Rosicler y alba de oro

“Tal vez el primer encanto que se advierte en Cuenca para quienes quieran ver algo más que un baile o una película, sea el de su patetismo”. Así comienza el texto de la Guía de Cuenca escrita por César González Ruano e ilustrada con magníficas fotos de Francisco Catalá Roca, que vio la luz en 1956 por Editorial Planeta. Una Guía agotada que bien pudiera ser reeditada ahora que hemos recordado, un 22 de febrero, el centenario del nacimiento del escritor y poeta, que se quedó prendado de Cuenca, con dos palabras que definen un todo de la ciudad: patetismo y alegría.

César redactó la Guía en su casa de la calle de San Pedro, a la que él denominó como “isla de piedra” con balcones que dan a las Hoces del Júcar y del Huécar. César, que tiene en Julián Grau Santos a su mejor dibujante, y no sólo por nexos familiares, dejó también sus cuartillas de poemas, como estas líneas del titulado “Puerta de marzo”: “Desde el último día de febrero / marzo marcial yo te saludo, muerte; / te pido armas para la inminente / batalla de amazonas y los viejos / que quieren las Susanas y reclaman / territorios  de amor en su desahucio / y exilio de los brazos y las bocas” (…) “Respira corazón sobrecogido:  / llegan soles  amables a tu frío: / lejos aquél que el Dante nos dijera / en medio del camino de la vida, / aún si quieres y sabes será tuya / el alba de oro que ayer alguien tenía / acercando sus manos a las rosas / con el caballo gris. Mañana es marzo / mes del aún y mes del todavía”.

Alba de oro en esa puerta de marzo que da paso a la Semana Santa, celebración que para César González Ruano no tiene parangón: “Lo que más me impresiona de la Semana Santa en Cuenca es la expresiva participación de su paisaje y de su entraña urbana con el espectáculo y la predisposición natural de sus gentes a lo patético”.  Y añadía González Ruano: “Pues bien: yo que sólo he visto una Semana Santa en Cuenca, no la he confundido jamás con otras. Aquí esa grandiosa y solemne celebración religiosa tiene un tono y un tino inconfundibles.  Lo que en Cuenca ocurre y cómo ocurre, no podía suceder igual en otro sitio”.

EL CARTEL OCTOGONAL DEL ROSICLER DE EMILIO MORALES

Estas palabras de César González Ruano, nos vienen a la memoria no sólo en el centenario de su nacimiento, sino al contemplar el cartel de la Semana Santa de este 2003, que ha realizado el pintor moteño Emilio Morales, tras sus incursiones cartelistas por el Carnaval de Cuenca y la Vaquilla de San Mateo. A la trilogía de Morales Moral, siempre con la moral alta, sólo le falta el cartel del Patrón San Julián. Bueno, pues la gran noticia es que Jesús de las Seis sale en este 2003, con la Verónica al fondo. Vamos, que sale en ese cartel novedoso que se va a presentar este martes 25 de febrero. Del alba de oro de Ruano al rosicler del alba del Nazareno querido de la madrugada del Viernes Santo. ¡Qué apacible presencia en la Plaza Mayor con la Catedral como fondo!

Un día a David Avila Brande se le ocurrió presentar en un trabajo gráfico estudiantil una fotografía de la Catedral con la imagen de Jesús de las Seis ocupando el rosetón de esa vidriera espectacular de Bonifacio Alfonso. Rosicler le llama Emilio Morales a su cartel de la Semana Santa 2003, que aparece en forma octogonal, como un homenaje a Cuenca, a la estrella de su escudo de ocho puntas, a sus rosetones de la Catedral, a los templarios.

En suma, un cartel octogonal con esa imagen de Jesús Nazareno, mancillada el pasado año, con polémica desde hace diez meses, y acuerdo quizá precipitado de la Hermandad de no desfilar, siempre respetable, aunque no compartido. Toda Cuenca quiere expresar su homenaje a Jesús Nazareno de El Salvador el próximo 18 de abril, pues anhelamos y deseamos que en el rosicler del alba, por la puerta de Valencia o dicho mejor aún, por la Puerta de la Hoz del Huécar, desfile la imagen precedida por las Turbas, en el mayor respeto que se pueda imaginar.

CUENCA Y SU SEMANA SANTA NO SERÍAN LO MISMO

Se ha trabajado mucho durante el año con un plan de seguridad para que la procesión discurra con la normalidad deseada sin perder su esencia de “Camino del Calvario”. Es tarea de todos y de sabios es rectificar. Cuenca y su Semana Santa no serían lo mismo. El cartel de Emilio Morales es una puerta abierta a la esperanza,  con ese color rosado del cielo al amanecer que se cuela entre los arcos ojivales catedralicios. La serena presencia del Nazareno y el Cirineo invitan a aunar esfuerzos cofrades. Rosicler del alba en un Viernes Santo que ha de ser compartido por una ciudad que no quiere perder sus esencias.

EL DIA, “Crónicas de Bota y Borceguí”, 24 de febrero 2003

 

 

 

 

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