Joaquín Caparrós

El fútbol tiene el maravilloso don de unir voluntades en torno a un club, a un equipo, y, al mismo tiempo, ser capaz de aglutinar a una sociedad que puede estar dividida por otras cuestiones de índoles distintas. El pasado 4 de marzo podíamos ver a través de la televisión cómo una ciudad era capaz de unir sentimientos a sus colores, inundando edificios oficiales y públicos, fachadas y museos de Bilbao, de colores rojiblancos. Todo ello, porque el Ahtletic Club de Bilbao, con seguidores en toda España (pues siempre los “leones” despertaron simpatías a nivel nacional), se jugaba frente al Sevilla la opción de poder estar en la final de la Copa del Rey, casi un cuarto de siglo después de jugar la última, precisamente frente al Barcelona, que será el otro rival, aquí al lado, en Valencia, el 13 de mayo. Y en ese estadio de San Mamés enfervorecido por el 3-0 que suponía tal logro, un hombre curtido y modelado con el barro de Cuenca, Joaquín Caparrós, dirigiendo desde el banquillo. Modelado en el fútbol-barro con pedestal de las rocas de Cuenca que festonean sus hoces.

Joaquín Caparrós Camino, nacido en Utrera, pero criado futbolísticamente en Cuenca, ha sido el entrenador capaz de devolver la ilusión copera al equipo más copero de España junto al Barcelona. La imagen de un feliz Caparrós en San Mamés, disfrutando de una noche inolvidable a la que tienen que seguir otras por su trabajo eficiente y constante, nos recordaba a este entrenador sencillo que se fue curtiendo por los campos de fútbol de Cuenca y de Castilla-La Mancha, entre la década de los 70 y 80, a base de tesón y sacrificio. De ingratas derrotas y maravillosos triunfos, como aquella tarde del 8 de junio de 1980 en la Ciudad Deportiva del Real Madrid, en la que la Balompédica ascendió a Tercera División, tras doce temporadas en el “infierno” de Preferente, Primera y Segunda Regional.

“¿QUE HA HECHO LA BALOMPÉDICA?”, PREGUNTA CAPARRÓS CADA DOMINGO

“¿Qué ha hecho la Balompédica?”, pregunta Caparrós cada fin de semana, como preguntan tantos conquenses y allegados desde que se inició la andadura del club hace 62 años. “¿Qué ha hecho la Balompédica”, preguntaba cada mañana o cada tarde la afición cuando jugaba lejos de La Fuensanta, y Román de Lerma y después Emilio López, daban la crónica en Radio Peninsular, tras la sintonía de “Barras y estrellas”, y años después José Luis Pinós en RNE, tras muchas temporadas captando fotos detrás de las porterías y escribiendo además las crónicas para el periódico.

 

Recordaba Pedro Boni, segundo de Caparrós en el Conquense, que un día pasó por su cafetería José María del Nido, presidente del Sevilla, junto a su esposa e hijos, y le preguntó las razones por las que había renovado a Caparrós: “Por su trabajo”, contestó Del Nido. Caparrós llegó a Cuenca con apenas 20 años, procedente del Real Madrid de Aficionados, para integrarse en una plantilla que tenía el objetivo de ascender con el cordobés Ángel Torres como entrenador. Además de Caparrós, el regreso de Jesús Martínez Abarca “La joya de La Fuensanta”, el meta Ramón, Félix, Ortiz, Hortelano, Villanueva (ambos fallecidos en plena juventud por distintas circunstancias), Arguisuelas… y Pepe López como presidente, junto a Julián Cañamares y Carlos Lacort, siempre en la brecha blanquinegra.

Se logró el hito en aquella campaña 79-80 de hace treinta años y allí estaba Caparrós, feliz, con sus primeros triunfos futbolísticos y viendo nacer en Cuenca a sus hijos Adrián y Darío. Caparrós colgó las botas tras años fructíferos en el Conquense, Tarancón y San José Obrero, y no se conformó con trabajar en la empresa Travenol, sino que siguió los cursos de entrenador sacando tiempo de su poco tiempo. Los banquillos de Motilla y Campillo fueron la base de esa afición que llevaba dentro, la de ser entrenador. Con el Conquense ya entrenó en categoría nacional, para seguir su periplo en Alcázar de San Juan, donde coincidió con Antonio Cazalilla. Y después, en el extremeño Moralo, con viajes de ida y vuelta a Cuenca para atender las Escuelas Municipales.

Un trabajador nato y neto, sacrificado. Huelva le abrió las puertas de la Segunda División, y tras un breve paso por Villarrreal, por los gajes del oficio, llegó a su Sevilla natal para triunfar en el Sánchez Pizjuán como si fuera la Maestranza. Y de Sur a Norte, pasando por La Coruña, y ahora Bilbao, donde le queremos ver después del 13 de mayo, bajar con la gabarra por las aguas del Nervión, tras haber navegado con éxito por el Júcar y el Guadalquivir. Caparrós, el entrenador sevillano de Cuenca, ha devuelto la ilusión a la gran afición de la Catedral. ¡Zorionak!

EL DIA, 9 de marzo de 2009

 

 

 

 

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