Lorenzo Redondo Boldo, músico de vocación y guardia municipal

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Lorenzo Redondo Boldo (Cuenca, 14-11-1909 / 23-04-2005) fue un popular personaje de la vida conquense, tanto en su faceta de músico como de guardia municipal. Entre ambas profesiones, su pasión era la música y su intrumento preferido, el violonchelo. Fue alumno del maestro Nicolás Cabañas, para quien pedía una calle en Cuenca, cuando le entrevistamos en 1975. Tenía entonces Lorenzo 66 años y su deseo era seguir enseñando a tocar el violonchelo a jóvenes conquenses, pues nuestra ciudad siempre ha sido, y lo sigue siendo, una gran cantera musical, hasta el punto de que unos años después se pedía, a nivel institucional, que Cuenca fuese Ciudad para la Música con una campaña que pudo haber tenido mayor éxito y que además la denominada Joven Orquesta Nacional (JONDE) se ubicase en el edificio Palafox, preparado al efecto.

Lorenzo Redondo, siempre atento y respetuoso, aunque a él a veces se le faltaba con algún mote que no le agradaba, se presentó una mañana en la Redacción de “Diario de Cuenca”, en Aguirre, 3, para dar a conocer sus intenciones de enseñar a tocar el violonchelo, sin prestación económica alguna. “No me quiero morir sin haber enseñado a algún conquense”, venía a decir, y en verdad que su salud le permitió vivir hasta los 94 años.

Redondo Boldo me contaba su azarosa vida laboral, iniciada en sus años de aprendiz como cajista en las imprentas de Paco León y en la del Seminario, aunque a él más que las letras tipográficas lo que le gustaban eran las notas musicales, aprendiendo el solfeo con el maestro Nicolás Cabañas, ampliando luego sus estudios musicales con doña Antonia Tárrega. Le gustaba el violonchelo y la flauta.

Lorenzo Redondo tocando el violonchelo en el kiosko del Parque. Junto a él músicos como Olegario, Pepe Hergueta y Aguirre. (Descubriendo Cuenca)
Lorenzo Redondo tocando el violonchelo en el kiosco del Parque de San Julián. Junto a él músicos como Olegario, Pepe Hergueta y Aguirre. (Descubriendo Cuenca)

La música no daba para comer y en la Policía Municipal encontró el trabajo fijo para sacar adelante a su familia. En la Banda de Música tocó la flauta y el contrabajo, pero su afición al violenchelo le llevó a formar parte de algunas orquestas locales. Una de ellas la dirigió el maestro Jesús Calleja, y en ella actuaban, según recordaba Lorenzo, músicos conocidos como Manuel Rubio Jaén, Ramón Rodríguez Burgos, Enrique Armero, Alfonso Cabañas, Daniel Muñoz, Francisco Zurilla y Luis García, entre otros, además de Dámaso Urango y Aguirre. A veces formaban sextetos o grupos musicales para actuar en las revistas o varietés que pasaban por Cuenca, bien por el Teatro Cervantes como por el Teatro Cine Xúcar.

"Diario de Cuenca", 8 de marzo de 1975
«Diario de Cuenca», 8 de marzo de 1975

Recordaba Lorenzo Redondo cómo animaba con su música las películas de cine mudo, él tocando la flauta y su maestra Antonia Tárrega al piano. Su ilusión era enseñar a tocar el violonchelo y que en Cuenca se formase alguna orquesta, pues él estuvo a punto de enrolarse en la Orquesta de Radio Televisión Española, por mediación de Federico Muelas. Y aunque no le gustaba tocar el acordeón, Lorenzo presumía de haber tenido como alumno a todo un campeón de este popular instrumento, como lo fue Julián Labarra Juan, de Cañaveras. Su violonchelo le costó en su día 2.000 pesetas, cifra importante entonces, pero él decía que no lo vendía por nada del mundo.

(Entrevista publicada en «Diario de Cuenca», en la sección Usted Dirá, página 2, el 8-03-1975)

El propio Federico Muelas dedicó uno de sus «Cartas sobre la mesa» como carta abierta a Lorenzo Redondo, el 28 de abril de 1960, en el periódico «Ofensiva», que comenzaba así.

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«Quiero por escrito y públicamente, mi viejo y gran amigo, felicitarte por tu éxito como concertista de unos instrumentos más en la serie de los que tú dominas». Resaltaba Federico en uno de los párrafos: «Yo te veo, Lorenzo Redondo, figura representativa de un Cuenca al que no se le dejó crecer, al que nadie ayudó, del que los cómodos se rieron tras los cristales burgueses de sus vidas inútiles y bien pagadas, recorriendo las calles de Cuenca con rondallas, animando el siseo de las proyecciones cinematográficas en los lejanos días del cine mudo, embutido en tu uniforme de músico municipal tras las procesiones o en los desoídos conciertos del Parque, integrando orquestas y orquestinas, tercetos y quintetos…

La guitarra o el violoncello, la flauta o el armonium, ¿qué más daba a este corazón de oro pagado casi siempre con el tintineo de su propia emoción, a este alma limpia que sentía en la primavera –«¡ya ha venido mayo…»!– o en la Semana Santa, en la tarde de corrida o en el festival benéfico, necesidad de decir con notas lo que no sabría decir con palabras? ¡Y yo he visto también, Lorenzo Redondo, mi bueno, gran amigo, propicio siempre al propósito educador o generoso, cómo la beocia te zahería, cómo la ruindad babeante, obtusa, pretendía con sus pezuñas de buey –de animal castrado y servil– salpicar la gallardía de tu superación, de tu maestría tan bien ganada!….»

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Eduardo Carbó, igualmente, dedicó un recuadro en «Ofensiva» a Lorenzo Redondo Boldo, con un entrañable artìculo titulado «Músico de verdad», que aquí reproducimos, publicado el 13 de mayo de 1960. (Centro de Estudios de Castilla-La Mancja)

Lorenzo Redondo Boldo, músico y agente municipal, que aquí queremos reconocer por su abnegación, paciencia y aguante, en una época más propicia a la falta de consideración, que al reconocimiento de la obra bien hecha. Su sueño de que jóvenes músicos conquenses, de ambos sexos, pudieran tocar el violonchelo o formar parte de orquestas, se ha cumplido. Cuenca es ciudad para la música gracias a las nuevas generaciones de músicos conquenses.

 

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