El cementerio de Cuenca se inauguró en 1899

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SITUADO ENTRE EL PARAJE DE EL POZUELO Y LA DEHESA DE SANTIAGO EL CAMPOSANTO “CRISTO DEL PERDÓN” HA CUMPLIDO 115 AÑOS

–EN 2002 LA GESTIÓN MUNICIPAL PASÓ A UNA EMPRESA PRIVADA

El Cementerio “Santísimo Cristo del Perdón” de Cuenca cumplió su centenario en 1999 sin ninguna celebración especial salvo la de su lógica ampliación a lo largo de los años. La novedad más relevante en los últimos años fue que en diciembre de 2002 el Ayuntamiento concedió la gestión del cementerio a la UTE Grupo Empresarial Granero y Urgencias Fraga, la cual realizó una serie de mejoras, entre ellas la construcción de un horno crematorio y otras obras importantes para el mejor desarrollo de la actividad de los diferentes servicios que se prestan. También cabe destacar la justa reivindicación de la Asociación por la Recuperación de la Memoria Histórica para recordar, en un Espacio adecuado con su correspondiente placa y nomenclatura de nombres y fechas, al medio millar de víctimas del franquismo. Paz y Respeto, y sobre todo Recuerdo.  Con ocasión del Centenario del Camposanto de Cuenca publicamos un reportaje en “El Día de Cuenca” el 2 de noviembre de 1999, en la serie Páginas de mi Desván, que recuperamos en esta fecha del 1 de noviembre, Día de Todos los Santos, sobre lo que supuso la puesta en marcha del cementerio hace 115 años.

 FUE BENDECIDO EL 29 DE MAYO POR EL OBISPO PELAYO GONZÁLEZ

El Cementerio “Cristo del Perdón” fue bendecido el 29 de mayo de 1899, aunque hasta el día 1 de julio no se llevaron a cabo los primeros enterramientos. Según los datos que recogemos del semanario conquense “El Correo Católico”, ya en el año 1882 se hizo el primer plano de lo que iba a ser el nuevo camposanto de Cuenca y lo realizó el arquitecto Rafael Alfaro. En 1894 fue modificado por el arquitecto Carlevaris y cuando ya el proyecto de construcción se iba a poner en marcha, el nuevo arquitecto municipal, Carlos Carbonell, introdujo igualmente algunas modificaciones al plano que publicamos y que es de 1896.

Plano de 1896 a escala 0'001 por metro de lo que sería el nuevo cementerio de Cuenca en 1899.
Plano de 1896 a escala 0’001 por metro de lo que sería el nuevo cementerio de Cuenca en 1899.

En el paraje de El Pozuelo se llevaba a cabo la construcción del cementerio sobre una superficie total de 19.470 metros cuadrados con el terreno que le rodea. El cuadro grande tenía 13.375 metros, las sepulturas para párvulos 274 y lo mismo el cementerio civil. En el plano que insertamos no se tuvo en cuenta la construcción de nichos ordinarios y más tarde se autorizó que se llevase a cabo esta obra, que era una de las modificaciones realizadas por el arquitecto Carbonell. A primeros de mayo el gobernador civil instaba al Ayuntamiento a tomar medidas para poner en marcha el nuevo cementerio ante la imposibilidad de que continuase por más tiempo abierto el antiguo.

TEMPRANERA BENDICIÓN CON TODAS LAS FUERZAS VIVAS

El lunes 29 de mayo de 1899 tenía lugar la bendición del nuevo cementerio a las ocho de la mañana, a cargo del obispo de Cuenca, Pelayo González Conde, quien curiosamente fallecería meses más tarde, es decir, el 18 de noviembre, a los 71 años de edad; acompañaban al prelado el gobernador civil, Carlos González Rothwos y señora (era su último acto oficial, porque días más tarde fue nombrado gobernador civil de Santander, relevándole en el cargo José Galván y Llopis); el alcalde Santos Fontana y esposa y los señores Provisor y Secretario de Cámara del Obispado; los señores José Gómez Madina, Antonio Muñoz Pastor, Jesús Contreras, Agustín Plaza, Cecilio Martínez, Gregorio de la Torre, Francisco González Herrero, Manuel Domínguez Sanahuja, Pedro Turégano, Acisclo Domínguez, Jesús de la Plaza, Jesús Moreno, Manuel Vázquez, Carlos Carbonell, Urbano Mendavia, Darío Castillo, Jaime Castañeda, Abelardo López Fontana, Mateo Contreras, Ramón Herraiz, Eusebio Ramírez, Felipe Morales, Manuel Pérez Muñoz, Leopoldo Garrido, Manuel María Santos, Gabriel Tévar, Sebastián Benítez, Carlos y Enrique Martínez-Raga y José María Vallejo.

Resaltaba igualmente la presencia del teniente coronel y comandante de la Guardia Civil que junto al teniente Priego, asistieron a caballo y de uniforme, acompañados de algunos guardias de caballería. Toda una puesta en escena para un acto que como dice la reseña “revistió extraordinaria solemnidad al tratarse de un suceso que no suele repetirse en el curso de algunas generaciones”.

El obispo Pelayo González, revestido de pontifical, bendijo el nuevo cementerio, “lugar destinado a ser la última morada de los hijos de esta ciudad; lugar que desde aquel momento se llama Campo Santo, es decir, campo consagrado por la Iglesia católica, y destinado a proporcionar el último asilo a los cristianos que mueren en el seno de esa madre amorosa”.

Pero antes de proceder a la bendición, el prelado pronunció unas palabras a la muchedumbre que le rodeaba; la plática fue tan elocuente y acomodada a las circunstancias del momento, “que impresionó hondamente al auditorio”, resaltaba el cronista de “El Correo”, que más adelante resumía la oratoria del prelado con  esta frase tan precisa: “este lugar de descanso es el único verdaderamente nivelador de las jerarquías humanas”.

Tumbas en el "Cristo del Perdón". Foto realizada por José Luis Pinós en noviembre de 1980
Tumbas en el “Cristo del Perdón”. Foto realizada por José Luis Pinós en noviembre de 1980

“EL MUERTO AL HOYO Y EL VIVO AL BOLLO

En la crónica de la inauguración se resalta que los invitados a la inauguración fueron al cementerio en coches de caballos preparados por el Ayuntamiento, en tanto que la Banda de Música Municipal saludaba la llegada y despedida del obispo con la marcha de Infantes.

De regreso a Cuenca, los invitados se trasladaron a una de las dependencias del Ayuntamiento donde fueron obsequiados a un refresco, mientras la Banda de Música interpretaba una serie de composiciones en la Plaza Mayor. Merecía la pena la celebración. Ya conocen el refrán: “el muerto al hoyo y el vivo al bollo”.

SIN SERVICIO DE CEMENTERIO POR FALTA DE CARRUAJES

Tras el “piscolabis”, ese mismo lunes 29 de mayo, el Ayuntamiento celebraba sesión y entre otros acuerdos tomaba los siguientes:

– Suspender hasta el 1 de julio la apertura del nuevo cementerio por no poder disponer de carruajes fúnebres hasta la segunda quincena de junio.

– Archivar la instancia presentada por don Ignacio Junquito, solicitando la plaza de capellán del cementerio.

En la misma sesión municipal el concejal Luis Monreal renunció a su cargo por estar desempeñando un empleo público.

Días más tarde el propio Ayuntamiento sacaba a concurso el servicio de coches fúnebres, nombraba como conserje del cementerio a Esteban Ramírez y acordaba jubilar al sepulturero Bruno López, nombrando para el cargo a su hijo, Manuel López. Todo se iba preparando para la apertura del nuevo cementerio el día 1 de julio.

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PRIMER ENTERRAMIENTO: UN ANCIANO DEL ASILO

Hacia el día 20 de junio se adjudicaba el servicio de coches fúnebres para los pobres de la ciudad a don Simón Martínez por la cantidad de 1.400 pesetas y también en esas fechas se hacía pública la tarifa de enterramientos  por parte del Ayuntamiento. “El Correo Católico” se hacía eco en su número del 15 de julio que la primera inhumación efectuada en el nuevo cementerio era la de un anciano del Asilo de las Hermanitas de los Pobres.

En ese mes de julio fallecía en Cuenca  a edad avanzada Eusebio Sanchiz, que había sido alcalde de Cuenca y era padre de Salvador, Ramón y  Rogelio Sanchiz, éste último insigne bibliotecario y gran colaborador de la Semana Santa de Cuenca.

NUEVO ALCALDE POR UNOS MESES Y DEUDA MUNICIPAL

Si el día 1 de julio se había puesto en marcha el servicio del cementerio, el mismo día quedaba constituido el nuevo Ayuntamiento de Cuenca que, tras la elección de cargos, quedaba como sigue: alcalde, Basiliso López Cavero; primer teniente de alcalde, Cecilio Martínez; segundo, Agustín Plaza; tercero, Agustín Carretero; síndicos: Balbino Merchante y Antonio Muñoz Pastor. Al dar la noticia, el semanario conquense añadía este jugoso comentario: “Felicitamos a los elegidos y les deseamos acierto en el ejercicio de sus cargos. También les deseamos mucho dinero para pagar la enorme deuda municipal”. Nada nuevo hay bajo el sol cien años después.

VUELVE SANTOS FONTANA A LA ALCALDÍA

Le faltó al cronista desear mucha salud al nuevo alcalde, ya que pocos meses después, el señor López Cavero dejaba el cargo por enfermedad y le sustituía como nuevo alcalde don Santos Fontana, nombrado por Real Decreto del 19 de octubre, que tomó posesión el día 25 de octubre de 1899. López Fontana, que repetía como alcalde, señaló en si discurso que la primera vez se había encontrado una deuda de 200.000 pesetas, que había reducido en 60.000 al dejar el cargo, y que en su nuevo nombramiento como alcalde se encontraba con una deuda de 400.000 pesetas. Parte de los gastos venían del nuevo cementerio.

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“SEMANA DE TERROR”: CLIENTES PARA EL NUEVO CEMENTERIO

En aquel verano del 99 Cuenca contaba con dos cementerios: el viejo y el nuevo, realizándose poco a poco la traslación de cadáveres. El caso es que en aquel año los sucesos en la capital estuvieron a la orden del día con riñas, disputas y peleas que causaron algunos muertos. En la llamada “Semana de terror” por la prensa conquense se produjeron distintos sucesos en los que no faltaron “tiros, palos y puñaladas”.

“Como se ve, señalaba “El Correo”, la semana ha sido bien aprovechada por la gente de nervio y vino”. Lamentablemente más de uno terminó sus días “de vino y riña” en el nuevo cementerio…

INICIATIVA DE UN CONCEJAL PARA EL DÍA DE TODOS LOS SANTOS

Para concluir este repaso a lo que fue la bendición y puesta en marcha del cementerio “Cristo del Perdón” en 1899, recogemos la iniciativa que tuvo el concejal José Gómez Madina en una de las sesiones municipales del mes de octubre de aquel año en las que entre otras cosas pedía:

1. Que durante los días de Todos los Santos y de finados, se fije en las puertas de los cementerios municipales un bando del alcalde, prohibiendo los escándalos que con blasfemias, frases obscenas y alborotos se han dado otros años, con menosprecio de esos lugares benditos y de los sentimientos cristianos de las gentes honradas que a esos santos lugares concurren.

 – 2. Que para el exacto cumplimiento de ese bando se establezca en ambos cementerios guardia permanente de agentes de la autoridad, a los cuales se harán responsables de las transgresiones que no sean corregidas y denunciadas.

 – 3. Que se consigne en presupuesto una cantidad para hacer un jardín en el cementerio viejo y construir una casita para un guarda jardinero.

4. Que anualmente se repare dicho cementerio y se hagan las necesarias obras de conservación para cuidar y honrar debidamente los restos de los queridos seres que allí reposan.

La iniciativa fue aprobada por unanimidad.

DIPUTADO DE ÁNIMAS

Como notas finales, incluimos estos dos  apuntes locales que reproducimos tal cual porque no tienen desperdicio:

–  “Para el día de ánimas está convocada la Excma. Diputación Provincial. Se ignora todavía qué diputado será el que saque ánima, es decir, la presidencia vacante por defunción del señor Abarca. Los candidatos parece que son los señores Escobar y Sierra”. El 4 de noviembre de 1899 era elegido nuevo presidente de la Diputación, Luis Sierra. En esa fecha se daba a conocer, además, que según la nueva distribución de fuerzas de la Guardia Civil se fijaba en 330 la dotación de la provincia de Cuenca, “diez individuos menos de los que hasta ahora existían”.

TRASLADO DE PRESOS ATADOS EN CUERDA A LA NUEVA CÁRCEL

– “El martes, último día de octubre, se verificó el traslado de los presos de la cárcel al nuevo edificio del correccional. Dirigieron el acto los señores alcalde, presidente y fiscal de la Audiencia. Gran número de curiosos presenciaron el desfile de los pobres presos, los cuales, atados en cuerda y custodiados por la Guardia Civil, cambiaron de domicilio sin que ocurriese la más pequeña dificultad. Ya era hora de arrancar a la población penal del establecimiento incómodo e insalubre que ha venido ocupando durante tantos años”.

José Vicente ÁVILA

Extracto del artículo publicado en “El Día de Cuenca”, del 2 de noviembre de 1999

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