San Julián y Casas Ubiedo

El tiempo soleado, con sus ráfagas de vientecillo fresquito, se hace notar en el último fin de semana de enero que para Cuenca tiene un encanto especial con su “puente” de San Julián con este lunes festivo del 28 de enero, día del Patrón, segundo obispo de la Diócesis. Se ha notado la presencia de visitantes en el fin de semana, cargado de actos culturales, religiosos y deportivos, como también se nota que muchos ciudadanos residentes en Cuenca han aprovechado este “puente de plata” para visitar otros lugares.

Antaño el día de San Julián se aprovechaba en mayoría para ir a las rebajas en Madrid, que es nuestro nexo de unión más cercano, además de Valencia, en lo que se refiere a grandes capitales; pero hogaño, como se dice por nuestros pueblos, muchos son los que buscan la nieve para esquiar o se dan una vuelta por Europa, que está a la vuelta del aeropuerto de Barajas.

UN TRABAJO SOBRE SAN JULIÁN PREMIADO EN 1908

 La fiesta de este San Julián 2008 coincide con el inicio del Año Santo, con ocasión del VIII Centenario de su muerte. En 1908, con motivo del VII Centenario, se convocó un Certamen por parte del entonces obispo Wenceslao Sangüesa y Guía, para glorificar la vida de San Julián y sobre todo su quehacer diario en la diócesis, como segundo obispo en la historia. El trabajo premiado del canónigo penitenciario de la Catedral, Francisco González Herrero, fue publicado en pequeño folletejo de 24 páginas en el que se recogía la biografía del prelado santo.

Escribía González Herrero: “Puso la Virgen para remate una corona de rosas sobre la cabeza de nuestro Santo, y se retiró majestuosa con su cortejo a los cielos. Por fin, después de algunos días de enfermedad, a los 80 años de edad y 12 de Pontificado, entregó Julián su espíritu en manos de su Creador y Redentor, en un lunes, a 28 de enero del año 1208. Al momento de su muerte vieron todos los presentes salir de su boca un ramo de blanca palma, símbolo de su alma pura, y, elevándose por los aires, penetrar lo más sublime de los cielos. Oyéronse cánticos de alegría, entonados por los coros angélicos, y tocáronse ellas solas todas las campanas de la ciudad”.

 Describe Francisco González en esta “Vida de San Julián, Obispo y Patrono de Cuenca”, escrita en 1908, que tras su muerte aquel lunes 28 de enero de 1208, “corriese pronto la triste nueva por la población y pueblos comarcanos, y venían en tropel los fieles de todas las condiciones, llenos de pena en el corazón y de llanto en los ojos, a ver el cadáver de su santo Prelado. Todos deseaban besarle los pies y las manos y llevar alguna reliquia para recuerdo y veneración, aunque sólo fuese de los mimbres con que fabricaba sus cestos. Nueve días duraron las exequias y en ellos estuvo el santo cuerpo expuesto para satisfacción del público; y en este tiempo sanaron milagrosamente muchos enfermos. Diósele al cabo de ellos sepultura en la capilla de Santa Águeda, que estaba situada entre la columna del púlpito del lado de la epístola y la del mismo lado del presbiterio, cuya capilla ya no existe hoy”.

 

Beso de la Reliquia de San Julián el 28 de enero de 2008.

En el apunte biográfico se señala que a los siete años de su muerte, en 1215, y probablemente en el cuarto Concilio de Letrán, San Julián fue canonizado. El 5 de septiembre de 1760, otra fecha festiva y ferial de San Julián que la ciudad celebró hasta 1963, la urna de plata que contenía el cuerpo del santo en caja de sabina, fue trasladada al Altar del Transparente, tras se sacada en procesión por las calle de la ciudad.

 

AÑO SANTO Y RESTAURACIÓN DE TRES CAPILLAS

Coincide la celebración de San Julián y del Año Santo con la restauración de tres capillas en la Catedral, entre ellas la antigua de San Julián y la del Transparente. En verdad que el trabajo llevado a cabo merece todos los plácemes, de manera especial la del Transparente, que luce todo su esplendor, y desde la que se puede divisar, no sólo la grandeza del Altar Mayor, sino las vidrieras de la fachada principal.

 

Es de justicia destacar, que todo este trabajo llevado a cabo por el equipo restaurador que dirige el profesor Luis Priego, tan sensible a dar esplendor a ese arte que envejece la pátina del tiempo, ha tenido su óbolo económico en la herencia aportada por un conquense sencillo, castellano puro, amante de su tierra, como lo fue Domingo Casas Ubiedo. A través de las páginas de EL DÍA, Casas Ubiedo dejó en tinta impresa sus inquietudes por su Cuenca castellana, no sólo en sus tradiciones de Semana Santa y de San Mateo con la figura de Alfonso VIII cabalgando en sus ideas, sino también preocupado por el futuro de “su” Cuenca.

La ciudad le da las gracias a Domingo Casas Ubiedo, que en este día de San Julián merece todo el reconocimiento póstumo. Un gran  hombre que quiso a su tierra, por la senda de San Julián.

 

José Vicente ÁVILA. EL DIA, 28 de enero de 2008.

 

 

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