“Cuenca, capricho de la Primavera” (I *)

“CUENCA, CIERTA Y SOÑADA”. LA PRIMAVERA. Guión de José Vicente ÁVILA

El largo “puente” festivo, que ha coincidido con el X Aniversario de Cuenca Patrimonio de la Humanidad, ha venido a demostrar que Cuenca y su provincia están en la cresta de la ola del turismo. El viernes 8 de diciembre fue para la Hostelería como un “viernes santo”, que es el fiel de la balanza, como bien dicen Rafa y Ángel Millán, de “La Ponderosa”, cita de la calidad gastronómica. Incluso estos días “La Luna de Metrópoli”, de “El Mundo”, ha dedicado en su escapada tres páginas a las conmemoraciones que aluden a nuestra ciudad, con el título “Cuenca se rinde al Arte Abstracto”. El “puente” también ha demostrado que queda mucho por hacer en la ciudad con el tráfico y otras cuestiones puntuales de precios y limpieza.

En nuestro particular homenaje al X Aniversario de la Ciudad Fortificada, nos guiamos por la Cuenca cierta y soñada, capricho primaveral:

Vista de Cuenca desde San Isidro. Foto Josevi
Vista de Cuenca desde San Isidro. Foto Josevi

“Cuenca despierta a la Primavera de su sueño en la platinoche invernal. El gallo canta entre las Hoces en un amanecer interminable. Liban las abejas de flor en flor en los jardines de la ciudad, y su sonido en vuelo nos recuerdan la guitarra de Segundo Pastor. Los ababoles de hojas vellosas y encarnadas pugnan entre los lirios en esta Primavera de Cuenca, de rocíos matinales, que llega como una eclosión de contrastes y sentimientos. Los almendros en flor entonan su bienvenida a la Primavera conquense, entre trinos que salen de las hiedras en el Amanecer de Cuenca, con el rosicler del alba. Los tambores y clarines relucientes, y luego velados y desafinados, anuncian la Primavera doliente de la Cuenca morada y verdeluto.

La ciudad de cuestudas y estrechas calles sirve de pórtico para la Pasión de Cuenca, que todas las primaveras arrima el hombro para llevar en andas el peso de la cruz y el arte de sus mejores imagineros: Marco, Bueno y Marín, además de Coullaut y Capuz. Procesiones de atardeceres morados y escarlatas; noches de silencio de capuces blancos y olivos que se acompasan con la música de “Nuestro Padre Jesús”, entre el brillo de la luna más que llena de blanco y cruces blancas en el Cerro de la Majestad, sólo roto con los misereres que rasgan el alma y llevan ecos de las doce campanadas de Mangana.

Cristos de la Agonía, por Alfonso VIII, la antigua Correduría. (Foto Josevi)
Cristos de la Agonía, por Alfonso VIII, la antigua Correduría. (Foto Josevi)

Tarde de paz y caridad de granates-morados-caña-beig y negro entre el rumor del Júcar y las campanas de la Virgen de la Luz, la Patrona que se queda sola en su camarín, cuando la Soledad del Puente cruza el Puente de San Antón.

Madrugadas de turbas y silencio, con la Cruz a cuestas desde la misma puerta de El Salvador para cruzar puentes y pretiles en el amanecer santo de Luis Calvo; mediodía de amarillo fulgor de la hora nona, con los Cristos en el Calvario midiendo la estrechura de la calle del Peso por la que el paso sí pasa, serpenteando en el descenso junto al árbol morado de Judá de la curva de Palafox. Y noche callada y sobrecogedora con los cirios del Yacente que no apaga el viento el llanto del último miserere.

ALMENDROS EN FLOR ENTRE LAS DOS HOCES

Verdea la ciudad rocosa. Los almendros se tornan rosados como los árboles que pintan el camino de las Angustias por los Descalzos, entre hiedras que se descuelgan de San Miguel a San Martín, entre dos hoces, como entre dos ríos, Júcar y Huécar, en la sinfonía de luz y color de la Primavera de Cuenca: “En las laderas del Júcar, caída indolentemente en la falda de la vieja Cuenca, surge la ermita de las Angustias, centro de peregrinación conquense, de manera especial en los días santos de la Primavera”, escribe Eduardo Zomeño, que añade:  “Un convento que modeló el paisaje a los olmos del camino y a los olmos negros del mínimo atrio, a la senda rústica que iba desde la casa del doctor Vallejo hasta la Moratilla, cincelándose una regularidad con la geometría tallada en cruces de piedra clara de las canteras de Arcos de la Cantera”.

(*) “Cuenca, cierta y soñada, capricho de la Primavera”. Guión de José Vicente Ávila. 1995. Con la serie de las cuatro estaciones nos sumamos al décimo aniversario de Ciudad Patrimonio de la Humanidad.

El DIA, 11-12-2006

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