Por San Mateo (la AVEquilla)

“Cada San Mateo es como un revulsivo para esta pacífica y tranquila ciudad que a lo largo de los años supo ganar tantos títulos: Muy Noble y Muy Leal, Fidelísima y Noble, Heroica, Impertérrita. Mártir Rizo, en su “Historia de Cuenca”, le rendía pleitesía con estos adjetivos: Ilustre, Magnífica, Admirable, Venerable, Insigne, Leal, Deleitosa, Saludable y Apacible. Sin embargo, siempre nos ha escocido aquella frase de los personajillos sin ingenio: “¿Pero existe Cuenca?”. Afortunadamente aquello se superó. Me preocupa, de todos modos, una frase apocalíptica que vio la luz hace quince años y que decía: “¿Existirá Cuenca?”.

Y aún se presagiaba que Cuenca podía desaparecer como provincia y convertirse en un desierto humano, ya que en los últimos cuarenta años habían emigrado más de cien mil conquenses. Desde entonces me inquietan estas predicciones. Permitidme, por tanto, que os relate brevemente un sueño que tenía esta madrugada, pues el pregonero quiso introducirse en el “túnel del tiempo” para retroceder hasta 1177 y presenciar la conquista de Cuenca por Alfonso VIII y después contarla, y se encontró con el año 2000 y poco.

Veía en el sueño una Cuenca que continuaba en regresión en el número de habitantes; se seguían cerrando fábricas y talleres; los alumnos pedían firmas para que no desapareciesen los institutos, la Renfe nos seguía dando cortes de manga y en la prensa se leían titulares como éstos: la Diputación se la llevan a Albacete, el Ayuntamiento a Toledo, la Caja de Ahorros a Ciudad Real, las Casas Colgadas al Museo de Cera, los regadíos a Valencia y Carretería a Guadalajara. Por Decreto nos concedían un nuevo título “Ciudad Desmantelada”. Increíble, pero cierto. Nuestras gentes amargadas se quejaban en los bares pero de nada les servía. ¡E, es nuestro sino! Cuenca empezaba a parecerse a una de aquellas ciudades muertas del legendario Oeste. Pasaban los días y el pesimismo reinaba en nuestras gentes… hasta que llegó el 21 de septiembre. Un día soleado para despedir el verano. Todo parecía igual, pero en el ambiente se palpaba algo y, de pronto, en la Plaza Mayor semidesierta apareció una vaca enmaromada –como aquella “burraca” que se indultó hace unos años– y un canónigo que se acercaba a la Catedral a la hora del Coro, gritó con todas sus fuerzas: ¡¡Qué viene la vaca!!.

 

Y entonces la ciudad despertó. Como un resorte, la Plaza Mayor se vio inundada de un pueblo que se había dormido en los laureles y reconquistaba su derecho a vivir mejor y a tener esperanza de futuro, como si las figuras invisibles de Alfonso VIII y San Mateo les diera alas. A partir de entonces, Cuenca apostó por su progreso. Aquella Vaquilla fue la mejor de toda la historia y en Cuenca empezaba a habladse de fábricas que se iban a inaugurar, teatros, hoteles, aparcamientos; los estudiantes podían seguir aquí carreras universitarias, los jóvenes tenían donde trabajar, la agricultura triplicaba sus regadíos, nuestros productos eran los mejores y hasta la Renfe no permitía que se perdiera ningún tren y de aquí ya no se llevaban nada, pues hasta los políticos aunaban esfuerzos. Pero los sueños, sueños son”.

Este es un fragmento del pregón de San Mateo de 1989 que tuvo la dicha de poder pronunciar desde el balcón del Ayuntamiento. Diez años después, algunos logros se han conseguido, pero Cuenca sigue luchando por su futuro. Y el AVE forma parte del gran proyecto para la Cuenca del 2000. La vaquilla del 99 (la Avequilla, para ser más exactos) viene de nuevo a reivindicar algo tan importante como que Cuenca no quede olvidada de nuevo de un trazado tan esencial como el AVE Madrid-Valencia por la línea más recta, que acerca a las dos grandes ciudades además de vertebrar la región. Cuenca ha de ser reconquistada para el progreso por los mismos conquenses. Feliz Vaquilla-99 con permiso del tiempo…

EL DIA , 19 de septiembre de 1999

 

 

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