Obras son amores, aunque sean menores

Las escalinatas de la calle del Fuero, en obras. Escaleras de madera alivian el paso,

De la lluvia al tiempo soleado en el domingo del Rosario, muy festivo en diversos pueblos, con otro fin de semana pleno de visitantes en Cuenca. Una ciudad que mantiene su nivel turístico pese a todo, pero que en el asunto de las obras está más que parada, por unas u otras causas, aunque la crisis se lleve la culpa de todo. Estos días ha sido noticia en los medios impresos y digitales de nuestra ciudad que hayan pintado un paso de peatones en la calle de Alfonso VIII, en la confluencia con la subida al Colegio del Carmen y calle de Zapaterías. El paso de peatones ya existía como tal, y al lado mismo existe un semáforo debido al estado del muro de las lamentaciones de toda la ciudad, de la calle del rey conquistador, que tendrá que reconquistar el muro para que vuelva a su estado original de cuando se construyó hace más de medio siglo.

Noticia de impacto la de la pintura del paso de peatones, que según parece se ha llevado a cabo por insistencia del AMPA del Colegio. Si han encontrado eco a la demanda bueno sería que no cejasen (que no cejásemos todos), en pedir ahora que se arregle de una vez por todas el muro de la calle de Alfonso VIII, con el fin de que en la abrileña Semana Santa pueda ofrecer una balaustrada de esplendor, llena de espectadores al paso de las procesiones. Mucho nos tememos que tres años después, y con permiso del tiempo, los cortejos nazarenos transcurran por una zona vacía de público, entre el silencio de piedras milenarias que, si hablasen, nos dirían que ya es hora de que en Cuenca hagamos las cosas “bajo el banzo”, es decir, entre todos. Una consigna nazarena para todo el año.

El paso de peatones del Carmen, de blanco reluciente, invita al optimismo, ya ven, pues entre raya y raya de paso de cebra nos hemos topado con las escaleras de la calle del Fuero, famosas por su deterioro, y a la que nuestro buen amigo Antonio de Conca ha dedicado algunas epístolas para enmarcar. Pues bien, las escalinatas de la calle del Fuero ya se están reparando, y todos esperamos que antes de que termine octubre luzcan su nueva estampa, acorde con el entorno, e incluso resulten más cómodas para el acceso tanto a la Plaza de la Merced y el espacio de Mangana, como en el sentido inverso hacia la Plaza Mayor. De momento, mientras duran las obras, unas escaleras de madera alivian el problema. Muy ocurrentes. Por cierto, desde que terminó la Vaquilla las obras de Mangana están en su lugar de descanso.

Pero ahora, hablando más en serio, porque el paso de peatones y estas escalinatas son obras de “pecata minuta”, la ciudad pide a gritos que se terminen o se empiecen una serie de obras y proyectos que están en la mente de todos. Las administraciones de la cosa pueden coger ese “banzo” de las cosas de Cuenca arrimando el hombro y no escurriendo el bulto. Cuenca no está para discusiones de galgos y podencos, sino para aunar esfuerzos que el pueblo entenderá, comprenderá y premiará. Obras son amores, aunque sean menoers, y las mejores razones.

Por lo demás, el primer fin de semana de octubre ha llevado a muchos ciudadanos a buscar hongos, níscalos y boletus en nuestros montes, con un tiempo espléndido, y los turistas han vuelto a casi llenar hoteles, bares y restaurantes, sobre todo en la tarde-noche sabatina, de manera especial en el Casco Antiguo.

 

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