Jarro de agua nieve al otoño

Bruma y aguanieve en el mediodía dominical.

Quince días de noviembre otoñal de amables temperaturas, de mañanitas de escasa niebla y tardes de paseo. Tiempo espléndido para pasear y disfrutar del paisaje. Para andar y para correr, para buscar setas y hongos, níscalos y boletus. Para fotografiar el paisaje con la cámara de fotos, el móvil o el tablet. Han sido dos semanas de noviembre de veranillo pre San Martín y primavera otoñal. Al otoño aún le falta un mes, pero en menos que canta un gallo, la veleta del gallo giró más de la cuenta por los vientos heladores y aparecieron el agua y la nieve. El fin de semana del 15 al 18 de noviembre se volvió huraño e invernal. Fue como un jarro de agua nieve, avisado, eso sí.

Hubo que buscar las prendas de invierno. Encender las calefacciones. Volvió el frío, el agua nieve no dejó de caer y en la mañana dominical, entre las once y las catorce horas, la nievecilla se dejó notar en los cerros y los tejados, en los campos y en las capotas de los coches, y sobre el césped del estadio de La Fuensanta, que de verde botella pasó a ser blanquecino y resbaladizo. Un partido de fútbol, Conquense-Sestao, jugado bajo los copos que formaban esquirlas de hielo sobre el cuero del balón, que los futbolistas limpiaban en los saques de banda.

Blanco sobre verde. Buena labor del empleado municipal.

Frío sabatino de agua nieve y baja temperatura, con menos ambiente en la calle y llenos en los bares y restaurantes al calor de meriendas y cenas. La luna llena de sábado noche se escondía entre las nueves, entre Cabrejas y Jábaga, pero lucía esplendorosa, como luna de plata fría, entre el Cerro del Socorro y los arcos ojivales de la Catedral. Era como si hubiese llegado el invierno. Cazadoras y paraguas, jerséis de lana gruesa y bufandas. Noche invernal de otoño cuando noviembre camina contra el reloj del calendario, acechando en la noche las obras inacabadas y las que no se empiezan y deben empezarse.

La musealización de Mangana sigue siendo para largo, y a estos primeros meses de obras hay que sumar los días de poco o nada, a paso de espátula sobre la piedra. Obra de mal agüero, aunque algún día las golondrinas podrán volver desde las enredaderas de la calle Alfonso VIII hasta algún árbol o rama que crezca en Mangana, donde la vegetación  no muere pese a todo. Un poco más abajo, el muro descarnado de la antigua Correduría, calle del Conquistador de Cuenca, espera el consenso de la piedra y el cemento. Ay si las piedras hablaran. El agua corre, y discurre, por entre muros y peldaños, y no es de lluvia.

Nieva como decimos en la matinal futbolera del domingo. Los turistas que se resguardaron del frío sabatino disfrutan ahora con el blanco manto, que es mantillo nada más, para lo que estamos acostumbrados por estos lares. Bonita estampa invernal, casi anticipo de postal navideña, pero la nevada dura lo que un suspiro de un partido de fútbol. Ya lo decía un futbolista del Sestao River: “Ha tenido que nevar sólo durante el partido”. Él, acostumbrado al agua y la nieve. Ganó el Conquense no por la nieve, sino porque en casa se crece, juega mejor, y de momento no hay quien le tosa, que son ya siete triunfos en esta campaña.

Estampa de las dos de la tarde dominical. Otoño invernal.

Dicen los hombres (y mujeres) del tiempo que el invierno momentáneo de estos días se alejará para más adelante volver, y que las temperaturas volverán a subir un poco para seguir disfrutando del tiempo otoñal. Hacía falta que lloviese y éste ha sido un aviso de que en  este tiempo la meteorología tiene estos altibajos. En fin, que estamos en noviembre, y en Cuenca, y además curados en salud. El jarro de agua nieve  fue triunfal para el fútbol. ¡Ea!

 

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