Entre el mito y la leyenda, la realidad: triple puerta grande para Morante, Talavante y López Simón

CHICUELITO

Los tres a hombros. Foto: Josevi
Los tres a hombros. Foto: Josevi

Me dijo Mario Vargas Llosa (un buen aficionado taurino por cierto, paisano de Roca Rey, torero peruano que nos tiene a todos en vilo por si viene o no a la feria de Cuenca este miércoles 23, tras su reciente cogida en Málaga), en una entrevista que tuve la suerte de poderle hacer en el otoño de 1987,  en el Museo de Arte Abstracto Español de esta ciudad Patrimonio –que este año cumple su Cincuentenario–, que “Cuenca es uno de esos casos en los que el mito y la leyenda están a la altura de la realidad”. Y esto, adaptado a la feria taurina de San Julián de 2016, tiene algo de mito, de realidad, de leyenda o de misterio, porque ayer en el coso conquense vimos “volar” a un picador cuando el toro “Burlador” arrolló al caballo y al del castoreño junto a las tablas, derribándolos, y poco más tarde era López Simón quien salía por los aires en una espectacular  cogida que quedó en el susto y magulladuras para el torero madrileño de Barajas. La mano de San Julián debía estar al quite, pues ya el primer “zalduendo” de la tarde atendía por “Transparente”, nombre del altar de San Julián en la Catedral.

El mito y la realidad de la presente feria es que Cristina estuvo genial el sábado en su reaparición, triunfando con El Juli, y el domingo, en la doble sesión, puerta grande para los novilleros El Gallo y Marcos y, por la tarde, el indulto de “Escarcha” lidiado por un sublime y majestuoso Perera, que vuelve por donde solía. El extremeño reconoció que fue una de sus mejores tardes.

La otra cara del paseíllo. Foto: Saúl /Las Noticias de Cuenca
La otra cara del paseíllo. Foto: Saúl /Las Noticias de Cuenca

Antes de que saliera “Burlador” a la arena burlando a lidiadores y subalternos  en los tercios de varas y banderillas, me decía el abonado puebleño Marciano Fernández Monreal, que tras los primeros cinco toros hacía tiempo que no se había visto nada igual en Cuenca y cómo titularía la crónica. Uno, que sabe por experiencia que lo nunca visto está siempre por venir, como el mañana, le dijo que había que esperar, y como Marcial es experto en reparar maderas antiguas o carcomidas, le recordé aquello de que “hasta que la rata no está en la lata no hay que cerrar la tapa”.

Valga la amplia introducción para dejar anotado que la corrida del lunes 22 de agosto, con siete orejas, sin ser excesivamente triunfalista, sino realista, entre el mito y la leyenda, estuvo a la altura de la realidad de lo que se vio en el ruedo, que fue mucho, bueno y también malo como cierto desorden en la lidia, y que el ganado, pese al saldo orejil, se quedó en un aprobado raspado, con cinco toros justitos de presencia y un sexto que se fue hasta tres veces al caballo y originar los sustos comentados, para resultar áspero en la muleta.

Morante de la Puebla. Foto: Saúl /Las Noticias de Cuenca
Morante de la Puebla. Foto: Saúl /Las Noticias de Cuenca

Morante de la Puebla recibió a “Transparente” por chicuelinas, cosa no muy habitual, pero los genios tienen estas cosas, realizando un breve quite por verónicas y la media. En la plaza se escuchaba el runruneo de qué hará Morante esta vez, en su único paseíllo por Castilla-La Mancha. Con ayudados comenzó el de la Puebla del Río el trasteo para seguir su labor creativa muleteril con dos tandas de derechazos pausados, rezumando arte y torería. Con la izquierda toreó despacio, gustándose, en dos series cortas ligadas, con remates muy pintureros, o sea, elegantes. La faena corta, de esencia morantista, concluyó con trincherillas, molinetes y fugaz abaniqueo. Prendió una estocada que le valió una oreja.

Morante dejó muchos detalles de torería. Foto: Saúl /Las Noticias de Cuenca
Morante dejó muchos detalles de torería. Foto: Saúl /Las Noticias de Cuenca

El cuarto se llamaba “Sobra” y el nombre era mejor no mentarlo por si las moscas, que por cierto alguna cojonera rondaba por los tendidos buscando la miel de algún postre. Los tres  primeros actos transcurrieron con cierto desorden. Morante apenas se lució con la franela, los clarines tardaban en anunciar la salida de los picadores y cuando lo hicieron el de Zalduendo se fue al reserva. Siguió el desconcierto en banderillas y cuando Morante iniciaba la faena de muleta las opiniones se dividieron, pues el toro “Sobra” tampoco andaba sobrado de fuerzas. El de la Puebla se fue con la flámula a los terrenos de la querencia, y allí inició su torera faena, en terrenos del sol, levantando olés y entusiasmos. Varias series de derechazos y redondos pausados, al ralentí, iban dejando ese sabor de toreo añejo, con remates muy toreros, improvisando incluso en sus cambios de mano. Morante desarrolló técnica y oficio, incluso, para seguir modelando ese toreo de regusto que él sabe interpretar. En suma, que José Antonio puso de acuerdo a todos con ovaciones sentidas, con esa faena de torero inspirado, que rubricó esta vez sí con un abaniqueo muy artístico. La estocada caída necesitó un descabello tardío y sonó el aviso, pero Morante había abierto la puerta grande con esa oreja ganada en terrenos que no le son muy habituales.

Talavante al natural. Foto: Saúl /Las Noticias de Cuenca
Talavante al natural. Foto: Saúl /Las Noticias de Cuenca

 

Alejandro Talavante realizó una de sus mejores faenas de las que ha podido dejar en sus comparecencias en Cuenca. Por “Jefe” atendía el segundo de la tarde, pero el jefe fue Talavante que supo aprovechar su recuperada puesta a punto, aunque las verónicas intermitentes iniciales dejasen alguna duda. Tras un puyacito, el extremeño dejó un quite por gaoneras y la media revolera, que hacía tiempo no se veía por estos lares. Tres pares de palitroques para el “Jefe” y Talavante, hierático, firme, comienza su faena con estatuarios y pases cambiados de espaldas, tras brindar al público. Los naturales fueron largos y rotundos en las distintas tandas, y los redondos, con el cambio de mano, salieron templados y ligados. “Cuando torea Talavante nadie lo hace mejor que él”, comentaba un cercano espectador, y aquí de nuevo entra el mito y la leyenda urbana que se da mucho en el toreo, aunque hay frases y dichos para la posteridad como “el rincón de Ordóñez”, que no deja de ser un bajonazo, y alguno indisimulado vimos ayer. Acabó Talavante con unas manoletinas de fotocopia y tras la estocada caída y trasera se le pidieron las dos orejas. El presidente, inmerso en la realidad, le concedió una.

Talavante comenzó y terminó la faena toreando de rodillas. Foto: Saúl /Las Noticias de Cuenca
Talavante comenzó y terminó la faena toreando de rodillas. Foto: Saúl /Las Noticias de Cuenca

Pero este torero frío en la mirada, amanoletado en eso que ahora se llama perfil, y no me salgo del léxico taurino, estaba animoso y animado, caliente de triunfo, y cuando recibió a “Antagonisto” tiró de lances menos vistos como la llamada cordobina a modo de trincherilla. Cabe destacar un aplaudido buen puyazo, y Talavante, con ganas de puerta grande conseguida por Morante, inició su faena con pases de rodillas que llegaron al público. Después, tandas de derechazos en la verticalidad de su toreo de largo trazo en los redondos y en los naturales, sin apenas mover las zapatillas. Hasta que “Antagonisto” quiso ser protagonista como ese burel que se va apagando o rajando. Alejandro concluyó su vistosa y firme faena mientras duró con pases de rodillas y circulares, que elevaron el pulsímetro de los aplausos cuando arrojó los trastos en la genuflexa posición. Talavante metió la tizona trasera y tendida, pero con tan rápidos efectos, que paseó por el ruedo las dos orejas. Con un par.

López Simón derrochó valor. Foto: Saúl /Las Noticias de Cuenca
López Simón derrochó valor. Foto: Saúl /Las Noticias de Cuenca

El madrileño López Simón no quiso ser convidado de piedra, sino que se apuntó a esa triple puerta grande, con su valor a raudales y tesonero esfuerzo torero, aunque esta vez su toreo con el capote quedó casi inédito. Por “Jaula” atendía el tercero de la tarde, de anovillada presencia, con poco relieve en el recibo, el tercio de varas y en banderillas, donde hubo un tercer par bueno. Con la muleta, López Simón realizó una labor de brega y codicia para sacar algunas tandas estimables, sobre todo con la derecha, ligando series de redondos y el remate de pecho. Con la zurda dejó algún apunte y en los pases circulares se lució. Poco más para una estocada certera tras pinchar en hueso. La prontitud en mandar a “Jaula” descerrajado al desolladero le valió un apéndice.

El fotógrafo Saúl captó fielmente la caída. / Las Noticias de Cuenca
El fotógrafo Saúl captó fielmente la caída. / Las Noticias de Cuenca

En el sexto, López Simón se ganó la oreja por su tremendo valor y torería, en tandas muy meritorias. Sin apenas hacer nada con el capote, el madrileño vio cómo “Burlador”, el de más romana, derribaba al caballo y al del castoreño contra las tablas y el piquero salía disparado de la montura, afortunadamente sin daños. En el revuelo, Morante evitó la cogida de un subalterno con un prodigioso quite, mientras el toro se iba al reserva. Allí recibió un puyazo y aún buscó otro. Se aplaudió al picador Rivas tras reponerse de la caída aérea. En banderillas aún “Burlador” dio otro susto, pues denotaba un peligro sordo como se suele decir.

López Simón se llevó un buen susto. Foto: Saúl /Las Noticias de Cuenca
López Simón se llevó un buen susto. Foto: Saúl /Las Noticias de Cuenca

López Simón intentó ahormar a su oponente, al que fue sacando tandas lucidas sobre ambas manos, aunque en un par de veces avisó de sus intenciones. Nada de confianzas. En sus ganas de triunfo, el joven torero de Barajas seguía exponiendo y, componiendo al tiempo, una faena digna de la corrida que se cerraba, aunque “Burlador” iba a menos. En uno de los momentos de la lidia prendió el toro a López Simón, que se hizo daño en la espalda al caer en tan mala postura y altura. Tras el susto, el propio diestro, en zapatillas, concluyó la faena, con dos tandas, ya entregado, y una estocada atravesada que bastó. La oreja le premió su valor, ganas y torería.

Los tres espadas salieron por la puerta grande y eso sí que fue una realidad tangible, porque los toreros lo demandaron en el ruedo con su forma de expresarse y el público lo pidió por mayoría ante el usía presidente. Y aún quedan dos tardes de feria taurina.

LA FICHA ARTÍSTICA

Plaza de Toros de Cuenca. Lunes, 22 de agosto 2016. Cuarto festejo de la feria de San Julián. Más tres cuartos de entrada. Tarde de calor hasta en la sombra, donde no cabía un alfiler. Se regó la plaza tras el tercer toro y la iluminación encendida en el quinto. Preside Emiliano García.

Seis toros de Zalduendo, de Cáceres, justos de presencia salvo el sexto. Primero y segundo dieron buen juego. El resto menos boyantes, con un sexto de mayor fuerza, pero con menos clase. Peso: 463, 458, 476, 489, 501  y 517 kilos.

Morante de la Puebla (barquillo y oro), una oreja y una oreja tras aviso.

Alejandro Talavante (nazareno y oro), una oreja con petición y dos orejas.

López Simón  (carmelita y plata), oreja y oreja.

Divulgación de la fiesta en "tour Morante". / Josevi
Divulgación de la fiesta en «tour Morante». / Josevi

Al final del festejo los tres toreros salieron por la puerta grande. Junto a  la entrada de la plaza de toros se había instalado durante el día la carpa del llamado “tour Morante” en el que se repartieron libros de “El arte de birlibirloque”, de José Bergamín, con prólogo de Morante, fotografías y pitones para que los pequeños puedan jugar a torear. Todo quedó agotado, pues en Cuenca ya se toreaba en el Júcar y el Huécar en siglos pasados.

 

 

 

 

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