Amargura en barco de luces

Estos días de la Cuaresma, repletos de actos nazarenos, han brillado con luz propia los del Centenario de la Venerable Hermandad de la Virgen de la Amargura con San Juan, que desfila en la procesión del Silencio, cortejo que por vez primera salió en procesión en 1905. Alguna imagen de San Juan Evangelista desfiló antes de 1909. Una procesión cuaresmal, en el viernes 13 de marzo, ha constituido el acto más vistoso de la celebración, además de la solemne misa celebrada en la Catedral, oficiada por el obispo Yanguas, con las imágenes de la Virgen de la Amargura y de San Juan, por vez primera en el templo catedralicio. Destaca entre sus actos la Exposición 1909-2009 que la Hermandad presenta en el Museo de la Semana Santa. Una muestra en la que se exponen valiosos objetos de la Cofradía, con sus coronas y orfebrería; fotografías de la primera época y de cómo ha ido evolucionando la actual, un programita de la Semana Santa de 1909, el dato impreso de “El Día de Cuenca” de 1927 anunciando que el paso estrenaba palio y una serie de detalles que avalan la historia de esta modélica hermandad, tantas veces premiada. Sin embargo, echamos de menos un dato muy interesante en torno a la Hermandad y a la propia procesión del Silencio, como sería una referencia impresa del libro “En España con Federico García Lorca”, editado en 1955 y 1958 por Aguilar Ediciones y que hace pocos meses ha sido reeditado, por la editorial Renacimiento, aportando algunos datos que en su día no pasaron la “censura previa”.

TRES DIAS EN LA SEMANA SANTA DE CUENCA DE 1932

En ese libro hay un capítulo titulado “Semana Santa en Cuenca”, del cual dio primera noticia Florencio Martínez Ruiz en el “Cultural de EL DÍA del 11 de abril de 1955, bajo el título “García Lorca, penitente “sui géneris” en la Semana Santa de Cuenca. En el año 1998 tuve el honor de hacer un trabajo para “Cuadernos de Semana Santa” de la Hermandad de Jesús Nazareno de El Salvador, con ocasión del centenario del poeta granadino, con el título “García Lorca en la Semana Santa de Cuenca”.

El libro, escrito por Carlos Morla Lynch tiene como protagonistas a Rafael Martínez y Federico García Lorca. Los tres quedan en Atocha en aquella Semana Santa, posiblemente de 1932. Tras comentar jugosos aspectos del viaje entre Madrid y Cuenca, Morla escribe: “Muy de noche ya, entre pinares sombríos, se divisan luminarias, abajo y arriba. Hemos llegado a Cuenca en los instantes en que desciende de alturas umbrosas la procesión del Miércoles Santo, llamada también del Silencio. Pasa lejana entre cánticos que se esfuman y un gran zumbido de abejas… que son plegarias”.

Carlos Morla, Federico García Lorca y Rafael, dejan sus pertenencias en el hotel Iberia y se van en busca de la procesión, llegando a la Plaza Mayor “en la que se hallan estacionados diversos “pasos” que pronto habrán de ponerse en marcha. El escenario es incomparable y lleno de misterio”, relata Morla Lynch. Y añade: “Las andas, rutilantes de luces. Hasta aquí, inmóviles, adquieren vida, vacilan un instante, titubean, se estremecen, vibran y, por fin, se ponen en marcha lentamente. Federico, Rafael y yo, cada cual con un cirio en las manos y la boina en la otra, nos incorporamos al cortejo detrás del “paso” de la Virgen de la Amargura, que, entre fanales iluminados y llena de majestad en su amplio vestido de terciopelo negro recamado de plata, dirige su mirada dolorosa, invadida de lágrimas al cielo. Sobre los hombros de los robustos encapuchados, avanza y se balancea como un barco, en medio de un rumor de cristales y de collares de perlas que se entrechocan. Y el cortejo sigue su ruta, cuesta arriba y cuesta abajo, penetra en callejuelas angustiosas, atraviesa viejos puentes de piedra, desaparece en las tinieblas y resurge en la claridad consoladora de las plazoletas, en cuyos balcones y ventanas se rejerías magníficas se desploman, como gavillas de espigas que la hoz abate, siluetas oscuras que se persignan”.

POEMA DE GARCIA LORCA A LA V IRGEN DE LA AMARGURA DE CUENCA

En la habitación del hotel, en la paz de la alcoba, surge el poema incomparable con que Federico evoca la procesión que pasa: “…Virgen de la Soledad, / abierta como un inmenso / tulipán, / En tu barco de luces / vas / por la alta marea / de la ciudad / entre saetas turbias / y estrellas de cristal / … por el río de la calle, / ¡hasta el mar!”. Felicidades por el centenario a tan ejemplar hermandad, que cuenta con sede propia, que ya en sí es su propio museo. Amargura en su Dulzura.

EL TIN-TAN DE MANGANA. EL DIA, 16 de marzo de 2009

 

 

 

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