“Cuenca blanca y verdiplata”. El Invierno (II *)

 

Hoz del Júcar. (Foto Josevi)
Hoz del Júcar. (Foto Josevi)

Este 25 de noviembre, sábado, recordamos que hace 32 años se nos fue Federico Muelas, el poeta y escritor de Cuenca. Nos viene a la memoria su imagen y sus palabras en un paseo por el Castillo, cerca de San Isidro, donde reposan sus restos. Este 25 de noviembre, en la iglesia de San Nicolás, tiene lugar una sencilla y emotiva misa de funeral en memoria de Pedro Fernández Orbe, pescador de sabias palabras en el “Trasmallo” con el que nos deleitaba en “El Día”. La música y la palabra de sus escritos le dieron el último adiós en las manos y en los labios de sus hijos.

 PEDRO FERNÁNDEZ ORBE, UN HIDALGO GALLEGO EN CUENCA

Recuerdo tantas cosas de Pedro, como aquel artículo premiado de una historia que él recreo de “Un hidalgo gallego en la Cuenca de 1827”, publicado en “Gaceta Conquense”. Era quizá el propio Pedro ese hidalgo que contaba su impresión al asomarse a la Hoz desde un ventanal al amanecer: “”…y al fondo, el río, todo verde y brillante, cuyas orillas adornadas de profusión de árboles parecen como de oro… y al frente la montaña de roca, como una pared y sus pocos pinos”. Pedro Fernández, que firmaba como Ángel Pardo, se asombra: “La ciudad es como un navío de piedra entre ambos ríos; algo que no parece obra de hombres y más bien de ángeles… con su aire limpio, que todo puede verse como cercano aunque esté a leguas… ciudad única en las Españas… que no me había de extrañar sonase aquí la trompeta del Juicio Final”.

 CUENCA, LA VENECIA DEL AIRE PARA JULIÁN MARÍAS

Con este recuerdo a Pedro Fernández Orbe retomamos el guión de esta “Cuenca blanca y verdiplata” invernal: “Es difícil olvidar a Cuenca una vez que se ha visto”, escribe Julián Marías. La visión de la ciudad prodigiosa, en un movimiento constante, le hacen afirmar que “Cuenca significa la dramatización urbana del paisaje”, y en esa movilidad que siente entre el ir y venir por las hoces, Julián Marías llega a la conclusión de que “A lo único que se parece Cuenca es, paradójicamente”, a lo más distinto que puedo recordar en el mundo: a Venecia. No hay ciudad más llana que Venecia, determinada por el plano del mar; no la hay más escarpada que Cuenca; Venecia es dulce, femenina, hecha interioridad, más aún, de intimidades; y Cuenca es bravía, agresiva, sin reposo, como un grito visual. Lo que en Venecia es el agua marina, en Cuenca es el aire transparente y la distancia”.

Cabeza de Cuenca. (Foto: Antonio Texeda)
Cabeza de Cuenca. (Foto: Antonio Texeda)

 ALEJO CARPENTIER EN LA CIUDAD DE LAS CASAS COLGADAS

Cuenca es que atrae, enamora, te subyuga. Tiene ese halo misterioso y al tiempo encantador de lo mágico y de lo sublime; el arte es Naturaleza, y la naturaleza desprende su fuerza en las cuatro estaciones del año. El Invierno pone a prueba la dureza de esta tierra, aún más bella entre la niebla que se algodona, la nieve que la cubre de blanco y roca, y la lluvia que recupera manantialillos entre los siete cerros que coronan la ciudad. “Estoy impresionado por penetrar en la ciudad de las Casas Colgadas”, escribía Alejo Carpentier, que había soñado con Cuenca en 1919, en los campos cubanos, al leer uno de los episodios de las “Memorias de un hombre de acción”, de Pío Baroja.

Su compatriota Wifredo Lam se adelantó en el viaje para mostrar en sus dibujos esa Cuenca sencilla y pintoresca de los felices veinte. Carpentier pasa diez días inolvidables en la ciudad soñada: “Imaginad un enorme peñón de rocas rodeado de precipicios que forman una réplica perfecta del Gran Cañón de Colorado. En el fondo de esa gigantesca arruga geológica corren mansamente el Huécar y el Júcar”. Se asombra Alejo Carpentier en su artículo “En la ciudad de las Casas Colgadas”, publicada en La Habana en 1935: “Toda la ciudad parece colgada sobre precipicios. Tan colgada como las famosas casas colgadas arbitrariamente sostenidas por unas pocas vigas empotradas en una gigantesca muralla de granito”.

José Vicente ÁVILA, EL DIA, 27 de noviembre de 2006

(*). “Cuenca blanca y verdiplata”. El Invierno. 1995. Guión de José Vicente Avila. Emitido en Tele-Cuenca. Con las cuatro Estaciones nos sumamos al Décimo Aniversario de Cuenca, Patrimonio de la Humanidad.

 

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