Como un Belén viviente

Cuenca es como un Belén Viviente permanente. Navidad y Pasión se representan en el Casco Histórico a través de un paisaje tan singular como natural y, al mismo tiempo, pintoresco. Dejó un grabado Aristizábal de un Misterio bajo las mismas Casas Colgadas y las rocas que parecen sujetar toda la pared colgada en el abismo entre hiedras y jardineras. En el grabado de Aristizábal, los nazarenos en hileras –como los chopos que cantara Federico— adoraban al Niño. La postal de Cuenca es ya de por sí como un christma navideño, con nieve o con los oros del otoño o el verdor de la primavera. ¡Qué más da!. Cuenca es como un gigantesco Belén desde cualquier parte; las casitas de hortelanos de la Hoz, con el humo de sus chimeneas, y algún jamelgo pastando que aún queda, y el Huécar que “baja contento” en el Romance de Gerardo Diego, nos muestran esas estampas que vamos viendo en las distintas muestras belenísticas, que tienen su mejor representación en el Gran Belén de Diputación.
“Campanitas de plata” titulaba Andrés Gallardo uno de sus artículos navideños, en su recorrido pueblo a pueblo con su “600” al que llamaba “Platero”: “Alguna vez me ha sorprendido el anochecer del día de Nochebuena viniendo de pueblos del sur de la provincia y he detenido “Platero” sencillamente para contemplar dichosamente la maravillosa perspectiva de Cuenca llena de luces de colores. Y siempre me he creído ante un monumental Belén. Y sin apurar demasiado mi fantasía –que para mí es fácil por tierras de Cuenca confundir gigantes con molinos y viceversa- creo ver en el ojo luminoso del monumento del Cerro del Socorro, la Estrella de los Reyes Magos, la del Escudo de Cuenca, que vienen cabalgando por ignorados caminos sierra adelante”. Gallardo seguía viendo en su imaginación de escritor conquense de corazón el castillo de Herodes en la Cuenca alta y todo el conjunto belenístico con su cueva santa en el Barrio de San Antón y la ribera del Júcar.

Cuenca es Navidad y Pasión. Y miren por donde, sobre el escenario monumental o gigantesco que es Cuenca en sí para un Belén permanente, se ha preparado la representación de un Belén Viviente, con centenares de actores. La lluvia impidió que el pasado viernes se llevase a cabo entre el Castillo y la Plaza Mayor esa representación navideña con todos los fastos de una puesta en escena teatral de grandes dimensiones. Los grupos de teatro conquenses unidos con renovadas ilusiones, con Julián López Razola a la cabeza, además de conocidos personajes. Si el tiempo no lo impide, este lunes 30, con pocas horas para decir adiós al 2002, tendremos esa representación viviente en un espacio que parece natural. Una primera iniciativa para seguirla año tras año, con algunos detalles –la pinada de un lateral de la Plaza— propia para el Concurso de Ideas de la Plaza Mayor.

El año se nos va en horas. Las mismas para que Damián de Dios clausure la Exposición, así con mayúscula, que ha ofrecido en la Sala 2 de CCM, en Carretería, desde el pasado día 16. El éxito de este pintor conquense no ha podido ser más redondo, con toda la obra vendida. A través de unos cuarenta magníficos cuadros, Damián de Dios nos ha mostrado esa Cuenca “patética” (de patetismo)  que gustaba describir a González Ruano, callada, tranquila, arrebatadora (colgada, misteriosa, mágica, la llama De Dios en el catálogo),  llena de luz, de vitalidad, de alegría, incluso de nostalgia, porque los cuadros de Damián han oteado todo el horizonte, y detalle a detalle, cobran vida. El pintor se ha recorrido las Hoces en invierno, primavera, verano y otoño, y se ha recreado en su obra. Y como buen conservador de la Cuenca que debemos guardar en joyero de plata, y cuidar con mimo, ha eliminado lo que sobra: antenas, cables y ciertas construcciones que desentonan con el conjunto declarado por la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad.

Una ciudad así es la que conoció el sábado Germán Adrián Ramón Burgos, acompañado de su familia, quedando encantado, además de llevarse la cerámica de Adrián Navarro. A Germán Adrián se le conoce como el “Mono Burgos”, guardameta del At. de Madrid, además de cantante. Estos días ha sido noticia por la presentación de un disco y buena hubiera sido una inocentada para anunciar al “Mono Burgos” en concierto un 28 de diciembre en Cuenca. Nadie lo hubiese creído, claro, pero el deportista-cantante sí estuvo aquí, disfrutando de la ciudad, accediendo a las fotos con los niños en la Plaza. Lástima, sin embargo, que haya sido “inocentada” la reconstrucción de la Torre del Giraldo de la Catedral, que cayó hace cien años. Hay mal que cien años dura. Adiós al capicúa 2002 y bienvenida al 2003, que asoma ya por las Hoces, recordando lo que escribía González Ruano: “No hay mejor lugar en el mundo que el morir (y el nacer) de un Año en Cuenca”. Que sea venturoso.

El Día – 30 diciembre 2002

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