La cuesta de enero termina en San Julián «El Tranquilo»

Ermita de San Julián «El Tranquilo». Los madrugadores realizan los preparativos.

“Por San Julián de enero se hiela el agua en el puchero”, reza el aforismo popular, y este martes 28 de enero de 2014 el refrán ha estado vigente porque el frío con amenaza de fina lluvia y nevada en el horizonte, se ha dejado notar, aunque ello no ha sido óbice para que las gentes de Cuenca hayan celebrado a San Julián a su manera, con visitas desde primeras horas a la armita de “El Tranquilo”, donde durante toda la jornada, hasta mediada la tarde, miles de personas han pasado –subido—por allí. Los 9.000 panecillos preparados se agotaron en pocas horas.

La ciudad parecía semivacía en las primeras horas de la mañana, sin tráfico en las calles, y sólo los bares y cafeterías abiertos para los más madrigadores. Día de panceillos y chocolate con churros, pero día sobre todo campestre en el sagrado lugar de la Hoz del Júcar, donde los conquenses se antaño levantaron la ermita en el lugar tranquilo en el que San Julían y su fiel Lesmes iban a orar y a hacer cestillos. El Patrón de los pobres, siempre presto a repartir caridad, conviviendo con las tres culturas.

Unos andando por la senda que arranca cuesta arriba desde el Paseo del Júcar, en caminata festiva y alegre, sorteando las bajas temperaturas, y otros en coche hasta el llamado Escalerón, pasadas las curvas de la Playa, fueron ascendiendo durante toda la mañana hacia la ermita, punto de encuentro de conquenses y visitantes. Bien abrigados combatieron el frío sudando la gota gorda en el ascenso. Todo sea por San Julián, el patrón de los pobres, el patrón de Cuenca.

Pintura de San Julián en la ermita.

Nada menos que tres misas se celebraron en distintas horas de la mañana, dada la afluencia de pùblico que subía y bajaba. Se agotaron los panecillos, aunque siempre están los aprovechados de turno capaces de repetir y conseguir con ello que otros fieles se queden sin la caridad del santo. “Tenemos que buscar alguna solución para evitar esto”, nos dice uno de los voluntarios que colabora con la Hermandad. “Aquí no hace frío, como tanpoco lo hizo en la Misa del Gallo”, comenta otro devoto que ha colocado los bancos. Gimeno toca la campana como lo hacía su padre, que no es tal, sino un artilugio de hierro entre los árboles con sonido campanero. El campanil saluda el día frío, pero de calor de tantos romeros en la romería de enero.

Mucha juventud en las primeras horas de la tarde, como si fuese “jueves lardero”. Animado está todo el contorno, donde no falta alguna hoguera para mitigar el frío y darle la vuelta a alguna chuleta o tajada. “San Julián El Tranquilo” en el bullicio del día grande de enero.

 

Imagen de San Julián en la fachada de la Catedral.

SOLEMNE FUNCIÓN EN  LA CATEDRAL

Desde la ermita se ve la Cuenca alta asomada a la Hoz, y entre las casas verticales que forman hilera, destaca la Catedral, con la pétrea figura de San Julián en lo alto presidiendo la vida de la ciudad. Antes de las doce, que antes tocaba Mangana, muda en su momentáneo abandono de obra parada, la música de la Banda de Cuenca anuncia aires de fiesta con comitiva municipal. La Corporación Municipal, como por San Mateo, camina desde el Ayuntamiento hasta la Catedral, para asistir a la misa de pontifical que oficia monseñor Yanguas junto al Cabildo y el clero.

Refulge la luz de las vidrieras por entre las columnas de esta gran obra de todas las artes que es la Catedral. La música de los órganos nos traslada a otras épocas y las voces del Coro de la Catedral son como de ángeles, tal como los del Triforio. La tormpetería del órgano de la Epístola resalta en la sinfonía musical de la misa solemne.

El obispo Yanguas habla de San Julian, el Patrón de los Pobres, que llegó a Cuenca con el rey Alfonso en la conquista de la ciudad. Cita los tiempos actuales donde el espíritu de San Julián se hace presente; dad y se os dará. Son tiempos de solidaridad, de ayudarse entre todos. Cita a los legisladores, en clara alusión al antproyecto de la ley del aborto: “en vuestras manos está la vida y la muerte”, vino a decir con palabras graves. Homilía para la reflexión.

La música de los órganos desplegó con sus sonidos la partitura del himno de San Julián con su “Henchidos de alegría”, para poner el punto final a la solemne celebración y dar paso al beso de la reliquia.

Fuera, en la calle, con baja temperatura, la Corporación Municipal volvía a la Casa Consistorial con los sonidos de la Banda de Música que dirige el maestro Aguilar. No faltaron las capas castellanas de algunos amantes de la tradición, como tampoco los abrigos de visón para soportar el frío.

En los bares de la Plaza, entre rondas de cerveza y vino se cantaba como es costumbre el “Henchidos de alegría”, que no hinchados de bebida, y desde algunos lugares no muy lejanos, el olor del humo de las gachas se dejaba notar. Estaba el día para que las sartenes no se quedasen heladas como el agua del puchero, sobre una buena lumbre. San Julián de enero, bendito sea, que no hiela los corazones de los sufridos conquenses. Hasta otro enero y cuesta arriba hasta «El Tranquilo», porque la cuesta de enero termina en San Julián…

 

San Julián en la antigua fachada, con la Torre del Giraldo.

 

POEMA A SAN JULIÁN DE JOSÉ LUIS LUCAS ALEDÓN

Entre los amigos de la capa, como Armero, Antonio, Molina y algún otro, no estaba este año José Luis Lucas Aledón, cronista lírico y poético de nuestras tradiciones. Antonio Armero me pasa una estampa de San Julián con un poema de Lucas Aledón que transcribimos a continuación:

Donde la breña se hace pradera

cerca mana la fuente fría,

adormece el lagarto,

cruzan las grajas hacia la serranía.

Lugar del tranquilo día

encontraban para sus agobios

alivios junto al riscal, Lesmes y Julián,

lejos del diocesano trajinar

de torres y campanas catedralicias.

Vereda entre tréboles y violetas,

camino de verdor, lirios y margaritas,

con el mimbre que hacían fábrica

al tejer escriños y canastillas

con que regalar a los menesterosos

de regreso, al terminar el día.

Helado frío. Enero, mes friolero,

ni el agua sirve en el puchero

calmada por gélido aliento cierzo.

Muerto ha Julián, el obispo limosnero.

No doblan campanas de duelo,

gloriosas y alegres clamores repican,

tiñen con júbilo su bronca voz.

¡¡¡Ya hay nuevo Santo en los cielos!!!

 

José Luis Lucas Aledón

 

 

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.