“Cuenca blanca y verdiplata”. El Invierno (y III *)

Estampa invernal de la Hoz del Huécar. Foto: Julián Quejido

El jueves 5 de diciembre de 1996, el Comité Intergubernamental de la UNESCO declaraba a la Ciudad Fortificada de Cuenca como Ciudad Patrimonio de la Humanidad, noticia que llegaba a nuestra ciudad con el lógico alborozo, pues desde 1994 se había solicitado tal Declaración. Diez años después, Cuenca está celebrando el acontecimiento con todo tipo de actos. En este rincón de los lunes seguimos con el repaso a una serie de textos que publicamos en 1995:  “Bella durmiente del bosque”, la llamó Eugenio D’Ors: “Cuenca, epifanía de la madera, uno de los lugares más limpios de España. Quien vaya a despertar a Cuenca, apuntaba D’Ors, la verá levantarse peripuesta y pulcra: yacente estaba en la sonora soledad,–los pinos son las arpas del desierto, cantó el poeta Arolas–. Yacente, pero no abandonada”. “Cuenca, la bella durmiente del bosque, está en sueño y sueños, traspuesta. Pero alguien cuida, mientras tanto, de mantenerla en exquisito primor”.

LA CUENCA ALUCINANTE DE TORRENTE BALLESTER

Decía Gonzalo Torrente Ballester que el buen arte literario prefiere siempre la definición, la descripción, al escribir sobre “Cuenca, la alucinante”: “Y como Cuenca es indescriptible, mucho me temo que la acumulación de fórmulas variadas, de adjetivos, de algún ensayo de definición, no basten para dar idea exacta del ser real de Cuenca”. “Lo que resalta de la Cuenca colgada y trepadora -añade Torrente Ballester- es la impronta del esfuerzo. De energía es la impresión de las piedras contorsionadas y de las casas que en ellas se cimentan. Pero los años la hicieron tierna. Hoy es como un gigante cansado que empieza a desmoronarse. Busca en los sauces llorones un poco de dulzura, y en los desconchados, la confesión de la vejez. La tensión tan prolongada, cansa, y aunque no pueda aflojarla, que sería el morir, la suaviza”.

Resalta Gonzalo Torrente “ese silencio del que abusa Cuenca como abusaba un poeta que no llegó a conocerla aunque la anduvo cerca, y que hubiera hallado en la Cuenca alucinante del atardecer el perfil de un arcángel”.

FEDERICO MUELAS Y GERARDO DIEGO CON OTRO ROMANCE

“Cuenca o la gran sorpresa” en uno de tantos artículos de Federico Muelas, su excepcional cronista: “Situada en lo alto de un espinazo roquero que abrazan estrechamente dos ríos, Cuenca durante siglos, creció, alzándose sobre sí misma sin rebasar su pétreo cinturón defensivo; y las callejuelas, encajonadas, suelen desembocar en la aspillera de la muralla o en la terraza alzada a  varios centenares de metros sobre las aguas, desafiando el vértigo desde el hombro de las rocas”.

Los álamos, acariciados por el viento, arañan con sus ramas huesudas el singular paisaje invernal, tamizado en la roca por el verdiplata del rocío y los carámbanos de las noches heladas, entre las Hoces. Paseo del Huécar con brisas matinales que azulan el paisaje en el nuevo día, que ha recobrado vida en el Convento de San Pablo, de parada y parador, o sobre e Teatro Auditorio de grises contrastes, que ha encontrado en la oquedad rocosa el mejor escenario de la ciudad para la música.

En este nido de águilas,  el río íntimo de Gerardo Diego se alboroza en el invierno. El Romance del Huécar cobra su plenitud: “Y el Huécar baja cantando, / sabiendo lo que le espera, / que va al abrazo ladrón / de su nombre y de su herencia…”.

 EL GRITO DE PIEDRA DE LUIS CALVO CORTIJO

“Desde el aire, Cuenca es como un grito de piedra arrastrado por las aguas”, proclama Luis Calvo Cortijo; “es como un himen calcáreo entre las hoces del Júcar y del Huécar, en la misma puerta de la Serranía”. Luis Calvo dejó una gran obra, con fotos de Ontañón, sobre esa Cuenca que él siempre describió como real e irreal, caminante por las tres comarcas de la provincia: Sierra, Mancha y Alcarria. Para Luis Calvo, ese grito de piedra tenía el contrapunto de la belleza, con los colores de las cuatro estaciones del año.

La Cuenca invernal saluda al Júcar desde San Antón, puente de plata del barrio sencillo del Perchel, de campanas sanantoneras cada 17 de enero. Cuenca que es Patrimonio de la Humanidad, se asoma todas las mañanas al espejo del Júcar “y se columpia en los balcones volados del Huécar preguntándose si no hay otra ciudad más hermosa”, recalca Florencio Martínez Ruiz. Cuenca invernal despierta de su profundo y bello sueño con los almendros en flor de una naciente primavera.

José Vicente ÁVILA, EL DIA, 4 de diciembre de 2006

(*) “Cuenca, blanca y verdiplata”. El Invierno. Guión de José Vicente Ávila. 1995. Emitida en Tele-Cuenca en 1995. Con la serie de las cuatro estaciones nos sumamos al décimo Aniversario de Ciudad Patrimonio de la Humanidad.

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