Narciso Ibáñez Menta y su slogan: «No deje de admirar Cuenca»

José Vicente Ávila y Narciso Ibáñez Menta en uno de los balcones de las Casas Colgadas. 1975. Foto: José Luis Pinós.

Si Cuenca fue receptiva al arte abstracto en la década de los 60, con la atrevida puesta en marcha del Museo de Arte Abstracto Español en el recién restaurado edificio de las Casas Colgadas, también le hizo un guiño al teatro aficionado que “quería salir a escena” en 1975, un año que iba a ser vital en la vida y el futuro de España. Eran los últimos meses del franquismo, y en aquel mes de junio en el que Cuenca apostaba por el teatro, con el I Certamen de Teatro Aficionado, salía también a la calle una revista mensual con aires de libertad, “El Banzo”, que ya en su primer número fue censurada. En esos días convulsos por romper moldes, la presencia en Cuenca de “gentes del teatro” con actores como Elisa Montés o el actor Narciso Ibáñez Menta, y otros como Mari Carrillo, Ángel Aranda, Gracita Morales o Sazartonil “Saza”, que habían actuado semanas antes en el Teatro Xúcar, le daban un aire distinto a la levítica ciudad. Uno de esos “grandes del teatro” era Narciso Ibáñez Menta, que formaba parte del Jurado del Certamen.

Unos le conocían por sus papeles dramáticos en el cine y la televisión, y otros por ser el padre de Chicho Ibáñez Serrador. A veces los padres o los hijos se ven envueltos en una fama mediática por ser “padres o hijos de”, en lugar de por su propio trabajo. Recuerdo aquella charla y entrevista con Narciso Ibáñez Menta, nada menos que en uno de los balcones de las Casas Colgadas. Serio, respetuoso y amable, Ibáñez Menta nos hablaba del teatro, su gran pasión, con una voz ronca, pausada, y se mostraba ilusionado de que gente joven, aficionada, hubiera elegido el arte de Talía. “De aquí saldrán muchos profesionales”, comentaba, con la sapiencia que da la veteranía.

«Diario de Cuenca», 29 de junio de 1975.

Conociendo sus actuaciones en  la pantalla, en las que transmitía «el miedo» a los espectadores, al natural era una persona afable con la que se podía tomar una caña y hablar sin parar de cualquier asunto, en este caso de teatro y de Cuenca, ciudad que le cautivó.

Cuando le hablábamos, por mor de la edad, con el debido respeto, y llamándole maestro, levantaba la mano y decía tras una amplia parrafada: “Uno sigue aprendiendo todos los días”. De aquella entrevista, en el contexto del año 1975, quedan sus respuestas siempre interesantes con el paso del tiempo, y por quien lo decía.

 

CUENCA, EL DESCUBRIMIENTO DE ALGO QUE NO CONOCÍA, PESE A VISITARLA

Pero además de teatro nos interesaba la opinión Narciso Ibáñez Menta sobre Cuenca, máxime viendo su cara asomado a la Hoz del Huécar: “Para mí ha sido el total descubrimiento de algo que yo no conocía. Y puntualizo: es la tercera vez que vengo a Cuenca, pero en realidad empezar a conocerla la he empezado ahora. Una cosa de  las que yo decía es que en los “slogans” publicitarios hay, a mi juicio, un grave error, que es decir “No deje de admirar las Casas Colgadas de Cuenca”. No; hay que decir, como con Toledo: “No deje de admirar Cuenca”. Con todas sus consecuencias. Lo que es la ciudad, sus casas colgantes y lo que es toda la provincia que está llena de maravillas. Hay algo más también que la Ciudad Ennatada, que es un tópico, como por ejemplo, el Ventano del Diablo, el nacimiento del Río Cuervo. Esta vez he descubierto Cuenca, aunque tengo que ver algunas cosas más”.

Le decimos a Ibáñez Menta que no se dice “casas colgantes, sino colgadas” y contesta con la educación que le caracterizaba con una ocurrencia: “Eso que me acabas de decir viene a ser como el apuntador en el teatro, que te va diciendo el guión cuando ves que te equivocas o balbuceas”. La entrevista con Narciso Ibáñez fue publicada en “Diario de Cuenca” el 29 de junio de 1975 en la sección “Usted dirá” de la página 2.

 

El actor:

Narciso Ibáñez Menta (Sama de Langreo, 25-8-1912) / (Madrid, 15 de mayo de 2004), actor y director teatral, trabajó desde 1919 y hasta 1998, preferentemente en España. Argentina y Uruguay, países en los que fue reconocido como una leyenda del terror. Teatro, cine y televisión fueron los medios en los que expresó sus grandes dotes artísticas. A mediados de los años sesenta regresó a España desde Argentina, interviniendo en obras de teatro y en televisión. En la pequeña pantalla, entre sus grandes trabajos, destacó sobremanera la serie “Historias para no dormir”, dirigida por su hijo Chicho Ibáñez Serrador, así como en “¿Quién es el asesino?”

Participó en unas cuarenta películas, la mayoría de “cine negro” y en una treintena de series de televisión, también en papeles dramáticos o de género terrorífico. En su vida sentimental cabe destacar que estuvo casado tres veces y falleció a los 91 años de edad. Todo un personaje del teatro, el cine y la televisión.

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.