Días de Feria (Verano del 59)

ARTICULO PUBLICADO EN EL EXTRA DE SAN JULIÁN DE 2000 DE «EL DIA DE CUENCA» Y EN EL PROGRAMA OFICIAL DE FIESTAS DE 2001

En aquel verano del 59 se notaba un mayor movimiento turístico en la ciudad de Cuenca, la encantadora desconocida que César González-Ruano se encargaba de cantar en sus artículos en ABC. Carretería era “calle mayor” como en la propia película que rodó en Cuenca tres años antes Juan Antonio Bardem; la posada de San José, de la mano de Fidel García Berlanga, era lugar de tertulias y fonda para artistas y cameramans. Los planos de la Cuenca alta ofrecían la última imagen del Cerro del Socorro sin el monumento al Corazón de Jesús del escultor Bieto, inaugurado en el verano del 58. El niño de nueve años, que evoca la historia, recuerda aquel verano del 59, desde la Plaza de Canovas, con el pastor de las Huesas del Vasallo de Marco Pérez presidiendo la vida ciudadana. (El escultor había tomado como modelo a un pastor de Mariana de apellido Marco).  En la plaza de los Carros, los melones se amontonaban bajo los lonas verdes y caquis sujetas por unos palos a los árboles.

El melonero saciaba su sed con el botijo y en el cercano Mercado de Abastos, con vidrieras de Wifredo Lam, las pescaderas pregonaban su género: ¡Sardinas frescas!  (Pero lo que más se vendían eran sardinas saladas, aplastadas en cajas de madera redondas, mientras una camada de gatillos merodeaba cerca husmeando las raspas).

Cartel del programa de San Julian 2015, de Enrique Fernández Atienza
Cartel del programa de San Julian 2015, de Enrique Fernández Atienza

Los baños en la Playa tenían su aquel. Aquí los mozos, allá las mozas.  Y por medio, piraguas y la figura alta y de tizón bronceado de Victoriano Cañas, el hombre de la playa que a los niños infundía respeto. Salvó de ahogarse a muchos bañistas. En el Vivero de Santa Ana, donde los niños compraban chufas y un cucurucho de papel de pipas, se jugaba al baloncesto y al balonmano. Se acercaba el final del verano y héte aquí, que comenzaban las fiestas. ¡Tararí, tarará! Cohetes y “bombas reales” anunciaban la feria y fiestas de San Julián, del 3 al 10 de septiembre.

En la explanada de Sánchez Vera las atracciones ponían música y color. Al niño le gustaba subir a los caballitos y hacerse la foto con la mamá en un caballo de cartón, junto a un decorado multicolor. Los cochecitos daban una y mil vueltas ante la mirada atónita de aquel niño, que se conformaba con chupar un caramelo largo de colores tal cual arco iris. Y sonaba la música de los “doce cascabeles” mientras los caballitos que “subían y bajaban” daban vueltas en el ferial. ¡Pasen y vean! ¡El Circo!. Los del Price y el Kron pasean por Cuenca, con los chavalotes tras ellos recogiendo los caramelillos “saci” y pelotas de goma “gorila”. ¿Gorilas? “No, vienen leones, y les dan de comer carne de burro”. Raudos acuden los niños, tras la carpa del circo, donde unos “húngaros” (al niño le parecían gitanos) esperan al domador para venderles dos escuálidos pollinos. Malas intenciones. Los niños salen disparados con el susto en el cuerpo.

Los payasos hacen olvidar el mal rato. El de la cara blanca, con una ceja pronunciada que parece una media luna, es el que manda y de vez en cuando le arrea un mamporro al payaso de la nariz colorada, pantalones de colores y pelo de color naranja. Y anuncian al ¡Gran Daja-Tarto!  Un fakir con traje de perlas, turbante dorado y ojos que hechizan con su alfanje en las manos. Dice que se va a comer las tizas de la pizarra en las que hacemos las cuentas de multiplicar y los quebrados, y mastica cuchillas de afeitar “sevillanas”.

El niño le da la mano a Daja-Tarto, el fakir que había visto en la película “Un traje blanco”. Se llama Gonzalo Mena Tortajada, dice que es de Cuenca y que ha nacido en la Plaza Mayor. Lleva anillos y un colgante de oro con un crucifijo. Cala sombrero y utiliza un bastón de empuñadura de plata. Come solomillo medio crudo y bebe “chatos” de tinto para “digerir”  el “menú circense”: “He comido miles de vasos, cerillas, cemento; las cuchillas las masticaba como si fuesen patatas fritas”. Daja Tarto hace cuentas: “8.432 solomillos a cuenta de ese menú de bombillas, tizas, cuchillas”. “El peor trago fue cuando me metieron una guindilla. Fue la vez que peor lo pasé. Luego me enteré que había sido mi gran amigo Tony Leblanc”. (Daja Tarto recibió el 25 de agosto de 1974, en la plaza de toros de Cuenca, la Medalla del Trabajo. La diseñó Félix Cubertoret con las Casas Colgadas, el escudo de Cuenca y la efigie del fakir).

César Gonzalo-Ruano toma el vermú en la puerta del café Colón junto a Paco Mendoza y Jesús Sotos, y la gente pasea por Carretería con aires de fiesta. César inicia el artículo que llevará Monsuarez a “Ofensiva”: “Las grandes fiestas de la pequeña ciudad son ahora, en San Julian”. “Como todos los años, se comenta en los bares, en los cafés, en el Casino, la ganadería que van a traer, y también como todos los años se dice que el torero más importante no vendrá. Las localidades, aún a precios astronómicos, escasean. Una barrera de sombra cuesta cuatrocientas pesetas. No es así cualquier cosa”.

Los Velasco venden sus helados en carritos de azul y blanco. El vendedor de globos hace el agosto en septiembre en Carretería.  La calle principal parece una jaula de grillos: “¡Ha salido “Ofensiva”!, “¡A los toros, a los toros!”. El niño se asombra de gentes que van y vienen.  Huele a café y a puro. Del tejado más alto de Carretería, varias letras se encienden y se apagan a la vez hasta completar el letrero: “PHILIPS”. ¡Asombroso!.  Juan Salvador reparte carteles de mano de las corridas y un gran cartelón anuncia la Feria en el Bar Torremocha, donde Pepe habla con entusiasmo de Chicuelo II, Juanito Recuenco y los Sánchez Jiménez, mientras pide unos zarajos y manitas de cerdo. Tertulias con pasión sobre los toreros de Cuenca.

Artículo en el programa de 2001
Artículo en el programa de 2001

El niño memoriza los carteles: 4 de septiembre. Novillada con picadores. Seis hermosos novillos de Eugenio Marín Marcos para Andrés Hernando, Luis Alfonso Garcés y Alfonso Ordóñez. El de Pozorrubio y Ordóñez se repartieron cinco orejas y rabo. Día 5, monumental corrida de toros para los matadores Antonio Ordóñez, Chicuelo II y Pepe Cáceres. Día 6, Galas de Arte.

El 5 de septiembre es el día grande. El arca con los restos del  Patrón San Julián ha salido de la Catedral en procesión en la tarde anterior. La mirada del obispo Inocencio no pasa desapercibida para el niño, que recibió un cachete en la Confirmación. Cuenca se ha vestido de fiesta y los Gigantes y Cabezudos inundan Carretería a los sones de dulzaina y tamboril para llegar por la Puerta de Valencia hasta la mismas Casas Colgadas y cruzar por el Puente de San Pablo. Carlos Saura filma el grandioso espectáculo para su primera película: “Cuenca”. La voz la pone Francisco Rabal.

Llegan los toreros al hotel, y con Antonio Ordóñez el escrito Ernest Hemingway, que escribe su libro “El verano peligroso”. Ordóñez y Chicuelo II han toreado pocas semanas antes en Aranjuez. Al torero de Iniesta lo vio allí Hemingway: “Como segundo matador iba Chicuelo II. Es, o era, muy bajo, de aproximadamente metro cincuenta y cinco, con un semblante grave y triste. Le considero más valiente que un tejón, cualquier otro animal y la mayoría de los hombres y llegó a novillero y después a matador en 1953 y 1954, respectivamente, desde la terrible escuela de las capeas. Estas son corridas bastante informales que se celebran en las plazas de los pueblos de Castilla, de la Mancha, y, en menor grado, en otras provincias donde los mozos de la localidad y las cuadrillas itinerantes de aspirantes a toreros se enfrentan a reses que han sido lidiadas una y otra vez”. Hemingway reflexiona sobre el torero conquense: “Chicuelo II fue una estrella de las capeas hasta los veinticinco años. Mientras los matadores de fama contemporáneos de Manolete lidiaban toros, medios toros y toros de tres años con los cuernos afeitados, él se enfrentaba a algunos de siete años con las astas intactas. A muchos de ellos los habían lidiado anteriormente y resultaban peligrosos como cualquier animal salvaje. Debía torear en aldeas que no contaban con enfermería, hospitales ni médicos. Para sobrevivir, Chicuelo II debía entender de toros y conocer la manera de arrimarse sin que le cogieran”. De aquella tarde de Chicuelo II en Aranjuez, con dos orejas en la vuelta al ruedo, Hemingway terminaba diciendo: “Me agradarecordarle tal como le ví aquel verano ya que de nada sirve pensar en lo que le locurrió al cambiarle la suerte”.

En aquel verano del 59, en aquella tarde de Cuenca, con la plaza hasta la bandera, Chicuelo II salió a hombros tras cortar cuatro orejas y un rabo, mientras que Antonio Ordóñez fue ovacionado y Pepe Cáceres pitado. Sería la última actuación de Chicuelo II, pues meses más tarde llegó la tragedia de Montego Bago con el accidente de aviación: 20 de enero de 1960.

El niño, que había estado en los toros por primera vez, y tenía aún en su retina las imágenes de dos años antes con la Coronación de la Virgen de las Angustias, preguntaba a su madre: “¿Por qué los toreros llevan vestidos de luces como los mantos de las vírgenes, con alfileres de colores?”. Y la madre, que bordaba de raso en un bastidor sobre un cartel de Gustavo Torner, de la Coronación, contestaba con la aguja entre los dientes: “No hagas preguntas irreverentes”.

De nuevo en los caballitos, girando en el ferial, paseando entre las casetas de tiro de las bolas de colores, con fotos para las parejas de novios tras el disparo de la escopetilla de plomillos, las tómbolas de los Cachichis y el Terremoto, y el vinillo dulzón del tío de la bota. El niño volvía a casa tan feliz, con un martillo de caramelo y observando en el puente de San Antón a los caballos camino de La Fuensanta para el Concurso Hípico que iniciaba su andadura, con el señor Amorós y “Aguilito”. En la explanada de Sánchez Vera los fuegos artificiales ponían el fin a la feria y en Carretería la traca casi hace rodar los melones de la plaza de los Carros. Al fía siguiente, a la escuela con la Encicopledia de Álvarez bajo el brazo. Menos mal que la vaquilla estaba a la vuelta de la esquina…

José Vicente ÁVILA. 16 de agosto de 2001.

(La Feria de Sa Julián de 2001 se celebró del 16 al 26 de agosto, con Pregón de Javier Semprún).

 

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