Conferencia en la Peña Taurina de Casasimarro: “El hito de Cuenca en 2008”

Día del Socio de la Peña Taurina de Casasimarro. 19 de diciembre de 2008. Conferencia de José Vicente Ávila “Chicuelito” en la magnífica sede construida por los propios socios. Una maravilla con fachada como si se tratase de una plaza de toros. Acompañan al crítico el presidente de la Peña de Casasimarro y el presidente de la plaza de toros de Cuenca, Ángel Muñoz.

“Es un placer volver a Casasimarro veinte años después de mi primera intervención aquí cuando la Peña llevaba poco tiempo creada. Vamos a hablar de la temporada 2008 en la capital.

“Cuenca ha tenido la mejor feria y por tanto la mejor temporada de su historia, desde que se inauguró la plaza de toros actual, hace 81 años, en concreto el 5 de septiembre de 1927. Gran visión de futuro tuvieron los regidores de aquella época al construir un coso taurino para 8.500 espectadores, cuando en aquellos “felices veinte” la ciudad no pasaba de los 20.000 habitantes.

Para los curiosos de la historia taurina, y me consta que en esta Peña los hay, recordaremos que la actual plaza de toros construida por el arquitecto Urosas es la cuarta que ha tenido la ciudad. La primera existió hacia 1870 en terrenos cercanos al Parque de San Julián, entre los edificios de Hacienda y de Recaudación, antiguo Icona. La segunda plaza de toros, la de Manuel Lledó, se levantó en terrenos de La Ventilla, donde se construyó el Cine Xúcar, llamada “La Perdigana”. La tercera plaza se inauguró el 13 de septiembre de 1913 y la construyó Manuel Caballer en terrenos de Casa Blanca y duró hasta el año 1922 en que fue hundida por fallar su cimentación.

LOS TOREROS CONQUENSE EN LAS DÉCADAS 50 Y 70

Hecha esta introducción conviene apuntar que es la primera vez que en una temporada se lidian en Cuenca seis corridas de toros y una de rejones. Años hubo, en la década de los cincuenta, en los que se llegaron a celebrar en Cuenca entre diez y doce festejos taurinos, dado el protagonismo de los novilleros locales hermanos Tomás y Jesús Sánchez Jiménez y los hermanos Juanito y Virgilio Recuenco, que dividieron la ciudad en dos aficiones con sus respectivas peñas, cada una con cerca de un millar de socios. Sin embargo, aquellos festejos consistían en novilladas sin picadores o con caballos para el debut de estos toreros que levantaron tantas pasiones, además del parrillano Ángel Tomillo, los que siguieron en menor tono de expectación novilleros que llegaron a ser matones de toros como Bienvenido Luján, de Mira, y Luis Alfonso Garcés, de Pozorrubio de Santiago.

Tras un pequeño paréntesis hubo después otro movimiento taurino relevante con la aparición de novilleros como Gitanillo de Cuenca, Dorito, El Curi, aquí presente entre nosotros, Antonio de la Cruz y poco más tarde, el parrillano Curro Fuentes, con alternativa impresionante en Barcelona, que tuve la suerte de vivir el 21 de mayo de 1972, en una corrida en la que se cortaron ¡diez orejas!: tres cada uno Paco Camino y Miguelín, padrino y testigo, y cuatro Curro Fuentes, que logró llenar la Monumental, con presencia de centenares de conquenses, muchos de ellos de San Lorenzo de la Parrilla y seguro que más de uno de Casasimarro. Junto a Curro Fuentes, un torero de la capital como Luis Algara “El Estudiante”, que tomó la alternativa en Cuenca el 23 de agosto de 1973, de manos de Francisco Rivera Paquirri y de Julio Robles, también con gran éxito en aquella tarde y  en su confirmación en Las Ventas. Recuerdo en el año 1974 la presencia en San Isidro por vez primera en los carteles de dos toreros de Cuenca: Curro Fuentes y El Estudiante.

Pero fíjense que no he citado aún a Chicuelo II, el mejor torero conquense de la historia, y al que en su recuerdo utilizo el seudónimo de Chicuelito, recogido por cierto en el VI Tomo de El Cossío, en la relación de críticos taurinos. Era tanta la rivalidad que había en Cuenca en torno a los hermanos Sánchez y Recuenco entre aquellos primeros años de la década de los cincuenta, que los éxitos novilleriles del torero de Iniesta tenían más relevancia en Albacete, donde residía, que en Cuenca.

CHICUELO II, DE CUENCA Y ALBACETE

Albacete, tierra de toros y de grandes toreros, necesitaba en aquellos momentos un torero de prestigio, que rivalizase con Pedrés y Abelardo Vergara, compañeros de capeas de Chicuelo. Manuel Jiménez no llegó a torear en Cuenca de novillero, aunque sí lo hizo por muchos de nuestros pueblos tras debutar de luces en Las Pedroñeras.

No fue hasta el año 1954, casi a un año de su alternativa en Valencia, cuando Manuel Jiménez “Chicuelo II” se presentó en la plaza de su provincia, con una afición que se le rindió a sus pies y un cartel de lujo: Antonio Bienvenida, Manolo Vázquez y Chicuelo II, el torero de quien se escribía en Madrid que cuando se le veía torear tan valiente y tan torero, ofrecía más vértigo que las Casas Colgadas asomadas al vacío. Aquella tarde, Chicuelo II cortó en su plaza nada menos que cuatro orejas, dos rabos y tres patas. Apoteosis plena de un torero humilde de la provincia, sencillo, pero con un corazón tan grande como la propia provincia de Cuenca, que en extensión es la quinta de España. Muchos aficionados aún recuerdan aquella corrida, aquel fervor en torno al paisano. Cuatro orejas, dos rabos y tres patas, más dos cada uno de Bienvenida y Vázquez hacen un total de ocho apéndices.

24 DE AGOSTO DE 2008: CARTEL DE NO HAY BILLETES

Pero es que el 24 de agosto de 2008, día de San Bartolomé, Patrón de Casasimarro, y por tanto día grande con fiesta taurina, regada con cuerva en la tarde agosteña, la feria de Cuenca ponía el cartel de no hay billetes con antelación suficiente, ante uno de los carteles mejor rematados de la temporada.  Finito de Córdoba, José Tomás y Miguel Ángel Perera. Si de por sí era todo un éxito por parte del empresario Maximino Pérez, que José Tomás toreare en Cuenca, la única plaza de Castilla-La Mancha en su gira seleccionada, el aliciente era mayor con la presencia de Miguel Ángel Perera. El gran duelo estaba servido y Finito de Córdoba no fue ni mucho menos convidado de piedra.

El resultado final fue apoteósico, con un total de diez orejas, superando por tanto en apéndices aquella tarde de Chicuelo II, salvando naturalmente las lógicas distancias. El presidente de la plaza, Ángel Muñoz Escribano, nos podrá explicar las sensaciones de aquella tarde y de todas esas tardes de la feria conquense en la que se cortaron 28 orejas. Para la historia anecdótica queda que con diez orejas ninguno salió a hombros, en un gesto de los toreros hacia José Tomás, que era intervenido en la enfermería de una cogida.

Fue una tarde de arrimones, con ese primer duelo Tomás-Perera, que sólo se repitió en Valladolid en septiembre y ya veremos cuántas tardes coinciden los dos en la próxima campaña. En EL DÍA quise sintetizar con el título “Diez orejas de arrimón y arte para Finito, José Tomas y Perera”, con toros de La Palmosilla que ayudaron poco al lucimiento, excepción hecha del cuarto al que Finito hizo una faena para rememorar. En el diario “El Mundo” se dedicó una página con el titular “José Tomás y Perera enseñaron sus espolones” y en sumario se destacaba: El esperado duelo respondió a las altas expectativas; hubo rivalidad y competencia”.

“ENSEÑARON LOS DIENTES”

En “Mundo toro”, y bajo el título “Enseñaron los dientes”, escribía José Miguel Arruelo que “La cita tenía su morbo. Prometía espectáculo, pero más allá del festejo en sí el aficionado buscaba rivalidad. Competencia entre dos de los avivadores de la temporada, que se veían la cara por vez primera vestidos de luces en un patio de cuadrillas. Marcador en mano ganó Perera, aunque si midiéramos el entusiasmo en decibelios seguramente fuese Tomás quien se llevara la partida. Claro que, lo verdaderamente noticiable fue la rebelión de Finito, insigne telonero, que toreó a lo grande el mejor lote de una buena corrida de La Palmosilla.

El evento tenía carácter de acontecimiento y no defraudó. Impecable de presencia, enseñando la cara y rematado de carnes, el encierro gaditano cumplió su papel. Sin hacer ostentación de nada, fue lote que jamás robó protagonismo a la terna, que en mayor o menor medida dejó hacer y expresar y que puso su granito de arena para que la función resultase exitosa. Los dos toros de más clase entraron en la bolita de Finito y el animal más agarrado al piso fue sorteado por Perera. Los otros tres sirvieron, con sus matices, para calibrar el estado de forma de los dos gallos en liza”.

Fue por tanto una tarde histórica, con reventa solapada por vez primera, y algún disgusto para un conocido aficionado de Las Mesas, seguidor de José Tomás, a  quienes los “amigos de lo ajeno” le birlaron la cartera con unos cuantos billetes de 50 euros y tres entradas de barrera de sol que le habían costado 500 euros y que, para más inri, eran de encargo. Ya se sabe que de los toros no solo viven los toreros, ganaderos y empresarios, sino muchos veterinarios, médicos, gestores, vaqueros, carniceros, reventas y carteristas…

EL RESTO DE FESTEJOS

La Feria se abrió el 22 de agosto con una corrida de rejones en la que por delante actuó el portugués Marco José, muy conocido en su casa a la hora de comer, ya que tomaba la alternativa, y con ello Pablo Hermoso de Mendoza no abría plaza, cosa que no le agrada. Como a tantos toreros, sobre todo José Tomás, siempre en medio, con un veterano por delante. Las dos figuras del rejoneo, Hermoso y Galán, con mucho oficio, salieron por la puerta de los triunfos, cada uno con dos orejas. El llenazo en la plaza fue la mejor noticia.

El sábado 23 de agosto salio el garbanzo negro del gran cocido taurino preparado por Maximino. La flojedad de los toros de Jesús Janeiro Jesulìn dio al traste con el festejo de los jóvenes al que se incorporó el sevillano Daniel Luque para sustituir a Julio Benítez, a quien por cierto también sustituyó en Cuenca dos años antes como novillero. Qué mal lo debieron pasar en el palco aquella tarde de sábado el presidente Angel Muñoz y el asesor Emiliano García, que aquí nos acompañan. La buena disposición de César Jiménez se vio premiada con una oreja en cada uno de los suyos, aunque declinó salir a hombros. Talavante volvió a pasar por Cuenca sin pena ni gloria y Daniel Luque hizo lo que pudo.

El lunes, 25, con toros de Torrehandilla, que dieron mucho juego, y un cartel de tronío, las buena faenas no fueron refrendadas con el acero. Enrique Ponce en un tono menor fue aplaudido; El Cid cortó una oreja y perdió otra por la espada y Castella salió a hombros tras cortar dos orejas en el que cerró plaza. Ese día presidió el festejo Emiliano García Sánchez en su debut como presidente, y de ello nos hablará, pues además de conceder tres orejas, envió dos avisos y las mulillas le pusieron a prueba.

El martes 25 se celebró la corrida del papel couché, también con lleno en los tendidos. Fue una tarde de toros (ganado de Luis Algarra) y de banderillas, pareando Rivera Ordóñez y El Fandi, con salida a hombros de Manuel Díaz “El Cordobés” y David Fandila, cada uno con dos apéndices. Por tercer año consecutivo, el “Banderifandi” salía a hombros de la plaza.

BROCHE CON LOS VICTORINOS

La mejor feria de la historia no pudo tener mejor broche que con los toros de Victorino Martín, que dieron juego y espectáculo, y eso que la tarde empezó con malos augurios con casi una hora de lluvia y una alimaña que puso a prueba a Uceda Leal. Fue a partir del cuarto, ya con los paraguas guardados, cuando Uceda Leal sacó una muy buena faena a “Bravío” y le cortó una oreja de ley, tras dos estocadas. El banderillero Antonio Ferrera cortó dos orejas al buen quinto “Embocado” y el castellano-manchego Sánchez Vara, con raíces familiares en Puebla de Almenara, tuvo en el que cerró plaza al mejor toro de la tarde “Morito”, que le cortó sólo una oreja por no estar fino con los aceros. Mereció “Morito” haber dado la vuelta al ruedo para hacer cerrado la gran feria que ha tenido Cuenca.

La temporada se había inaugurado el 12 de abril con una corrida televisada por CMT en la que se lidiaron toros de Torreherberos. El cartel lo integraban el triunfador de Puerta Grande, Andrés Palacios y el finalista Sánchez Vara, que cortaron una oreja cada uno, además del taranconero Valentín Ruiz, que salió por la puerta grande con tres orejas. La entrada fue muy pobre y por tanto para el próximo año no habrá festejo para la primavera. Hacía diez años que no se inauguraba la temporada en abril y el experimento no resultó.

SE ALCANZÓ LA CIFRA DE 6.890 ABONADOS

En suma, un año taurino histórico para la plaza de Cuenca, que alcanzó la cifra de 6.890 abonados, que si tenemos en cuenta que la capacidad de la plaza es de 8.500 es todo un récord a nivel nacional y un gran hito para el empresario Maximino Pérez, que cuando llegó a Cuenca en 1999 se encontró con una plaza de 450 abonados. Y que Cuenca haya estado en el calendario de José Tomás indica que tanto el empresario como su afición, se han ganado un respeto y además, el buen hacer del presidente de la plaza buscando el equilibrio.

24 DE AGOSTO DE 2000: EL PRIMER INDULTO CON ANÉCDOTA

Les voy a contar para terminar no ya una anécdota en sí, sino un hecho que tiene su importancia en el tiempo, de la buena semilla que termina germinando bien: en el año 2000. se celebró también un día de San Bartolomé, una corrida de toros con ganado de Martelilla en la que se cayeron del cartel inicial Paco Ojeda y Miguel Abellán y sólo quedó José Tomás. En el palco debutaba en esa feria como presidente Ángel Muñoz “El Curi”, que era el centro de todas las miradas, pues los 18 años del buen antecesor anterior, José María Olivo, pesaban lo suyo. La tarde estuvo pasada por agua con dos orejas para Víctor Puerto y otras dos  para José Tomás. Salió el último toro, “Caminante” que toreó Eugenio de Mora; lo hizo también que aplaudían hasta los paraguas; José Tomás disfrutaba viendo torear a Eugenio, tapado con su capote a modo de capa castellana. La faena fue a más y prendió tanto en los tendidos, que se pidió el indulto del toro. El presidente, que fue torero antes fraile, aunque lo de El Curi le viene de curilla, sintió también ese estremecimiento de ver torear (TORO y TORERO), y sacó su pañuelo naranja. Era el primer indulto que se daba en la plaza de Cuenca. Para unos escándalo, para otros justicia a un buen toro y a una buena faena de Eugenio, que dio la vuelta al rudedo con los simbólicos trofeos, y para unos pocos emoción bajo la lluvia.

Emoción para el ganadero Gonzalo Domecq, que se encontraba en Cádiz con su madre de cuerpo presente y Javier Núñez, ganadero de La Palmosilla, le daba la grata nueva en momentos de dolor. Emoción para José Tomás nunca olvidada, porque cuando Maximino y Salvador Boix le hablaron de venir a Cuenca este año, a la plaza más pequeña de su ruta, se lo pensó un rato y exclamó: “¿Cuenca? ¡Ah, sí, aquella plaza en la que una tarde llovía y Eugenio indultó un toro! Allí sí que voy porque ví una afición sensible, capaz de indultar un toro bajo el diluvio. ¡Qué emociones había bajo aquel pañuelo, Ángel. Y que emoción hemos sentido de volver esta tarde a Casasimarro, pisando su tierra como si fuera en sus alfombras que le dieron fama, con música de guitarras del corazón y recordando a Don Eugenio, aquel cura bonachón que tanto hizo por Casasimarro y el primero que me habló de este gran pueblo. ¡Va por ustedes!

Es ahora el turno de Ángel  Muñoz y Emiliano García, que nos hablarán de esos momentos en el palco y de todo cuanto acontece entre las bambalinas de los corrales. Y cómo no de la Escuela Taurina de Cuenca.

Casasimarro, 19 de diciembre de 2008

 

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