Días de feria (La Hípica)

Adiós a  la Feria de San Julián-99. ¡Viva la del 2000, que bien merece un esfuerzo de feria grande para empezar el nuevo milenio. El calor ha sido la nota dominante de los días feriados junto a actos festivos de gran tradición y otras actuaciones individuales o colectivas, y algunas que poco dicen o se cuelan de rondón en el programa ferial aprovechando cualquier resquicio. Los nombres propios de San Julián-99 van desde el gran triunfador de la Feria Taurina, Miguel Abellán, que no estaba en los carteles, hasta un Juan Manuel Serrat imperecedero, como bien calificó Javier Semprún en su reseña, entonando los temas del cantautor catalán mientras los dedos se desparraman por las teclas del ordenador.

Entre los brillantes protagonistas, la compañía de danzas de Carmen Cortés o la Compañía Lírica con sus zarzuelas, bajo la dirección de Amengual. El Real Madrid de Baloncesto, la Balompédica con el At. de Madrid B, el ciclista de la ONCE, Rebollo, o el circo que tantos días ha estado por aquí. Las casi tres horas de “Extremoduro” en la madrugada sabatina bajo la luz de la luna y el clamor más que juvenil, y, cómo no, la nota amarga de la ausencia de Gila por enfermedad. Al teléfono, Gila: “que estoy malo; que se ponga mi suegra, digo el alcalde, que no puedo ir”. Pena de no tener a Gil y quedar ese día vacío de actos como otras tardes. Conviene una mirada al programa festivo para evitar días de mucho y otros de casi nada.

La feria ha traído famosos a Cuenca, cosa que es bueno resaltar. Es bueno contar con figuras conocidas y sobre todo escritores y periodistas que nos cuenten su experiencia, aunque en algún caso sea para sacar los colores taurinos. En los toros hubo famosos del espectáculo y del mundo taurino, y en el concierto de Serrat, no faltaron Mari Carmen sin sus muñecos (también en barrera en los toros o paladeando la gastronomía conquense en La Ponderosa, donde se pide con fuerza el AVE por Cuenca) y José Barrionuevo, que descansa en el pueblo conquense de su esposa.

LOS CABALLOS, DESDE 1958

Sin embargo, la feria de San Julián tiene su epicentro en la Hípica una vez que han pasado los toros, que es el acontecimiento que más gentes atrae a Cuenca. San Julián ya no sería lo mismo sin el Concurso Hípico que inició su andadura en el año 1958, en el estadio de La Fuensanta, de la mano de Gregorio de la Llana, a la sazón concejal de Festejos. Cosa curiosa, fue el único año que no hubo toros en Cuenca porque el arquitecto municipal había preparado un informe hablando del peligro de “ruina” que ofrecía el coso conquense. Se hicieron las pruebas de rigor con sacos de cemento y dicen que no se movió ni un ladrillo. Pero toros no hubo aquel año. Y arrancó el Concurso Hípico.

Recuerdo aquellos desfiles de los caballos con sus cuidadores por la calle de Colón camino de La Fuensanta, golpeando con el pavimento. El “clo, clo, clo” de las pisadas en el pavés, era como un anuncio de que la Hípica iba a comenzar unos minutos más tarde, con esa voz que impregnaba el ambiente desde los altavoces: “¡Preparado “Norteño”, prevenido “Indómito”, en pista, “Aguilito” montado por el señor Amorós”. Chaquetilla roja lucía Amorós, que resaltaba entre la uniformidad de los jinetes militares con sus botas negras o marrones y sus gorras de plato y estrellas. A duro la apuesta.

Decía la otra noche el alcalde de Cuenca, en la entrega de premios a los jinetes, que lo único que no habían subido en España en los últimos treinta años eran la brillantina y el Concurso Hípico de Cuenca. Las apuestas a veinte duros tienen el tirón de la juventud, aunque en la Hípica se dan gentes de todas las edades que disfrutan con el Concurso y las apuestas. Es el gran espectáculo de la feria, que además reporta beneficios, con lo que todo lo que se haga por él es poco. Que hay doce millones para la Hípica, pues mucho mejor porque los va a sacar con creces. Importa, como recordó el alcalde, que la pista se mejore, pues las piedrecitas han ido apareciendo y ello va en perjuicio de los participantes. Manos a la obra tiene la Diputación, como propietaria del recinto para que se adecue la pista a lo establecido, e incluso bien podría apoyarse de nuevo a la Escuela de Hípica de Cuenca y a los Amigos del Caballo para que vuelvan a organizar su feria del caballo y ese concurso para jinetes noveles.

Cada tarde de feria, de los cinco días de hípica, más de cuatro mil personas han pasado por el recinto, han disfrutado y sufrido con las apuestas, y además han conocido los peces de colores de Acuariofilia. ¡Que más se puede pedir! Que no falten los caballos ni Antonio de Conca para contarlo. Felicidades, compañero..

EL DIA DEPORTIVO, 30 de agosto 1999

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