Otoño en estado puro

El Otoño, así con mayúsculas, ofrece toda su belleza esplendorosa entre las dos Hoces sobre las que sobresale la ciudad en su montículo de piedra y agua, abrazado por sus ríos Júcar y Huécar. Es todo un espectáculo pasear por estas dos hoces, a cualquier hora del día. Los colores brotan por doquier, con el amarillo y oro viejo sobresaliendo entre los verdes que se matizan en las quietas aguas del Júcar verde, que te quiero verde, que recitase Gerardo Diego en su romance.

Hoces del Júcar y del Huécar, patrimonio de la Naturaleza otoñal, de verdores imponentes en la primavera; del verano de soles, resoles y resolis, y de chopos desnudos del invierno que soportan fríos y nevadas, en otro hermoso espectáculo de la Cuenca verdiplata. El Otoño es para Cuenca como la corona dorada de su reinado natural de las cuatro estaciones del año, que aquí se dan en riguroso turno de calendario, salvo la excepcional bonanza que suela regalar el tiempo, ora para pasear más días disfrutando de la maravilla del paisaje floral (senderos de flores, le llaman) o simplemente para buscar hongos y níscalos por nuestros montes, porque antes llovió y ahora sale el sol. Y las setas.

En esta primera quincena de noviembre estamos disfrutando de esta belleza otoñal que nos depara este “Jardín Colgante” que se percibe entre las hoces, entre chopos, tilos, pìnos y toda clase de plantas. Turistas y visitantes, vecinos y ciudadanos de cualquier barrio de Cuenca disfrutan de estos días otoñales, no sólo en los fines de semana de concurridos grupos viajeros, sino durante este poco más de mes y medio que brilla el oro otoñal de alguna mañanita de niebla y tarde de paseo, pero con días más propios de la primavera que del invierno.

Cuenca se muestra con toda su belleza otoñal y bueno es aprovecharlo antes de que los fríos invernales apaguen los paseos y enciendan las estufas y calefacciones. Los días del otoño son para disfrutar de unas imágenes que son flor de la vida, que nos hacen reflexionar en el obligado y recomendado paseo por las sendas peatonales de la ribereña Hoz del Júcar y de la huertana Hoz del Huécar.

Otoño en estado puro, con postal del Júcar donde se reflejan Mangana (sin hora, pero con grúa) y las doradas hojas caídas por las que los patos se abren paso de puente a puente. Y tiro porque me toca, como en el juego de la oca. O sea, el muro de Alfonso VIII, que parece salir del “pozo”…

 

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.