Frío y calor nazareno

(A MODO DE CRONIQUILLA DE LA SEMANA SANTA 2007)

El frío y la lluvia han marcado las horas de la Semana Santa de Cuenca, desluciendo algunos desfiles, aunque todos ellos pudieron hacer estación, acortando recorridos en las procesiones Camino del Calvario y en El Calvario. La meteorología manda y ello obliga a tomar decisiones que deben ser respetadas y aceptadas. Un desfile en la calle, con todo lo que conlleva en su organización, ha de seguir las directrices de quienes tienen la obligación de que se desarrolle con toda normalidad; con la aparición de la lluvia intermitente casi desde el primer momento, las tres hermandades que integran la procesión Camino del Calvario, junto al Grupo Regidor Turbas, decidieron que había que acortar por la calle del Peso y esa decisión habría que acatarla, aunque fuese polémica, pues existe un Protocolo para este tipo de actuaciones. Y no olvidemos que se trata de un cortejo procesional.

 

El frío ya marcó la primera procesión del “Hosanna” con un final espectacular en la Plaza Mayor, abarrotada de público, con preferencia de niños con palmas y ramos. El cortejo penitencial de la Vera Cruz transcurrió solemne, con sus siete estaciones de las siete palabras hasta San Esteban. (Vaya desde aquí la solidaridad de la ciudadanía para el vicario Tomás Fernández, que pronunció la Séptima Palabra, y luego vivió su particular “calvario”).

 

PERDÓN Y SILENCIO DESFILARON CON INCERTIDUMBRE, PERO CON BRILLANTEZ

El Martes Santo la procesión del Perdón vivió muchos minutos de incertidumbre por la lluvia que hizo su presencia a las ocho de la tarde, obligando a aplazar la salida una hora más tarde, con los hermanos de San Juan y la Banda de Tambores y Trompetas situados en la calle de Solera –calle de solera nazarena, por estar allí situada la Junta de Cofradías, pues ya no sabe uno como medir las palabras–, prestos para iniciar el cortejo. Por fin salió la procesión a las nueve con los toques de las trompetas heráldicas de San Juan y desfiló con la brillantez acostumbrada.

 

La procesión del Silencio del Miércoles Santo, en otra noche fría, igualmente desfiló con mucha brillantez para concluir parte de ella en San Esteban, dejando otros pasos entre la Diputación y la calle de Aguirre, para terminar con ese sencillo pero emotivo cortejo que forman los pasos del Ecce-Homo de San Miguel y la Virgen de la Amagura con San Juan, hermandad cada día de mayor auge y con una sede propia digna de tener en cuenta.

 

 PAZ Y CARIDAD ENTRE PLÁSTICOS POR CARRETERÍA MIRANDO A SAN ESTEBAN

El Jueves Santo tuvo su primera parte de las imágenes cubiertas en fundas de plástico por la lluvia con amago de dejar los “pasos” en San Esteban. Pudo seguir el cortejo de Paz y Caridad por la Puerta de Valencia con toda normalidad y brillantez, con los misereres en la subida, para descender desde la Plaza y Alfonso VIII en el atardecer y anochecer, con escenas memorables por la Audiencia y el puente de San Antón, con el fondo de Cuenca asomada al Júcar y el edificio del Seminario iluminado.

 

UN AUTÉNTICO “CAMINO DEL CALVARIO”

Las tristezas aparecieron el Viernes Santo con el mal tiempo y la intransigencia. Emotivos los momentos entre la salida de El Salvador y la Puerta de Valencia, con los sonidos de los martillos golpeando el yunque en la herrería al paso del Encuentro y la Soledad. Las turbas cumplían su papel delante del Jesús de las Seis. Los tambores al unísono daban escalofríos y las clarinás de la madrugada oscura rasgaban a la misma rosa de los vientos.

La procesión quedó luego turbada con los “pasos” entre plásticos y los epítetos inaudibles. Me quedo con los sollozos de un turbo de corazón grande como José Miguel Hernansáiz, al que inconscientemente llamé Antonio. Ánimo, Hernansáiz.

 

EN EL CALVARIO DESCENDIÓ POR EL PESO

Pendiente también del tiempo salió la procesión en El Calvario, con toda su brillantez en la subida desde San Esteban a la Catedral, pasando por el Peso casi tocando las paredes. Fueron momentos muy especiales. Los Cristos sorteando farolas, cables y paredes por dos veces. El sudario de cruz de las Angustias tapaba la cara de Cristo y un espectador con un paraguas, en hermoso gesto, colocó la tela en su sitio. La lluvia obligó a pasar las imágenes a la Catedral y a decidir acortar el descenso por esa calle del Peso sin poder pasar por Carretería. Mandaba la meteorología. Agua buena, sin embargo, para que no se sequen los campos y embalses.

 

SANTO ENTIERRO SOLENME CON FINAL DE AGUA Y NIEVE

El Santo Entierro pudo desfilar con la solemnidad acostumbrada, aunque tras pasar por la calle de los Tintes y llegar a El Salvador la lluvia obligó a acelerar y comenzó a nevar. Para entonces, todo se había consumado.

El Domingo de Gloria fue hermoso, con el Encuentro en la Plaza de la Constitución, ante centenares de personas que prorrumpieron en aplausos cuando por vez primera una mujer –Miriam es su nombre—quitaba el manto negro a la Virgen del Amparo y las palomas volaban felices, con el mismo entusiasmo que los banceros “bailaban” a las imágenes al son del himno nacional en el domingo de la alegría y del aleluya. El tiempo, pese a todo, no pudo con la Semana Santa 2007, que tuvo el calor de los ciudadanos de Cuenca, que la cuidan y miman durante todo el año.

 

Nota bene: El Servicio de Limpieza actuó con celeridad dejando las calles como el jaspe. Enhorabuena muy grande.

José Vicente ÁVILA. EL DIA, 9 de abril de 2007

 

 

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