Antología de Adrián en el Campus de Cuenca, Sala ACUA, con «Buril y Trazo»

Adrián firma uno de los carteles.
Adrián firma uno de los carteles.

SALA ACUA. Calle Colmillo, Casco Antiguo de Cuenca. (Alternativa Cultural)

“Buril y Trazo”. Con este título tan definitorio, el ceramista Adrián Navarro muestra desde el 11 de junio, y hasta el 5 de julio de 2015, una Exposición de una pequeña parte de su gran obra en la Sala ACUA del Vicerrectorado de Cultura y Extensión Universitaria del Campus de Cuenca, situada entre la calle del Colmillo, en el edificio tan singular que en 1977 comenzó a funcionar como Taberna y Discoteca Jovi. La Sala de Exposiciones, en el antiguo espacio para la música y las luces expandidas en los años de inicio de la democracia, es todo un hallazgo para el hecho cultural de la muestra artística, con su estilizado arco que separa dos galerías. La cerámica de Adrián ha venido a realzar aún más esta Galería con todo el sello del Casco Antiguo.

La Exposición “Buril y Trazo”, que recoge obras de Adrián Navarro entre 1978 y estos últimos años, se puede considerar como una antología de la obra de este reconocido artista conquense, nacido en El Provencio en 1942, en los años difíciles de la posguerra.

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Observando sus obras en la Sala ACUA, viene al recuerdo un reportaje que hice de la obra de Adrián en el semanario “Gaceta Conquense”, con el título “Adrián, la dulzura del barro”. En distintas ocasiones tuve el placer de escribir y hablar sobre su obra y en verdad que ante una nueva exposición surge la admiración por la incansable e impagable labor de este ceramista tan creativo, capaz de elevar al mayor grado artístico esa interpretación de la Vida, así con mayúsculas, entre la fauna animal y el ser humano.

Recojo alguna de sus explicaciones de su discurso de entrada en la RACAL, que se puede ver en este Blog, para una mejor comprensión de su obra, tanto en el aspecto técnico como en el creativo: “Mis cerámicas son torneadas, platos, botellas, murales, cuya decoración realizo con la técnica del esgrafiado, utilizando para ello engobes vitrificables de tonalidades marrones, blancos y negros cuya composición es casi siempre diferente ya que intencionadamente no tomo notas, ni peso ni mido nada de sus componentes”.

Carnaval, 1978
Carnaval, 1978

“Como mi sistema de trabajo es la realización de piezas únicas, de este modo todavía hay más diferencias entre unas y otras”, añade.  “Siempre me atrajo el mundo de la mitología particularmente la Griega, el Arte Rupestre, el Egipcio, Ibérico, Picasso, Modigliani, etc. Leía y dibujaba continuamente estos estilos y el resultado no podía ser otro que un estilo propio, compuesto por una amalgama de todos los citados…”

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Bien, pues esa amalgama se puede contemplar en esta Exposición en ACUA, en la calle del Colmillo, en la que ha hincado el diente a modo de buril en el trazo de la arcilla o en el papel a modo de grabado. Hay obra actual y antiguas creaciones, como ese sorprendente cuadro del “Carnaval” (quizá influenciado en Villarrobledo, de donde es natural de esposa y compañera Mari Tere) realizado en una época aún poco propicia como lo era 1978. Es una cerámica policromada sobre placas bizcochadas.

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Y encontramos de nuevo, la familia, el amor, en esas piezas estilizadas y abrazadas, quizás oreándose al amor del barro, como solía decir el maestro Pedro Mercedes. Esas obras me recordaban el citado reportaje de la “dulzura del barro” de 1988. Porque hablando de la historia del alfarero provenciano, de su obra, se hace en un video que se proyecta en la Exposición, que se puede resumir en la manida frase de que las imágenes hablan más que las palabras”.

Pero como la palabra escrita es testigo de su tiempo, para tenerla en cuenta en el futuro, recojo este par de párrafos de un artículo titulado “Adrián”, que publiqué en “El Día de Cuenca” en la sección “El Tin-Tan de Mangana”, el 13 de octubre de 2008, es decir, hace siete años:

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«Si hay una tierra donde los colores de la luz son tan vivos como cambiantes y sugerentes, ésta es la de Cuenca. Que se lo pregunten a los pintores y a los poetas, a los artistas en general, y a los alfareros y ceramistas en particular, que inventan colores con la arcilla y el magnesio, los engobes y la porcelana. En Cuenca tiene nombre propio un ceramista del alfar que ha creado escuela. Que aporta estilo propio en el bizarro arte de la alfarería, donde los cinco sentidos parecen que están en los dedos, pero que en verdad tiene alma de artista creativo sin límites. Adrián es su nombre. Es la firma de sus obras. Miles de cerámicas de los más diversos tamaños han salido de sus manos, modeladas en barro en el torno y hechas piezas de vigor y dulzura en el horno.

El mundo de la alfarería y de la cerámica, de la Artesanía en suma, debe estar de enhorabuena por la trayectoria que ha llevado a cabo este provenciano como lo es Adrián Navarro, que en cuerpo y alma se dedica a plasmar en su obra con la  propia sencillez que a él le define. Toda una vida haciendo arte del barro. Cuenca se debe sentir orgullosa de tan preclaro artista”.

cuadros

Siete años después rubricamos y ampliamos la enhorabuena a este Maestro de la Alfarería, de la Cerámica, académico de la RACAL, que lo es Adrián Navarro, ante esta nueva aparición artística, en este caso en la Sala ACUA de la Universidad de Castilla-La Mancha. Sencillo y grande, Adrián. Huelga decir que el día de la inauguración fue muy nutrido el número de visitantes, inaugurando la muestra la vicerrectora del Campus de Cuenca y Extensión Universitaria, María Ángeles Zurilla, acompañada del diputado de Cultura, Javier Domenech.

La Exposición se puede contemplar y disfrutar hasta el 5 de julio, dándose la circunstancia de que en el primer sábado de julio, como viene haciendo desde hace 39 años, Adrián Navarro entrega sus premios de obras cerámicas a los ganadores del Concurso Literario del Molino de la Bella Quiteria en la albacetense Munera, con todo el sabor quijotesco que tiene tan pintoresco y manchego paisaje.

Carlos Julián Soria, Adrián Navarro, Antonio Pérez y Rubén Navarro.
Carlos Julián Soria, Adrián Navarro, Antonio Pérez y Rubén Navarro.

 

 

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