El elaborado estudio de Pérez Calleja sobre la estación de penitencia nazarena

“Todas las procesiones harán estación de penitencia en la Catedral”. Esta recordatorio era habitual en los programitas o reseñas periodísticas de la Semana Santa de Cuenca de finales del siglo XIX y de comienzos del Siglo XX, con otro añadido en el correr de los tiempos: “las procesiones harán estación frente a la Catedral”, para lo cual se habilitaban mesas o bancos de cuatro patas, aunque en cierta ocasión se diese alguna nota más bien anecdótica como ocurrió el Miércoles Santo de 1928, según publicaba “El Día de Cuenca”: “La procesión resultó lucidísima; únicamente hubo una nota poco edificante y es el espectáculo triste de abandonar las imágenes en la Plaza Mayor, cosa que tan fácilmente se hubiera evitado, si a su debido tiempo, se hubiesen colocado las mesas que han sido construidas a tal fin”.  Precisamente sobre “La Estación de Penitencia. Antecedentes en la Semana Santa de Cuenca”, habló largo y tendido Israel José Pérez Calleja, en la parroquia de la Virgen de la Luz, en una tarde-noche de Cuaresma, en el umbral de la llegada de la primavera, aún con cara invernal, lloviznando en la tarde de plata fría, con el Júcar casi desmelenado por San Antón.

Las imágenes en andas de Jesús del Puente y del Auxilio, que presidían los anuales solemnes cultos en honor del Nazareno del Puente, evocaban la celebración nazarena de la histórica hermandad. Ahondar en el pasado es el mejor argumento para conocer los orígenes de las costumbres y tradiciones, y eso es lo que hizo Israel en su documentada lección magistral, de prosa brillante y rotunda, amén de lírica y creativa. Palabras que dicen mucho del ayer, no siempre tan lejano, gracias a la labor investigadora.

 

PRESENTADO POR  JOSÉ MIGUEL CARRETERO ESCRIBANO

Antes de que Israel José nos deleitase con su concienzudo estudio, minucioso, academicista y literario, hizo la presentación del conferenciante nada menos que José Miguel Carretero Escribano. Hermanos ambos del Nazareno del Puente, talla siempre obligado citar que realizó José Capuz, y amigos en común de nuestros aconteceres conquenses y por tanto nazarenos. Punto por punto, como buen escribano de madre, José Miguel puso sobre las íes, con el acento merecido,  la personalidad de Pérez Calleja, apellidos por cierto entroncados en la Semana Santa entre escultores, artesanos y músicos (Marco Pérez, Pérez del Moral, el maestro Calleja..)

José Miguel Carretero Escribano presentó al conferenciante Pérez Calleja.

Recogemos algunos párrafos de la presentación, tras el saludo a los presentes que llenaban el templo: “Con la venia procedo, muy honrado y feliz, a presentar al ilustre Conferenciante de hoy, nuestro muy querido hermano Don Israel José Pérez Calleja. Misión gratísima, atendiendo expreso mandato del propio interesado.

     Y no es fácil cumplirlo sin lacerar esa humildad que en su caso es virtud exagerada. Pero como no debemos mentir, en este Templo sagrado, a la vera del Jesús, proclamaremos verdades, hechos probados y seguros juicios.  Israel nació en Cuenca, por la gracia de Dios y de sus padres. Hace de ello apenas 34 años.  

     Académicamente, es Licenciado en Humanidades y Diplomado de Estudios avanzados de Doctorado por la Universidad de Castilla-La Mancha, que le tiene oficialmente reconocida la llamada Suficiencia Investigadora.

      No es para menos. Porque ya lleva treinta y dos trabajos publicados, a punto de superar la cifra de su edad, mientras en su tan inquieta mente bullen sin descanso renovadas ideas, inmediatos proyectos, esperanzas en flor de primavera.

     De los otros ámbitos del saber que le son propios, desconocidos para casi todos, descuella su condición de máximo experto nacional sobre la obra del pensador, filósofo y político Fernando Savater; es su tema de Tesis Doctoral: de la oficial, porque, en cantidad y calidad, ya lleva hechas y rubricadas unas cuantas, en un vértigo de asombro.

     De lo conquense, por puro amor a su tierra, se ha ocupado con brillante esmero, tersa prosa, alma poética y magisterio veraz. Siempre en positivo. Dando luz y justicia a varios de nuestros mejores: así, Fausto Culebras; así Federico Muelas; así, Luis Marco Pérez. Poniendo en valor, bien demostrados, los hechos como fueron. Y poniendo en un brete a no pocos especialistas, presurosos o parciales…”

Si la mies conquense es mucha en el haber de José Israel, como nazareno y estudioso de la Semana Santa no tiene precio. Corroboro las palabras de José Miguel, con estas pinceladas que avalan su visión semanasantera:

“Y de la Semana Santa genuina: todo. Amor y pasión. Delirio y entrega, sin límites, sin saber decir que no, hasta, demasiadas veces, poner en riesgo la personal salud. A su costa, nos beneficiamos todos. Dios, que está en lo escondido y aquí bien a la vista, te lo pagará. (…)

     Intelectualmente, no se puede hacer más ni mejor en menos tiempo. Su firma ha dado lustre y prestigio a las principales publicaciones nazarenas, Seminarios y Congresos, que han tenido la fortuna de contar con sus trabajos, todos rigurosos, certeros, exhaustivos; por él sufridos y, al fin, disfrutados por nosotros.

Por lo que hoy aquí nos es más cercano, el Boletín “Capuz” se ha honrado con varios textos de Israel, incluida la glosada introducción del cineasta Camarillo, que fue también objeto de un recordado Acto en este mismo lugar, presentado por él. Pero es que además su labor fue principal en todo el proceso de ideación y desarrollo del memorable documental “Hijos de Cuenca”, como co-guionista, entrevistador y hasta impávido cámara enhiesto en mitad de nuestro puente del alma en pleno Jueves Santo. (…)

A buena ley tiene ganados el respeto y la admiración de los principales estudiosos de nuestra Semana Santa, algunos de los cuales están aquí presentes en señal evidente hacia él: veo a Antonio Pérez Valero, a José Vicente Ávila. Ellos también, como todos nosotros, humildemente, vienen a aprender, para avanzar.

     Tengo dicho, y publicado, hace cinco años, en esos magníficos “Cuadernos de Semana Santa” del Jesús de las Seis, ahora coordinados por nuestro Conferenciante, que Israel José es, sin duda, el mejor de su joven generación. Lo reitero con mayúsculas. Y le pido a Dios que nos lo guarde y que lo ayude siempre en esta azarosa vida.

     Nos aguarda, ahora mismo, una lección magistral sobre un tema difícil que, hasta hoy, entre nosotros, no había sido objeto de investigación y análisis: las Estaciones de Penitencia en nuestras Procesiones.  Israel lo ha asumido con método científico, precisión y objetividad, dedicándole un tremendo esfuerzo que nunca agradeceremos lo bastante. Lo ha hecho, otra vez, por amor a Cuenca y a su Semana Santa. No hay quien dé más”.

 

Israel José Pérez Calleja durante su intervención.

UNA HORA QUEN SE HIZO CORTA, CON ABUNDANTES DATOS

Resulta complicado extractar una intervención tan completa como la que hizo Israel José Pérez, durante poco más de una hora, todos pendientes de sus palabras, apoyadas con imágenes, alguna poco conocidas como Jesús con la Caña de 1930, en similar lugar a otra añeja imagen de la Santa Cena de Marco Pérez, tras pasar el puente de San Antón. Dada la amplitud del trabajo realizado ofrecemos algunos extractos de su intervención:

En  su introducción, con un lenguaje audiovisual comprensivo, el conferenciante investigador dejó claro que “el hilo argumental seguido en el desarrollo del análisis priorizará, casi exclusivamente, el discurrir que, a través de los tiempos, ha tenido en los cortejos nazarenos de la Semana Mayor conquense la extinta práctica de guarecer anualmente las Imágenes procesionales en el interior de la Catedral, a modo de Estación de Penitencia, o atravesar, con presteza, sus sagradas naves como señal de respeto y procurando la observancia litúrgica en el ecuador mismo de la carrera pasionista.

En el presente preámbulo y sucesivos capítulos de índoles metodológicas, analíticas, conclusivas y bibliográficas, a raíz de la remembranza y evaluación de los hechos y circunstancias se justipreciará, de modo aproximado y desde el punto de vista historiográfico, el rigor de la propuesta matriz o contextual auspiciada por la Archicofradía de Paz y Caridad; tendente, entre otros objetivos, a recuperar un espacio tan representativo para el ejercicio penitencial de Jueves Santo como es el interior de la Basílica.

Téngase en consideración permanente, desde este mismo momento, que durante el estudio que nos ocupa se ha comprobado fehacientemente, contrastado y verificado, el empleo asiduo de esta extinguida práctica procesional como hábito regular a lo largo del tiempo. De este modo, la finalidad y sentido último de este razonamiento es inequívocamente demostrativo: la multidisciplinar argumentación de la Estación de Penitencia en el recinto sacro del primer templo conquense, desde el punto de vista histórico (más allá de cuestiones teológicas o espirituales, estéticas y logísticas), es incuestionable al contabilizarse, de manera irrefutable, una retahíla importante de precedentes procesionales muy descollantes y ligados a la Semana Santa de Cuenca. (…)

 

Puerta lateral con escalinatas, por las obras de la fachada principal entre 1910 y 1925

Siendo más pragmáticos y clarividentes todavía: nítida y suficiente constancia queda de la existencia de la Estación de Penitencia en el interior de la Seo conquense como de otros interrogantes sin despejar en cuestiones colaterales, en absoluto secundarias: así, el rígido origen e interrupción cronológica de esa rancia y recia conducta y, pareciendo meridianamente clara la motivación religiosa que legitimaba el ingreso regular de los pasos en la Catedral (amplificando horizontes, por tanto, respecto del excepcional amparo por azarosas inclemencias atmosféricas), la miscelánea causalidad que desencadenó su desaparición como costumbre. (…)

 En el caso de esta última incógnita, se agolpan varias y posibles especulaciones: solapamiento con cultos u oficios litúrgicos; probables dificultades logísticas para acceder con seguridad al lugar (toda vez que la prolongación de las obras en la fachada de la Catedral durante el siglo XX, con los correspondientes andamiajes y la obligada apertura de una intrincado vano lateral en la calle de Obispo Valero, es coetánea a las últimas fechas, centuria pasada, en las que parece estar constatada todavía la práctica de este uso); la progresiva ampliación de los cortejos y de los nuevos pasos procesionales, sobre todo, tras la Guerra Civil; el imaginable clima de desconcierto que podría forjarse a propósito de validar el estacionamiento en una área tan serena y mística como la Iglesia Mayor; etc.” (…)

 

Pérez Calleja.

 

METODOLOGIA

 “En aras de cimentar con la tiesura necesaria el posterior repaso y análisis trazado sobre el acontecer histórico de la Estación de Penitencia en el interior de la S.I.C.B. de Cuenca durante las procesiones de Semana Santa, parece menester e indicio plausible de seriedad en la trabazón de aquel, reflexionar abiertamente sobre el método empleado para hilvanar este conato de memoria de precedentes que ahora nos ocupa. (…)


  • Fuentes documentales

“Pese a que también se ha indagado en la documentación atesorada por otras instituciones, como el Archivo Municipal y alguna Hermandad conquense, han sido atendidos, fundamentalmente, tres depósitos concretos de información archivística: los Libros de Actas de la Junta de Cofradías de Semana Santa y el últimamente acrecentado Inventario de la misma (correspondencia, notificaciones, circulares, etc.), por tratarse de la entidad supraprocesional que, en términos generales y de modo estatutario, rige la organización de los desfiles pasionistas; las Actas Capitulares del Colegio de Canónigos de la Catedral de Cuenca, al ventilarse un propósito de trascendencia histórica y que tanto incumbe a las competencias de esta esfera curial; y, finalmente, el Archivo Diocesano de Cuenca (custodio, también, del Boletín Oficial del Obispado), como posible asiento notarial de cualquier documentación vinculante o comunicación mantenida al respecto con el universo nazareno. (…)

 

Los andamios de la Catedral, un obstáculo para la estación de penitencia.

 

  • Fuentes hemerográficas

Los diferentes periódicos locales y nacionales (principalmente, ABC y La Vanguardia durante la primera mitad de siglo pasado), en sus diferentes etapas de edición en la centuria anterior, constituyen un importantísimo paquete documental dotado, a su vez, de un enorme interés para el objeto de estudio aquí planteado y como afortunados testigos directos de nuestra manifestación religiosa y popular por excelencia a lo largo de los lustros.

De tal modo que, a excepción de El Progreso Conquense y Las Noticias, la paciente consulta de rotativos conquenses publicados con anterioridad a la Guerra Civil, como El Correo Católico, El Defensor de Cuenca, El Centro, El Día de Cuenca, Heraldo de Cuenca, La Opinión, La Voz de Cuenca, El Liberal o El Mundo, de consuno con los más recientes de Ofensiva, Diario de Cuenca, El Día de Cuenca, Cuenca Agraria, Nuevo Diario del Júcar, El Correo Conquense, Gaceta Conquense, La Tribuna de Cuenca, Crónicas de Semana Santa (y, sobre todo, con la implementación de los números extraordinarios dedicados a la Semana Santa), etc., han coadyuvado a la instauración de un algo más enjuagado semblante general de la materia. (…)

 

  • Otras fuentes impresas

En este variopinto apartado hay que acentuar, especialmente, el formidable valor divulgativo que, con las matizaciones y precaución que se impone, ostentan los sucesivos y codiciados Programas Oficiales de Semana Santa. Y es que, una parte nuclear de su contenido muestra, con diáfana precisión, las distintas rutas de la carrera procesional. Circunstancia esta última que, de común acuerdo a la periodicidad anual de su edición, bien pudiera testificar todo aquello referente y referido a la Estación de Penitencia: su ubicación, sistemática y evolución, ante todo. (…)

Por otra parte, el exiguo material fotográfico sacado a la luz pública sobre este aspecto concreto del ayer procesional conquense tampoco es, como dicho queda, excesivamente generoso; sobre todo, cuando se criban las primeras décadas del siglo pasado. Piénsese en la inexistencia (o profunda ignorancia) de información gráfica que haya inmortalizado la introducción de algún desfile en la Basílica, o el propio estacionamiento en su interior, descontando aquellas ocasiones impares u otras tuteladas por la lluvia. (…)

 

Curiosa fotografía de San Juan Evangelista, con sus andas en el suelo de la Plaza Mayor.

 

De los orígenes de la Semana Santa conquense hasta el siglo XVIII: el Antiguo Régimen y el Siglo de las Luces

Pretensión altamente desmesurada y fatua sería el espinosísimo ejercicio de fechar, de modo categórico, el momento a partir del cual comenzó a desarrollarse esta práctica cuando todavía pertenece al pantanoso terreno del litigio historiográfico la mismísima datación natalicia de la Semana Santa de Cuenca, tal y como se deja entrever en los distintos y documentados trabajos publicados al respecto por autoridades tan doctas en ese escudriñamiento como Pedro Miguel Ibáñez, Antonio Pérez Valero o Julián Recuenco. (…)

Por otra parte, existe otro aspecto que parece apuntalar la presunta entrada en la Basílica para verificar la Estación de Penitencia en, al menos, alguna de las tres históricas procesiones conquenses de los primeros tiempos. De todos es conocido que la Iglesia Católica conmemora la institución del Sacramento de la Eucaristía el Jueves Santo. Hasta el extremo de ser perfectamente entendible la circunstancia lejana de desplegar procesiones catedralicias internas, al objeto de encerrar y desencerrar el Santísimo, como elemento primordial de la solemne celebración litúrgica dispuesta por la propia Catedral. (…)

Sin embargo, hay un aspecto colateral y relacionado con lo previamente apuntado que no puede obviarse. Se trata de una situación plenamente constatada y que convierte en caso realizable o hacedero la ya existencia remota de la renombrada Estación de Penitencia en el interior de la Catedral durante los primigenios desfiles de Semana Santa.

La importante devoción por el Santísimo Sacramento como culto celebrado en esos días insignes, era inercia abrazada por los diferentes miembros de los Cabildos encargados de escenificar las procesiones capitalinas y diocesanas de Semana Santa. Hasta el punto de que diversas ordenanzas concernientes a Hermandades de la Vera Cruz radicadas en el Obispado de Cuenca, a caballo entre los siglos XVI y XVII, amén de la celebérrima Concordia entre el insistentemente citado Cabildo de Nuestra Señora de la Soledad y la Iglesia de El Salvador fechada en 1603, conminan y visan la implicación activa de los cofrades en la veneración del Santísimo.

 

  • El siglo XIX: tiempos de crisis

 

Pese a la escasez de noticias tocantes a nuestro objeto de estudio que se han detectado durante esta centuria de aguda crisis para la Semana Santa de Cuenca y, en términos generales, para la capital castellana (situación asombrosa por la relativa contemporaneidad de la época decimonónica), ha sido presentado de manera acotada e independiente este período secular, como antesala indefectible del más productivo siglo venidero, debido a la especial relevancia de sendas noticias que afectan, de modo conexo y sintomático, al asunto de la Estación de Penitencia en el interior de la Catedral y a la propia Archicofradía de Paz y Caridad en su correspondiente ejercicio público de fe y Jueves Santo mediante.

 

  • La Estación de Penitencia durante la Semana Santa del siglo XX: la extinción de una posible práctica procesional desde antaño

La pasada centuria supone un período decididamente indicador, por su inmediación brutal en el tiempo, para arrimarnos a la paulatina y, a la postre y quién sabe si irreversible, erradicación de esta usanza penitencial, al menos como se ha estado entendiendo desde el punto de vista histórico y siempre relacionada con los cortejos pasionistas. Tanto es así que estamos en condiciones de ratificar que será durante este reciente y pasado siglo, como puede deducirse de forma expedita, cuando caiga en desuso la repetida práctica de ingresar protocolariamente con los pasos procesionales en el interior de la Catedral de Cuenca. (…)

 

Únicamente otro episodio puntual, también delantero de la Guerra Civil, podría haber prestado noticias añadidas y relativas al estado de la cuestión que se está ahormando acerca de la Estación de Penitencia, o a partir del descanso procesional arbitrado cuando los cortejos pasionistas inundaban la Plaza Mayor. Es el que tiene que ver con el doloroso accidente que malparó la antigua efigie religiosa de Jesús con la Caña en el año 1934, con motivo de las tortuosas maniobras llevadas a cabo por los banceros a la entrada del paso a la Catedral. Y en lo que, por cierto, podría haberse convertido en otra causa (y no se sabe hasta qué punto endeble) del desistimiento o interrupción de esta práctica como uso habitual. (…)

Superado el siniestro ínterin belicoso de la Guerra Civil española, que desarboló el patrimonio imaginero de nuestra Semana Santa casi por completo, los desplomados desfiles pasionistas fueron recuperando el agrietado pulso durante la década de los años cuarenta mediante la ingeniosa y acertada provisión de tallas religiosas y en lo que se ha venido denominando, con ducho atino, como la gran reconstrucción de la Semana Mayor conquense. (…)

 

La Hermandad de Jesús del Puente le entregó un cuadro con una imagen de su titular.

 

En el Programa Oficial editado en al año 1943 y al historiar la llegada de las procesiones a la Plaza Mayor, los comentarios literales sobre los distintos cortejos pasionistas  de la Semana Grande hablan de cómo hacen “[…] estación en la Santa Iglesia Catedral Basílica, y después de un breve descanso desciende por Alfonso VIII”. Y, también, de la aspiración de “[…] llegar a la plaza Mayor; haciendo alto en la Catedral y tras un breve descanso [descender] por las mismas calles. (…)

 

De lo hasta aquí enumerado, bien podría señalarse que la Estación de Penitencia o el descanso cofrade estaría desarrollándose en el seno de la Iglesia Mayor, pero ya apelamos, en múltiples ocasiones, a la cautela de la que debemos servirnos debido a las razones hasta aquí explicitadas. Así, no sin antes refrendar dos circunstancias que podrían desemparejar decisiones y voluntades (como es el referido caso de las sempiternas obras de la portada catedralicia y el tamaño de unos pasos procesionales que irá in crescendo a partir de la década en la que nos situamos); en el sentido anteriormente tratado hay que recalcar, de nuevo, un par de elementos muy a tener en cuenta sobre el estacionamiento penitencial en la Plaza Mayor y durante estos apasionantes y frenéticos lustros. (…)

Por un lado e inicialmente, se hacía mención, de manera excepcional, al año 1945. Y es que, en uno de los dos Programas sobre los festejos de Semana Santa salidos a la luz, a raíz de aquel mismo ciclo pasionista, queda constancia escrita de que, al menos para la procesión del Silencio, “[…] los “pasos” entran en la Catedral y después de un prudente descanso se reanuda el cortejo […]”.

 

Lógicamente, la revisión cronológica toca a su fin de manera inminente pues, a partir del decenio de los años setenta, sólo el carácter excepcional de algunas circunstancias sobrevenidas o conmemorativas han permitido la entrada de las Imágenes procesionales en el interior de la Catedral, ya sea para ensamblar la interrupción momentánea del desfile o como punto y final de la carrera (vuélvase a reparar, paralelamente, en el caso desigual y heterogéneo del Santo Entierro). (…)

En cualquier caso y finalmente, adjudicaremos una postrimera información que, citada y proveniente de la Junta de Cofradías, hay que situar una vez inaugurado el periplo de los señalados años setenta. Más allá de corroborar la ciclópea dilación en el tiempo de esta problemática, asumida como tal por muchas fracciones nazarenas de Cuenca, resulta harto esclarecedora puesto que confirma, atendiendo a los propulsores del contenido galvanizado, la admirable sensibilidad que esta Archicofradía de Paz y Caridad siempre ha profesado hacia este asunto: “JUEVES SANTO.- Los representantes se lamentan, en general, de la imposibilidad que tienen de recoger las imágenes en la Catedral, lugar mucho más decoroso que la propia Plaza Mayor. La Junta entiende de que deben hacerse las cuestiones oportunas para ver la forma de que se acceda a este deseo, largo tiempo sentido”. (…)

— Del material acaparado y analizado en el informe que ha sido conformado, se evidencia cómo, desde tiempo antiguo y con mucha probabilidad hasta el siglo pasado, la Estación de Penitencia se desarrollaba regularmente en el interior de la Catedral cuando las procesiones alcanzaban la Plaza Mayor. Por lo tanto, parece muy discutible (si no impugnable), a la luz de los documentos, cerciorar como una suerte de inamovible situación natural, de orden tradicional e histórico, el asentado modo actual de formular el descanso de los cortejos. En sentido contrapuesto a lo apuntado, el privilegiado retrovisor del tiempo convierte en cosa debatible y polémica también –cuanto menos y prevenidos de los múltiples claroscuros e incisos catalogados–, algunos aspectos intrínsecamente soldados a, entre otras parcelas, la propia tenacidad histórica de la Estación de Penitencia en el interior de la Iglesia Mayor.

 

—   La Estación de Penitencia en el interior de la Catedral, en sentido estricto, o el descanso procesional en la Plaza Mayor a partir del alojamiento de las Imágenes en las dependencias del primer templo conquense (ahínco más suspirado en las últimas décadas), se convirtió por derecho propio, pese al declive visible en el último siglo, en una ansiada esperanza del imaginario nazareno conquense; en aras de reconquistar un uso o hábito penitencial más devoto, misericordioso, recogido y estético, que el más desorganizado, descocado y preponderante a la intemperie de la Plaza Mayor.

— Por último, muy indicativo será cómo son, precisamente y en relación a la documentación esquematizada, la procesión de Jueves Santo y la Archicofradía de Paz y Caridad las que, con sus históricas hermandades implicadas y desde tiempos distantes hasta época bien contemporánea, han venido abanderando la práctica citada mientras se empleaban a fondo –en el caso de las últimas estaciones y reciente actualidad–, en el acucioso interés racional por restaurar esta, por otra parte, riqueza penitencial añadida.”

El amplio trabajo de José Israel Pérez Calleja, que aquí hemos resumido, bien merece las páginas de alguna publicación nazarena, dada la impagable información que aporta sobre una parte y un aspecto sustancial de los desfiles de nuestra Semana Santa a su llegada a la Plaza Mayor, frente a la Catedral, en lo que denominamos “Cuencalvario”. Como colofón al acto, el secretario de la Hermandad, José Manmuel Alarcón, y el hermano mayor, entregaron a Israel un cuadro con la imagen gráfica de la portentosa talla de Jesús Nazareno del Puente.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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