Altares de hermandades nazarenas en el Corpus de Cuenca

Recién llegado el verano en la jornada sabatina del 21 de junio, con la ciudad alta llena de visitantes, el domingo 22 se celebró la tradicional procesión del Corpus Christi, quizá la más antigua procesión de la ciudad, que antaño tenía lugar en uno de los jueves que relumbran más que el sol (Jueves Santo, Corpus Christi y el día de la Ascensión) y que desde 1980 tiene lugar en el domingo siguiente al de la Santísima Trinidad. La procesión, que recorre el Casco Antiguo de Cuenca en descenso, mantiene el brillo de la límpida austeridad, pues aunque no se muestran objetos de gran valor sí se muestra en el cortejo la sencillez de los objetos.

 

Abría la comitiva eucarístuca la Cruz alzada.

La procesión partió de la Catedral pasadas las once y media de la mañana. Este año no había portadores para la umbela y el emblema catedralicio, pues sobre todo la umbela requiere un fornido portador. Organizado el cortejo de la solemnidad del Cuerpo de Cristo, por la Junta de Cofradías de la Semana Santa de Cuenca, la procesión fue formando hilera de guiones y cetros de hermanos mayores.

 

Guiones de San Juan Evangelista y de la Soledad de San Agustín.

Todas las hermandades nazarenas estaban presentes, así como los caballeros del Santo Sepulcro con sus blancos uniformes de roja botonadura y bonete, al igual que las Damas de la Congregación de la Soledad y de la Cruz, con pulcro vestido azabache y mantilla negra. Entre negros y blancos, con la blancura de los niños de Primera Comunión, los colores lo ponían las fachadas de Alfonso VIII, Andrés de Cabrera y El Escardillo, e incluso la Avenida de la Virgen de la Luz, también de distintas tonalidades.

 

Guión del Santísimo Cristo de la Agonía.

Guiones y estandartes de otras hermandades de la ciudad, como el de la Virgen de la Luz, la Hospitalidad de la Virgen de Lourdes o el de San Isidro Labrador (Vulgo de Arriba), con dibujo de Víctor de la Vega en el emblema ovalado,  y enseñas eucarísticas. Niños y niñas de primera comunión, arrojando pétalos al Santísimo desde la balaustrada de la calle Alfonso VIII o por Palafox, aprovechando las alturas del recorrido.

 

El obispo inciensa al paso de la Custodia.

Presidía el prelado José María Yanguas, asistido por Gonzalo Marín, rector del Seminario y Cabildo catedralicio, con paradas ante los cinco altares; bendiciones y cánticos del Coro de la catedral. La Sagrada Custodia, sobre andas, era portada por 20 banceros, dando escolta miembros de la Benemérita Guardia Civil.

Altar del Bautismo, bajo los arcos del Ayuntamiento.

El primer altar estaba situado bajo los arcos del Ayuntamiento, montado por la Hermandad del Bautismo de Jesús, que causó la admiración del público. Resaltaba la figura de un Niño Jesús en la engalanada exposición eucarística.

 

Altar de la Virgen de la Esperanza, en Alfonso VIII.

El segundo altar se situó delante de la Casa del Corregidor, antiguo Juzgado, y de su montaje se encargó la Hermandad de la Virgen de la Esperanza, también con exquisito gusto artístico.

 

Altar del Cristo de los Espejos, junto a la Puerta de San Juan.

En el cruce de la calle del Peso, en el montículo de la antigua iglesia de San Juan Bautista se colocó este año, por vez primera, un altar por parte de la Hermandad del Cristo de la Luz (Vulgo de los Espejos), con una pequeña imagen de un Cristo de los Espejos. Las manos de los siempre recordados hermanos Pérez del Moral se advertían en la pequeña talla, así como la excelente puesta en escena del altar ante las escalinatas del inicio del muro de Alfonso VIII, aun con sus vergüenzas de piedra y alcantarillado a la luz de todos. (“Este es el muro que sale en la televisión”, comentaban unos excursionistas de Castilla-La Mancha).

 

Altar de la Santa Cena, en la curva del Escardillo.

En la curva del Escardillo, delante del hermoso edificio de rojizo color, se situó un año más el altar de la Hermandad de la Santa Cena, en el que brilla con luz propia la imagen de Jesús, con su dulzura mirada, en el acto de institución de la Santa Cena. También muy artísticamente montado, cuajado de flores y romero en el suelo.

El quinto altar se colocó junto a la puerta de la iglesia de la Virgen de la Luz, a cargo de la parroquia, desde el cual se hizo la adoración final de la Custodia, con el puente de San Antón repleto de fieles y guiones cofrades.

 

La Junta de Cofradías y Museo de la Semana Santa, con sus mejores galas.

En algunos balcones del recorrido se colocaron colchas, tapices, flores y tiestos, destacando sobremanera el edificio de la Junta de Cofradías, vestido con sus mejores galas moradas para esta ocasión de la brillantez del Corpus, tan distinta a las tristuras del Jueves y Viernes Santo.

La presidencia municipal la ejerció el teniente de alcalde, Darío Dolz, siendo acompañada la Corporación Municipal de gobierno y oposición bajo mazas.

El teneinte de alcalde, Darío Dolz, ejerció la presidencia municipal.

También figuraba el subdelegado del Gobierno, Ángel Mariscal, acompañado por el coordinador de los servicios periféricos de Agricultura, Javier José Zaballos, en representación de la Junta de Comunidades; el subdelegado de Defensa, José Félix Barón y el teniente coronel de la Guardia Civil, Fernando Montes, y tras la curia, los miembros de la Junta de Cofradías.

Cerraba el cortejo la Banda de Música de Cuenca, dirigida por Juan Carlos Aguilar.

Guión de San Isidro (de Arriba), dibujo de Víctor de la Vega.

La mañana de calor y color puso el broche a la sencilla pero emotiva procesión del Corpus en Cuenca, de rancia tradición, sin grandes oropeles, pero con fervor y silencio, sólo roto con obligados cánticos eucarísticos y marchas procesionales, que tanto resuenan en el callejero del Casco Antiguo y su zigzagueante trazado.

 

 

 

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