1902: Canalejas mandó demoler la torre catedralicia el 27 de abril y Montilla achacó la caída al repique de campanas

ESPACIO EMITIDO EL MARTES 26 DE ABRIL DE 2016 EN EL PROGRAMA “HOY POR HOY CUENCA”, DE LA CADENA SER, QUE DIRIGE Y PRESENTA PACO AUÑÓN.

http://cadenaser.com/emisora/2016/04/26/ser_cuenca/1461660101_630990.html

Este mes de abril se han cumplido 114 años del hundimiento de la Torre del Giraldo de la Catedral, una de las peores catástrofes sufridas por la ciudad de Cuenca en el siglo pasado, ya que junto a la muerte de cuatro niños que se encontraban en el interior, los daños fueron cuantiosos, pues la Torre catedralicia desapareció para siempre y de momento sólo queda en fotos y postales. Las campanas de la Catedral enmudecieron y entre aquella tristeza que invadió a la ciudad, y a toda España cuando se conoció la noticia, quedó la buena nueva de rescatar con vida, dos días después del hundimiento, a dos niños que habían quedado sepultados entre las piedras, debajo de unas escaleras. Este martes, en “Páginas de mi desván”, José Vicente Ávila rescata aquellos angustiosos días de abril que vivió la ciudad, entre la intensa pena de la pérdida de la vida de cuatro jóvenes y del propio hundimiento de la airosa torre que se elevaba por encima del montículo rocoso de la Cuenca vertical.

El 27 de abril, catorce días después del terrible hundimiento, se personó en Cuenca, para ver “in situ” los trabajos de desescombro, el entonces ministro de Agricultura, Industria, Comercio y Fomento, José Canalejas, que luego sería presidente del Gobierno, asesinado en Madrid el 23 de noviembre de 1912. Al actual Parque de San Julián se le llamó primero Parque de Canalejas hasta que en 1944 se le cambió el nombre, primero por el de Retiro y a renglón seguido por el del patrón de Cuenca.

-Canalejas ocupó varios ministerios y la presidencia del Gobierno hasta el momento de su violenta muerte, con 58 años de edad, siendo muy popular por su cercanía a la gente. A Cuenca vino el 27 de abril de 1902, aunque el ministro Canalejas ya tenía prevista la visita, antes del hundimiento de la torre, debido al problema de la langosta, que dañaba mucho a la agricultura conquense, por lo que aprovechó el viaje también para probar el nuevo material de máquinas y vagones de la compañía de ferrocarriles, pues entonces no existía Renfe. La llegada de Canalejas a Cuenca estaba prevista para las seis de la mañana, pero dado lo intempestivo de la hora el ministro y sus acompañantes utilizaron el tren de lujo que llevaron para probar, compuesto de dos coches salones, el break de Obras, el de la Compañía y el coche restante, para hacer el trayecto un par de veces entre Chillarón y Cuenca. Publicaba la prensa que la marcha máxima que alcanzó el tren en las pruebas de resistencia fue de 60 kilómetros hora, siendo muy satisfactorio el resultado.

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Unas semanas antes del hundimiento

Si te parece José, antes de que hablemos de la visita del ministro Canalejas a las tareas de desescombro en la Catedral, aquel 27 de abril, vamos a recordar a nuestros oyentes que el hundimiento de la Torre del Giraldo tuvo lugar el domingo día 13.

-Efectivamente, el suceso se produjo a las diez de la mañana, durante la función en honor del Corazón de Jesús de un domingo con poca gente. Cuando los monaguillos hacían repicar las campanas del Giraldo la torre se vino abajo. Pese a ser una auténtica tragedia, las consecuencias de la pérdida de vidas humanas fue inferior para el volumen de piedra caída. Podemos citar que en las semanas previas hubo algunas celebraciones en la Catedral que hubiesen tenido mayores consecuencias como lo fueron, el 28 de enero que se celebró la Misa en honor de San Julián; el 2 de febrero tenía lugar una procesión por el interior de la Catedral, con distribución de candelas entre los fieles y el día 20 tuvo lugar una solemne función religiosa oficiada por el prelado Sangüesa para conmemorar el 25 aniversario de la elección del Papa León XIII. En la última semana de marzo se rememoró la Semana Santa, en la que por primera vez salía en conjunto la procesión en El Calvario, conocida entonces como de los «Misterios desarrollados en el Calvario», teniendo lugar en la Catedral los Santos Oficios, la Misa Crismal y la llegada de la procesión del Santo Entierro, que salía de El Salvador. Nadie podía imaginar que quince días después la Torre del Giraldo se derrumbaría.

Después de la tragedia.
Después de la tragedia.

-¿Cómo se produjo el derrumbamiento de la espectacular Torre? ¿Hubo tiempo para darse cuenta del hundimiento como si fuese un terremoto?

-En un relato del presbítero Balbino Venancio, éste señalaba que el domingo 13 de abril era el día que terminaba «el solemne novenario que, anualmente y de tiempo inmemorial, se viene celebrando en honor del Sagrado Corazón de Jesús, en su capilla. Concluidas las Horas canónicas, debía celebrarse en dicha capilla una Misa solemne, para cuyo acto se llamaba a los fieles con un repique de campanas de la Catedral, que se verificaba después del toque de la elevación del Santísimo en la misa conventual, con lo cual se daba tiempo para concurrir al templo. Llegado el momento oportuno (diez y media de la mañana), se tocó a la elevación e inmediatamente se dio el repique; pero cuando aún se dejaba oír la última campanada, una sorda detonación anunció el derrumbamiento de la torre de la Catedral, viniendo al suelo los tres pisos de que constaba, con las campanas, reloj y giralda, y quedando completamente aislado un lienzo o pared en que estaban colocadas las dos campanas mayores y una galería de hierro”.

-Debieron ser momentos tremendos de confusión en el interior de la Catedral de pánico y miedo, claro.

– Escribía el referido canónigo Balbino Venancio que «al verificarse el hundimiento de la torre, una inmensa mole de piedra, sillería y escombros vino a caer sobre las puertas que dan acceso al claustro, destrozando el artístico arco de la capilla en que se colocaba el monumento del Jueves Santo, y parte del pavimento del claustro; produciéndose en toda la Catedral una polvareda tan densa, y siendo tan asfixiante la atmósfera que se respiraba, que muchos fieles prorrumpieron en lastimeros ayes, otros en dolorosos lamentos creyendo que se ahogaban, y todos pugnaban en horrible confusión por salir cuanto antes para respirar el aire puro y librarse del peligro que les amenazaba. El derrumbamiento del arco del claustro tuvo lugar en el instante en que el obispo se dirigía al Palacio episcopal, y el celebrante y diácono a la sacristía, viéndose precisados a salir presurosos a la Plaza Mayor con el traje coral empolvado y sin haber tenido tiempo de ir a sus respectivas capillas a desnudarse de dicho traje de coro, por impedírselo el terror de que se hallaban poseídos», relataba el fiel testigo Venancio.

Escombros bajo el arco de Jamete-
Escombros bajo el arco de Jamete-

-Hemos comentado al inicio que fueron cuatro las víctimas y que dos niños se salvaron entre los escombros.

– El estupor de los primeros momentos era general. La noticia del derrumbamiento se había extendido como el rayo en ese domingo de primavera que se tornaba nublado, comenzando más tarde a lloviznar. La Plaza Mayor se llenó de un gentío inmenso, entre el que abundaban los curiosos, y todas las conversaciones se centraban en torno al número de víctimas. Había que empezar a buscar entre el montón de escombros, con el peligro de más derrumbamientos. Los fallecidos fueron María Antón, la hija del campanero, de 22 años de edad, que fue sacada el día 16; José López, de 11 años; Segundo León, de 10 y Reyes López, de nueve, sacados entre los escombros cinco días después. Con tan pocos medios era muy complicado mover la montonera de piedras y sillares caídos, aunque fueron muchos los voluntarios.

-Dentro de la pena general, hubo alegría dos días después cuando aparecieron vivos dos niños entre los escombros….

– No habiendo la menor duda de que entre los escombros existían algunas personas, según los primeros testimonios, y comprendiendo que algunas quizás se hallarían todavía con vida, se procedió sin pérdida de tiempo a acelerar las labores de rescate tras el derrumbamiento. Sus trabajos no fueron inútiles, pues a poco tiempo de haber subido a la pirámide de escombros, y según se publicaba, los individuos Gregorio Montero, Cruz Gómez, Máximo Martínez, Ramón Verdú, Andrés Évole, Vicente Cantero, Jesús Guijarro, Sotero Palomo, Ciriaco Collado, Eleuterio Alonso, Andrés Leganés y Eulogio Cerdán, lograron con grandes esfuerzos y con riesgo de sus propias vidas, sacar a un joven de catorce años, llamado Francisco Requena, que, aprisionado entre los escombros todo su cuerpo, tuvo la suerte de que su cabeza quedase al descubierto entre dos sillares unidos por la parte superior y separados por la inferior. Dos días después, hacia la una de la madrugada, y en medio de una incontenible alegría, los obreros del Castillo rescataron a los niños Alejandro Mena y Gregorio López, ayudados por los zapadores del Ejército. Fueron Juan Montero “Tarre”, Ciriaco de las Muelas “El Nene” y Vicente Cantero “Santonegro” los que entraron con hachones encendidos por un boquete y encontraron a los dos niños refugiados en un pequeño hueco entre sillares. La alegría fue inmensa en la Plaza casi oscura, iluminada con un par de rudimentarios focos.

El Día de Cuenca, 14-04-2002
El Día de Cuenca, 14-04-2002

-¿Qué contaron los mozalbetes tras el rescate? ¿Cómo se encontraban 48 horas después del hundimiento?

-Nada más salir los niños fueron atendidos por dos médicos, y cubiertos con unas mantas por el frío, y aunque se les veía débiles no tenían lesión alguna. Les dieron unas tazas de tila para calmar los nervios. Alejandro Mena y Gregorio López comentaban emocionados y sorprendidos las largas horas de incertidumbre y miedo que habían pasado. “Nosotros no nos dábamos cuenta del lugar en que nos encontrábamos: creíamos estar encerrados; pedíamos a voces que se nos abriera; pedimos también una manta para abrigarnos, pues teníamos mucho frío y nadie nos escuchaba; teníamos hambre y sed e incluso en algún momento nos quedamos dormidos. Decían que en las primeras horas del derrumbamiento habían hablado con el niño José López, que estaba más arriba y les decía que no podía moverse hasta que dejaron de escucharle. Debió ser una tremenda experiencia para aquellos niños.

El Día, 14-04-2002
El Día, 14-04-2002

Precisamente uno de ellos, Francisco López Escudero, hermano del fallecido Reyes, publicaba un artículo en “Ofensiva” en 1962, recordando la tragedia, pues él, que entonces tenía siete años, estaba también  en la torre, a la que se llegaba en escalera de caracol, y se bajó minutos antes, pues a la torre se entraba por el horno de las campanas, junto a la ronda. Recordaba que su hermano Reyes era monaguillo en El Salvador y se había ido a la Catedral porque la torre de El Salvador amenazaba ruina. Cruel destino, sin duda.

Y mientras los voluntarios y los zapadores desplazados trabajaban para desescombrar y salvar vidas, en el Congreso de los Diputados se ponía en tela de juicio el suceso que se podía haber evitado de haberle puesto remedio a tiempo….

-En una sesión al día siguiente de la catástrofe, el diputado por Huete, Luis José Sartorius, conde de San Luis, en ausencia del diputado de Cuenca, señor Ortega, acusaba al Gobierno de no haber puesto antes los medios, pues existía un informe del Obispado conquense avisando del peligro de hundimiento, catorce años antes. Contestó el ministro de Gracia y Justicia, Juan Montilla y Adán: “Tengo el sentimiento de manifestar al Congreso que el señor Conde de San Luis tiene razón. Realmente, señores diputados, la cantidad que se destina en los presupuestos ordinarios para la reparación de templos es tan exigua, que puede afirmarse que se producen estas catástrofes por falta de recursos. El Obispo y el Cabildo de Cuenca, con el celo que verdaderamente les honra, instruyeron un expediente en 1888 haciendo constar que aquella Catedral amenazaba ruina, y formando el presupuesto de las obras necesarias, cuyo coste creo que ascendía a unas 100.000 pesetas, no se ha podido conceder por la imposibilidad absoluta de disponer de ella, dada la necesidad de atender con la exigua consignación presupuestaria a la reparación de un sinnúmero de templos. Afirmaba el ministro que para el año 1902 no tenía disponible más que 7.039 pesetas y 48 céntimos. ¿Qué hacemos con esa exigua cantidad? No obstante el Gobierno procurará atajar el daño con cuantos medios esté a su alcance.

Ante esas afirmaciones del ministro Montilla, ¿qué respondió el diputado óptense conde de San Luis?

-Agradecía las palabras del ministro de Gracia y Justicia y, tras pedir que se consignase una cantidad para iniciar las obras de desescombro y reconstrucción de la Torre de la Catedral, el diputado de Huete solicitó entonces al ministro de la Gobernación, señor Moret, que se allegasen recursos  para los familiares de las víctimas y ayudar al Ayuntamiento de Cuenca, porque “según se me ha comunicado tenía en caja la cantidad de 14 a 15 pesetas”. Concluía su intervención el conde de San Luis, recogidas en la Gaceta de Madrid, con alguna punzadita, a pesar de que comenzó diciendo “que siendo hoy día únicamente de elevar una oración por las víctimas, me abstengo de hablar de responsabilidades; pero, en realidad, habiendo un expediente desde el año 1888 en que se denunciaba el estado ruinoso de aquella iglesia, parecía indicado, por lo menos, que con motivo de las fiestas de Semana Santa, o de otras en que suele haber una gran concurrencia en la iglesia, ha debido cerrarse al culto para evitar una catástrofe que hubiera podido ser de muchísima más entidad que la ocurrida”.

Vamos, que al ministro de Gracia y Justicia, señor Montilla, no debió hacerle mucha gracia esas palabras del diputado de Huete sobre la falta de medidas, teniendo noticia del expediente del Obispado de Cuenca de catorce años atrás.

-En la respuesta del ministro intuimos que echa la culpa del hundimiento a quienes permitían que tocasen las campanas. Se le notaba cierta alteración en sus palabras: “Tiene razón su señoría al decir que no es día de exigir responsabilidades que corresponderían a todos por el exiguo presupuesto que tenemos. Habilitaremos un crédito de 300.000 pesetas, no sólo para reparar los daños de la catedral de Cuenca, sino de otras iglesias con expediente de ruina. Y aquí viene lo bueno del ministro Montilla y Adán: “Sin que sea dirigir recriminación de ninguna clase a las personas dignísimas que rigen las Catedrales, debo decir a su señoría y al Congreso que sería muy conveniente que cuando las iglesias están denunciadas por su estado ruinoso o por necesitar obras de reparación, no se voltearán las campanas, pues es muy probable que el hecho tristísimo que lamentamos haya podido ocurrir porque se haya ido minando, poco a poco, la resistencia de la torre por voltear las campanas de gran peso, como todas las que existen en las Catedrales. Y aclaraba el ministro su palabra con datos técnicos:

“Esto lo digo, porque según opinión de un señor arquitecto con quien he hablado esta mañana, el volteo de las campanas produce en las torres una trepidación permanente, que puede dar motivo a catástrofes como la que lamentamos. Sería por tanto, de desear, que en aquellas iglesias en que las torres no tienen la solidez necesaria no se voltearan las campanas para evitar estos sucesos”.

Por su parte, el ministro de la Gobernación, señor Moret, en su respuesta al conde de San Luis, sobre la ayuda solicitada para las víctimas y sus familiares recordó que no tenia presupuesto para ello, de tal suerte, que desde que se suprimió el “fondo de calamidades”, que bien suprimido estuvo, cuando han ocurrido casos que exigen gastos extraordinarios ha habido que acudir a las Cortes en demanda de recursos”.

A pesar de que se trataba de un grave asunto como la muerte de varios niños y el hundimiento de la Torre catedralicia, los políticos se quitaban de encima la responsabilidad que hubiere…

-El diputado de Huete, que tampoco tenía pelos en la lengua, contestó así al ministro de la Gobernación señor Moret: “Ha de permitirme, su señoría, que no le acompañe en el aplauso que ha tributado a la supresión del “fondo de calamidades”, porque realmente para suprimirlo, habrán de suprimirse antes las calamidades. Como se ve, el debate tenía su miga pese a tratarse de una tragedia.

-O sea, que al final a quien realmente echaban la culpa los gobernantes era al campanero, a los niños que tocaban las campanas o a la casualidad….

-Esa afirmación de Montilla sobre el volteo de las campanas no le hizo tampoco gracia alguna al diputado de Tarancón, Juan Cervantes, quien en una oportuna intervención alzó su voz en el hemiciclo hacia el ministro de Gracia y Justicia: “El expediente que se incoó para determinar si la torre de la Catedral de Cuenca debía arreglarse prontamente o no, data del año 1888, como ha oído el Congreso de labios del señor ministro, y es, en verdad, anormal, por no llamarlo de otra manera, que se hayan pasado catorce años después de denunciar el estado de ruina de la torre sin que nadie se haya tomado la molestia ni el trabajo, en cumplimiento de un deber, de adoptar las medidas necesarias para evitar las desgracias que hoy lamentamos. Dice el ministro que con haber suprimido el repique de campanas se hubiese evitado la desgracia. No estoy conforme con su señoría; aunque no hubieran repicado las campanas, una torre que está ruinosa se viene al suelo; es decir, se hubiera caído antes o después. Lo lamentable es no haber puesto remedio al problema en catorce años. Quizá la voladura del puente de San Pablo, con 16 barrenos, siete años antes, sí pudo afectar a la Torre que destacaba por su altura.

La voladura del puente de San Pablo, en 1895, con 16 barrenos, debió afec tar a la Torre.
La voladura del puente de San Pablo, en 1895, con 16 barrenos, debió afectar a la Torre que destaca en el paisaje.

-Aquellos diputados nos dejaron la duda de que si las campanas no hubieran hablado la Torre seguiría en pie…

-Como decía el diputado de Tarancón, señor Cervantes, el problema fue no atender el informe del Obispado. Pero fíjate Paco, que cosa más curiosa, hoy 114 años después de aquel hundimiento, tenemos callado el sonido del campanario del reloj de la torre de Mangana porque al sonar las campanadas horarias vibra la pared y se producen pequeños desprendimientos. Se va a arreglar este problema que ahora tiene la torre en su interior y cuando se resuelva se volverán a escuchar los toques horarios.

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-José, hemos dejado al ministro Canalejas en el tren, probando los coches de lujo entre Chillarón y Cuenca. ¿A qué hora llegó por fin a la estación ese 27 de abril?

-Recogía “El Correo Católico” que a las ocho menos cuarto de la mañana, y a los acordes de la Marcha Real, como se conocía al himno nacional, ejecutada por la banda provincial, llegó a Cuenca el tren que conducía al señor Canalejas y su séquito oficial y de ingenieros, además de periodistas. Un numeroso gentío, dado que era domingo, esperaba en la estación al ministro Canalejas, además de las diferentes autoridades, encabezadas por el gobernador civil, el alcalde y el obispo. La comitiva, formada por 17 carruajes de caballos se dirigió hasta la Plaza Mayor, donde se realizaban las tareas de desescombro, que duraron varios meses. La Catedral estaba cerrada al culto y el 18 de abril  se había habilitado la iglesia de la Merced como primer templo, trasladando la Urna con los restos de San Julián y celebrándose allí el primer funeral por los fallecidos.

José Canalejas
José Canalejas

-¿Qué medidas tomó el ministro de Fomento Canalejas cuando visitó la zona del hundimiento de la torre del Giraldo?

-Ordenó que se realizase una Memoria para presentarla al Consejo de Ministros en la que, con fecha de 27 de abril, se acordaban tres puntos importantes: el primero, demolición inmediata del resto del lienzo de torre que quedaba. Segundo, reconstrucción de la misma y obras de reedificación. Tercero, y lo más importante, presupuesto de 500.000 pesetas para las obras. Después de esa visita, la comitiva descendió hasta el Gobierno Civil, que se encontraba en el edificio de la Puerta de San Juan, junto al Escardillo, donde se habló con las autoridades de la extinción de la langosta en la provincia, la concesión al Ayuntamiento de algunos aprovechamientos de pinos, la pronta terminación de la carretera de Cuenca a Tragacete, y el enlace de la carretera de Tarancón a Teruel en el trozo del puente de San Antón a la Ventilla. Y cómo las penas con pan son menos, no faltó el “almuerzo” para el ministro y su comitiva…

-En este tipo de comidas se suele hablar con más elocuencia que con el más solemne y medido protocolo. ¿Dónde almorzaron?

-En el Ayuntamiento, en lo que es el salón de sesiones. Allí estuvieron las “fuerzas vivas” junto al ministro, entre ellos los referidos diputados, y a la hora de los postres y los brindis, pidieron a Canalejas la protección que tanto necesita Cuenca”. El obispo Sangüesa le dijo al ministro que si un Alfonso fue quien colocó la primera piedra de la Catedral, que fuera otro Alfonso el que termine su restauración. Canalejas dijo que Cuenca tendría un crédito suficiente para la reparación de la Catedral, “bien sea de lo consignado para festejos de la jura o del propio Rey, cuyo corazón juvenil y generoso no se negaría a contribuir a ello”. El 15 de mayo el obispo acudía a Madrid a la jura de Alfonso XIII como nuevo rey de España, lo que aprovechó al prelado para pedir ayuda al joven rey. En agosto de 1902, la Catedral era declarada Monumento Nacional, con lo que no faltaría la ayuda económica. Pero hasta 1910 no se colocó la primera piedra de la restauración, no de la Torre, sino de la fachada que tiró el arquitecto Lampérez para reconstruir la suya, a la que quería añadir dos nuevas torres que quedaron en el dibujo del proyecto. 114 años después, la Catedral sigue sin torres y por tanto sin campanas.

-Y ya para terminar recordando a las víctimas y sus familiares, ¿qué ayudas recibieron?

-No quedó muy claro. No obstante, el pueblo llano de Cuenca sí colaboró y atendió a la llamada para ayudar a las familias. Una comisión se encargó de organizar un festejo taurino a beneficio de las víctimas, que se celebró el 8 de junio de 1902 en la plaza de toros “La Perdigana”, que estaba situada en la Ventilla, en el antiguo Cine Xúcar. Con novillos de Ortega, Serrano y González, que resultaron bravos, actuaron los espadas Ramón Tarodo “Alhameño”, Germán Sánchez “Serenito” y Enrique Fernández “Carbonero”, que tuvieron una lucida actuación, aunque el fallo a espadas les privó de trofeos. Presidió el alcalde Ballesteros y el beneficio de la novillada, una vez efectuados los pagos, fue de 3.150,47 pesetas, una cifra estimable si tenemos en cuenta que en la caja del Ayuntamiento había 15 pesetas como decía el diputado de Huete.

 

 

1 comentario en “1902: Canalejas mandó demoler la torre catedralicia el 27 de abril y Montilla achacó la caída al repique de campanas

  1. BUEN ARTICULO COMO TODOS. EL NIÑOQUE HACE EL RELATO DE SIETE AÑOS DE EDAD FRANCISCO ,LOPEZ ESCUDERO FUE MUCHOS AÑOS MAESTRO DE HUETE Y ANTES DE MOLINOS DE PAPEL. SU HIJO FUE AGUSTIN LOPEZ SOLLA GRAN Y EXCELENTE ALCALDE DE HUETE Y VICEPRESIDENTE DE LA DIPUTACION AL CUAL RECUERDO MUCHO POR NUESTRA BUENA AMISTAD

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