kilómetros (1.120 en total). Sobre 400 (800 en total) están los dos navarros y los dos aragoneses.

Y quedan los conjuntos madrileños con una media en torno a los 180 kilómetros (360 en total), al igual que Toledo. Estas son las distancias a la que se encuentran las ciudades donde jugará el Conquense. Lógicamente, hay que multiplicar por dos para calcular el recorrido total.

Euskadi:

Laudio (Lodio, Álava), 540

Real Unión de Irún, 624

Real Sociedad B (Zubieta), 605

Sestao River (Sestao), 561

Amorebieta (Amorebieta-Etxano), 560

Barakaldo, 560

Athletic Club B (Lezama), 560

Navarra:

Peña Sport (Tafalla), 400

Tudelano (Tudela), 3456

Aragón:

Huesca, 400

Sariñena (Huesca), 400

Madrid:

Fuenlabrada, 180

Puerta Bonita (Carabanchel), 171

Getafe B (Getafe), 180

Leganés, 175

Atl. Madrid B (Majadahonda), 190

Real Madrid C (Valdebebas), 175

Castilla-La Mancha:

CD Toledo, 180

Canarias:

Las Palmas Atlético (Aeropuerto Barajas), 170

Total, ida y vuelta: 13.974 kilómetros”.

Lo mismo se podría decir del resto de equipos del Grupo II respecto a Cuenca o Toledo, pero en realidad, los madrileños tienen seis partidos en cortos desplazamientos y los vascos también suman pocos kilómetros cuando juegan entre ellos. Por ello, no es de recibo que los clubes que habitualmente hacen menos  kilómetros en una liga pongan el grito en el cielo cuando en una campaña les cambien de rivales, mientras que los perjudicados “de siempre” tengan que conformarse cada año con el grupo que les toque.

 

 

 

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