Pregón de la Feria de San Julián 2017 de Susana Pérez (webos fritos)

«Cuenca me sabe a ajoarriero y a gachas, a potaje serrano y migas de pastor, a chorizo de orza, a morcilla, a moje, a caldereta y perdiz escabechada, a pistillo y níscalos en su tiempo, que lo de los hongos para un conquense es algo más que pasión. Me sabe a torta de manteca y a café de pucherete, a pestiño en la Plaza y a alajú: Cuenca sabe a lo que quieras tú”.  “Con el lenguaje cercano, amable y familiar que la caracterizan en las redes sociales, Susana Pérez ha triunfado este miércoles con un pregón que, como no podía ser de otra manera, ha sido un homenaje a la rica cocina conquense, a sus sabores y aromas, todo ello ‘cocinado’ entre sus recuerdos de infancia y aderezado con las vivencias actuales de ella y su familia cada vez que regresan a la ciudad”, escribe N. Lozano en Las Noticias de Cuenca.

“Ante un abarrotado Parque de San Julián, el alma mater de ‘Webos Fritos’, el blog de recetas que se ha convertido en un referente en el mundo culinario con cerca de un millón de lectores mensuales, ha seguido el consejo de su marido, Jesús Cerezo, y ha hecho lo que hace a diario, ser ella misma, aunque ello no le ha impedido emocionarse al subir al atril y que le lleven temblando las piernas desde que se enteró de que era la elegida para pregonar las fiestas patronales”.

Susana Pérez. / Las Noticias de Cuenca.
Susana Pérez. / Las Noticias de Cuenca.

Un Pregón con mucho sabor a conquensismo y cocina conquense, que ofrecemos en este Blog:

Señor Alcalde, miembros de la corporación municipal, autoridades, corte de honor, visitantes, conquenses: buenas noches a todos.

Cuando me propusieron dar el pregón de las Ferias y Fiestas de San Julián 2017, y ante la importancia de mis predecesores encargados de esta labor, me empezaron a temblar las piernas, y es a día de hoy, creedme, que sigo en el mismo estado,  por mucho que intente que no se me note, cuando he subido emocionada a este escenario de nuestro parque de San Julián.

Jesús, mi marido, que tan bien me conoce, al ver mi cara de preocupación sobre si yo estaría a la altura de semejante honor, me dijo solamente unas palabras: “Haz lo que haces todos los días, sé simplemente tú.”

Y entonces lo vi desde otra perspectiva. Pensé que era una ocasión estupenda de poder ser en Cuenca la voz de mis paisanos, cosa que hago cada día desde mis redes sociales. No puedo sentirme más honrada al tener esta oportunidad de contaros, a través de mis palabras, lo que siente una conquense entusiasta por su tierra. Esto tampoco tiene mucho mérito, ya que no conozco a ningún conquense que no lo sea.

Y así encomendándome a San Julián, nuestro Patrón, me pareció que la mejor manera de empezar este pregón sería con unas palabras mías escritas hace ya unos años en una entrada en mi blog, y que dice así.

Pregonera de San Julián 2017.
Pregonera de San Julián 2017. / Las Noticias de Cuenca.

“Nací hace 51 años en Cuenca, y no hay un sólo día que esté fuera de aquí que no la eche de menos. Pasear por sus calles es lo que me ayuda a ir llevando lo mejor posible mi día a día.

  No es que sea sólo yo la apasionada: cualquiera lo podéis comprobar. Su magia atrapó desde siempre a escritores y artistas de todas las disciplinas. Ahora es a ti al que te invito a conocerla: su gente te recibirá con los brazos abiertos, con una cocina sencilla con el sabor de lo auténtico que da esta tierra de hoces y piedra. Declarada Patrimonio de la Humanidad en 1996 es mucho más que una ciudad con encanto. ”

 Y así, poco a poco, a través de mis palabras, mis vivencias, mis fotos y las que hace mi marido, voy enamorando a mis lectores de una manera sencilla, simplemente enseñándoles lo que hago en familia en cuanto pongo un pie en Cuenca.

Por motivos profesionales trabajo fuera, pero en cuanto llevamos unas semanas sin venir, estamos deseando coger el coche, y aquí nos plantamos. Y es que en cuanto veo el Cerro del Socorro ya noto que me cambia la cara. Eso por no hablar de mis hijas, que antes de subir las maletas ya te las puedes encontrar paseando Carretería arriba y abajo.

Foto de Susana Pérez en webosfritos-
Foto de Susana Pérez en webosfritos-

Cuenca es para nosotros una recarga de pilas absoluta. Nos gusta subir al barrio del Castillo. Allí nos podrás reconocer fácilmente: Sara, mi hija mayor, estará con su móvil fotografiando algún rincón que al resto le ha pasado desapercibido; tiene un ojo muy especial para todo. La pequeña, Beatriz, estará con una pierna levantada al cielo en alguno de esos estiramientos imposibles de su mayor afición: el ballet. Jesús con su cámara y su mochila de fotografía a cuestas, porque es de los que piensa que cualquier paisaje de nuestra ciudad merece que él esté bien preparado para captarlo. Y mi madre y yo estaremos mirando hacia el Parador y descubriendo cómo unas simples nubes hacen que el paisaje cambie y nos siga sorprendiendo día tras día.

Luego bajamos poco a poco hacia la Plaza Mayor, una veces por la Ronda de Julián Romero y otras por San Pedro, y allí nos quedamos sentados enfrente de la Catedral, contemplándola, como si no existiera el tiempo. Y recordando que casi ahí mismo, cerca del pilón, conocí a mi marido, y que dentro de pocos días se cumplen veinticinco años desde que nos casamos en las Angustias, en un día precioso, con un cielo tan azul como sólo los conquenses conocemos.

Y me gusta pararme en la calle Alfonso VIII y descubrir que no estoy dentro de un cuadro, sino que es real, y bajar por la puerta de San Juan hasta la hoz y disfrutar de las impresionantes rocas calizas que abrazan la ciudad con una compañía bien especial: el curso del río Júcar. Y cuando levanto la vista y veo las traseras de las casas no dejo de admirar su singular arquitectura que ha sabido adaptarse al cerro, y dar habitabilidad a la roca, y miro una y otra vez esos rascacielos, que ya los quisiera Nueva York.

Y en los días donde el calor aprieta nos gusta bañarnos en nuestra playa. Sí, sí, si no eres de aquí, has oído bien, porque en Cuenca hay playa. En un maravilloso paraje por cierto, donde se pone a prueba nuestro carácter recio al bañarnos en las frías aguas del Júcar.

Y todos los años, bajo los perfiles de las rocas y los miradores caminamos hasta San Julián.  Tras una primera subida, el resto del camino transcurre por el contorno de la hoz hasta la ermita dejando la silueta de Cuenca a lo lejos, elegante e inexpugnable, y desde allí contemplamos chopos, pinos y tilos, camino, fuente y merendero, paz y tranquilidad. Bueno, eso cuando no coincide con las fechas en que muchos conquenses veneramos a nuestro Patrón y el sitio se transforma en alegre y multitudinaria reunión.

Desde que era bien joven me gusta caminar por la hoz del Huécar y llegar hasta el desvío de Molinos de Papel, y saludar  con un ‘buenos días’ a mis paisanos caminantes con los que me cruzo, costumbre que aún no hemos perdido y que no deberíamos perder. Y de vuelta a casa contemplar nuestros reclamos turísticos más preciados, las Casas Colgadas y el Puente de San Pablo, iconos que mantienen su encanto en cualquier estación del año.

Y en invierno, cuando el frío serrano aprieta, subimos abrigados a Mangana, testigo inmóvil del tiempo, y allí pasamos un buen rato, atisbando a lo lejos la iglesia de la Virgen de la Luz y el barrio de San Antón, ya pensando en volver de nuevo sin siquiera habernos ido.

Y esta noche no acabaría mi pregón… repasando cada barrio de nuestra Cuenca, y es que tiene mil rincones para descubrir y eso sólo lo puede hacer uno mismo, sin más guía que el dejarte llevar por una de las ciudades más hermosas del mundo.

Durante los primeros años de mi niñez pasé mucho tiempo en la huerta que tenían mis abuelos justo debajo del puente por el que ahora se entra a Cuenca viniendo desde Madrid, años que pasé entre gladiolos, habas, patatas, judías verdes y matas de tomates y pepinos. Todavía recuerdo como si fuera hoy mismo a mi abuela Amalia organizando la verdura recién cogida y lista para vender. Mis orígenes son los que me han hecho una apasionada del tomate conquense. Si hiciera una cata ciega de nuestro tomate entre otros muchos, sé que acertaría en cuanto lo probara, precisamente por sus cualidades. El tomate conquense es hermoso, terso, carnoso y de un color entre rojo y rosado. Mi abuelo cuidaba primorosamente la semilla, y cada pieza era un regalo para los sentidos.

La huerta era muy esclava, y requería una mentalidad poco habitual hoy día: no tenía horario y ni siquiera una cosecha segura. De ellos y a través de mi madre aprendí parte de lo que soy: mi espíritu de trabajo y ese gusto por lo sencillo y por el buen producto local, que tenemos que mimar y cuidar si no queremos que un día no muy lejano sólo perduren esos sabores en nuestra memoria.

Y hoy, no puedo por menos que, con permiso de los buenísimos restauradores que tenemos, hacer un homenaje a mi madre, la mejor cocinera que conozco, que me ha enseñado todas las recetas de nuestra tierra. Y no sólo eso: desde bien pequeña la acompañaba a la Plaza de los Carros, no lejos de aquí, y fue allí donde aprendí a comprar con soltura y cabeza, y deseando que de vuelta a casa llegara mi mayor recompensa: comerme por el camino un par de magdalenas recién hechas.

Y si hay un plato emblemático de la ciudad del que estoy orgullosa es de nuestro morteruelo. Para los que estáis hoy en Cuenca por primera vez a acompañarnos en estas fiestas y no lo conozcáis os diré que es como un paté caliente de caza, que viene de tiempos antiguos; plato de pastores reconvertido en manjar en nuestras mesas, soberbio, rotundo. Ahora se sirve como tapa, pero antiguamente era plato base para aguantar el duro invierno.

En casa lo hacemos todos los años y es un momento mágico en la cocina.

La verdad es que nunca nos sale igual de una vez para otra aunque lo hagamos de la misma manera. Las especias vuelan a la olla y el aroma es maravilloso… No hay cosa más especial para mis paisanos que compartir con familia y amigos morteruelo y un buen pan.

Y hay unas palabras de Fernández de Hita, 2º Premio Tormo de Oro en su 4ª edición , allá por 1984, que convocaba el inolvidable Pedro Torres, que hoy quiero recordar, y dicen así:

“[…]esta tierra sabe a cocina de campo,

a pitanza de pastores,

sabe a hogar de baja lumbre,

y sabe a fuerza de costumbre,

a humo de paja y tea,

a baleo, a soplillo

y a silla baja de anea.

Sabe a escudilla de barro,

a jícara y a tinaja,

a cántara y a cacharro;

sabe a alacena,

a trébedes y a candil,

y a relatos de pastores

en tibias noches de abril.

 

Sabe a conejo y tomillo,

sabe a almazara y a esparto,

sabe a lebrillo y a artesa

y sabe a banca castellana

de vieja madera,

sabe a pastoril zarajo,

y calandrajos,

a resolí y paloduz,

sabe a lo quieras tú,

a espliego,

a menta y a romero,

a queso y a miel,

a cordero,

a tiznao y salmorejo,

a buen vino de pellejo

y a pimentón colorao,

a trillos, horcas,

a eras,

a ramales, seras y esteras,

a los eternos inviernos

y las cortas primaveras.

Sabe a caricia y a beso

de claras noches de luna,

sabe a esfuerzo

y a sudor rústico labrador,

a su interminable tajo

y a su infinita labor […]”

Y yo añadiría que Cuenca me sabe a ajoarriero y a gachas, a potaje serrano y migas de pastor, a chorizo de orza, a morcilla, a moje, a caldereta y a perdiz escabechada, a pistillo y a níscalos en su tiempo, que lo de los hongos para un conquense es algo más que pasión. Me sabe a torta de manteca y a café de pucherete, a pestiño en la Plaza y a alajú: Cuenca sabe a lo que quieras tú.

Y llegados a este punto es momento de agradeceros vuestro esfuerzo a todos los que día a día trabajáis por la ciudad, a los que atendeis a las personas que vienen a visitarnos y lográis que se sientan como en casa, desde el pequeño comercio, hoteles  y a los muchos bares y restaurantes que tenemos, a las personas que, como yo, hacéis visible nuestra tierra a través de Internet y, por supuesto, a todos los que esta noche nos estáis viendo desde vuestra pantalla del ordenador y con ese gesto de apoyo hacéis que hoy Cuenca sea universal.

Pero sobre todo quiero tener un recuerdo especial para todos los conquenses que están fuera y que por un motivo u otro no pueden estar estas fiestas con nosotros.

El alcalde entrega un recuerdo a la pregonera. / facebook ayto. cuenca
El alcalde entrega un recuerdo a la pregonera.
/ facebook ayto. cuenca

Y tampoco quiero olvidarme de nuestros mayores: vosotros a los que tanto os debemos, que fuisteis trabajadores en tiempos nada fáciles, orgullosos de vuestros orígenes, algunos emigrantes que habéis vuelto a vuestra tierra para disfrutar de un merecido descanso. Pasadlo bien estos días festivos y no os perdáis ningún acto, deportivo, cultural o musical, pensados para que sean de vuestro agrado.

Los más pequeños tenéis un montón de actividades: hinchables, actuaciones infantiles y una de las cosas que más gustan a todo el mundo: el clásico concurso de esculturas de arena.

También sé que esperáis con mucha ilusión el día de mañana para ver el tradicional desfile de carrozas. Yo recordaré especialmente a mi padre, que ya no está con nosotros, que durante muchos años condujo uno de los coches que las llevan, y que siempre disfrutaba con los preparativos, feliz de poder vivir el buen ambiente de ese día.

Estos días los aficionados a los toros están de suerte con una de las mejores ferias taurinas, con prestigio sobradamente conocido. Además, me consta que la preparación del bocata de media tarde se convierte en un momento especial.

Y todos los años, incluso antes de saber los conciertos que habrá en estas fechas, ya estoy gozándolo, porque siempre se programa alguna actuación que nos permite disfrutar de la gira de alguno de nuestros grupos o cantantes favoritos del panorama musical, así que cuando veais a una señora de mediana edad dándolo todo, esa seré yo.

Este año además Cuenca acoge un final de etapa de la Vuelta Ciclista a España, con la importancia que esto tiene tanto en la afluencia de nuevos visitantes como en la retrasmisión de la etapa. Las imágenes, muchas de ellas hechas desde el aire, harán que se conozcan nuestros rincones desde otra perspectiva y dejarán a muchas personas con ganas de venir a conocer la ciudad. Ya lo dijo Umbral: “Cuenca es más de cielo que de tierra”.

Los conquenses saldremos todos a la calle a ver este deporte tan duro y bonito a partes iguales que tan arraigado está entre nosotros.

Y para terminar quiero pediros dos favores, que aunque no es lo habitual en un pregón, puede ser un buen momento para instaurarlo:

  • El primero es que miremos todos por nuestra Cuenca. No hace falta tener un puesto de responsabilidad para hacerlo: todos podemos cuidarla y mimarla. Y lo poco o lo mucho que cada uno pueda hacer que lo haga con excelencia, para conseguir que la parte visible sea tanto para visitantes como para los conquenses un espacio perfecto de convivencia y un espejo en el que se miren otros. El latido de la ciudad, esa parte que no se ve, esa la tenemos asegurada, porque Cuenca está llena de un montón de buena gente, que es lo que hace que sea tan especial.
  • Y el segundo favor que os quiero pedir es que disfrutéis de nuestras fiestas como si no hubiese un mañana, con alegría y en armonía, con la familia y los amigos, y que gritemos juntos, más fuerte que nunca, para que nos oigan desde toda la ciudad los vecinos que no han podido venir esta noche, lo que para esta humilde pregonera es un honor proclamar:

¡Viva San Julián!   ¡Viva Cuenca!

Muchas gracias a todos

 

 

 

 

 

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