El “Nazareno del Confinado” de Valdemeca

La imagen desfiló el Jueves y Viernes Santo de 1932 en la localidad serrana, el mismo día que Antonio Torrejoncillo, el autor que la esculpió, fue indultado

J. V. ÁVILA / Las Noticias de Cuenca

La palabra confinamiento o confinado está a la orden del día debido a la pandemia del coronavirus, que nos tiene a todos recluidos en casa para evitar contagios. Pero hay otra modalidad de confinamiento, en este caso político, que distintos gobiernos de todos los países, entre ellos España, han utilizado a lo largo del tiempo. Personajes famosos y menos conocidos sufrieron confinamientos. Uno de esos casos tuvo como escenario la provincia de Cuenca en el primer trimestre de 1932. El confinado respondía al nombre de Antonio Torrejoncillo Collazos, que junto a otras personas sufrió pena de destierro o confinamiento, en este caso en la serrana localidad de Valdemeca. Un pueblo entonces perdido en la Serranía, sin luz, carreteras ni caminos.

A otro de los confinados lo mandaron a las Hurdes. Contaba un familiar, muchos años después, que Antonio Torrejoncillo estudió Derecho en Madrid y sin ejercer la carrera penetró en el mundo de la política activa, fue diputado, y en diciembre de 1931 se le acusó de un complot monárquico y por ello fue desterrado. El periódico nacional “El Debate” publicaba la noticia de que Antonio Torrejoncillo había sido confinado en Valdemeca, donde llegó en el mes de enero y desde el primer momento fue acogido en su casa por el párroco, Severiano Cano Marín.

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A mediados de febrero, el suplemento “Blanco y Negro” publicó el reportaje titulado “Los confinados en sus destierros: Don Antonio Torrejoncillo, en Valdemeca”. Con texto y fotos, Rafael Campos explicaba así su viaje: “Véase el difícil itinerario: De Cuenca a Villalba de la Sierra y Uña, en automóvil, 38 kilómetros. En Uña hube de hacer noche para salir muy de mañana en caballería. Pasé por La Toba y Venta de Navarro hasta llegar por Huélamo a la carretera de Tragacete. (Realmente aparece escrito Huelomo y Trogocete). Nueve horas a caballo hasta llegar a Valdemeca.

Las caballerías marchan trabajosamente con las patas hundidas en el barro. Resumen: un viaje infernal. El tocino frito es el plato más delicado y socorrido a falta de víveres. Rafael Campos concluye su reportaje con estas líneas: “Una última observación: en Valdemeca no hay luz eléctrica. En las casas se utilizan los candiles y son muy raras las que usan carburo”.

¿Cómo pasaba Antonio las horas en Valdemeca, en la casa del cura Severiano, un hombre muy querido en la localidad serrana? Uno de sus familiares contaba que durante su confinamiento y siendo totalmente profano en la materia, Antonio talló en madera un precioso Nazareno, que fue sacado en la procesión del Viernes Santo, el 25 de marzo de 1932. Y ocurrió que ese mismo día, el gobierno de la República emitió un Decreto en el que ponía en libertad al represaliado. Los vecinos de Valdemeca, que eran más de doscientos, participaron con Antonio a realizar la talla, usando las mismas herramientas que el autor: el formón y la navaja.

El Nazareno del Confinado, todocoleccion

Y allí, en Valdemeca, donde se venera a la Virgen de Belén, ya se habló del “milagro del Confinado”, pues no había en la iglesia ninguna imagen de un Nazareno. Corrió la voz por el pueblo y a las buenas gentes del lugar les dio por arropar a Antonio y bautizar al monumento como “El Cristo del Confinado·, aunque cuatro años después fuera quemado durante la guerra incivil, junto a otras 22 imágenes.

Conocida la noticia del indulto del Viernes Santo, por el Decreto de la República, la prensa daba cuenta de la llegada a Cuenca del confinado señor Torrejoncillo el día 29 de marzo, tras haberle sido concedida la libertad del confinamiento. Dadas las dificultades de transporte, se organizó una marcha con caballerías hasta Villalba de la Sierra. A Antonio Torrejoncillo le acompañaban catorce personas, entre ellas la maestra y la madrina de honor de Jesús Nazareno.

Decía la nota de prensa que “han tardado quince horas en llegar a la capital. Todos los vecinos salieron a despedir al señor Torrejoncillo y al sacerdote Severiano Cano”. Refería la noticia que por la tarde de ese día 29 de marzo “marchaba a Madrid en el tren, pero que hizo voto de volver a Valdemeca para sacar en hombros en procesión a Jesús Nazareno, a quien atribuye su libertad”.

A mediados de mayo de 1932 volvió a ser noticia Antonio Torrejoncillo, en el reportaje titulado “El Cristo del Confinado”, con una foto de Antonio y otra del Nazareno, en ABC, firmada por el periodista Germán Olarieta. El periodista conquense resaltaba que “la excursión a Valdemeca, aunque molesta, se hace interesante y distrae por la belleza de la Serranía. Salimos con la estrellas del alba y llegamos con las últimas ráfagas de la luz vespertina, que nos dejan apreciar la silueta del pueblo.

Paquita Jara, la maestra de Valdemeca, le contaba a Olarieta Crespo que “cuando tuvimos la imagen tallada y policromada, colocada en su peana y se la vistió con una túnica morada de terciopelo, sentí un impulso de vivísima satisfacción. El Señor había querido que un desterrado pudiera hacer con su mano la efigie de su rostro para que quedase siempre entre nosotros, que carecíamos de Nazareno en nuestra iglesia”.

Comentaba Olarieta en su crónica, ya a toro pasado, contando en mayo lo que había ocurrido en marzo, dadas las dificultades de acceso a Valdemeca, que “el pueblo tenía ganas de descubrir la obra, y antes de su bendición, todos los vecinos de Valdemeca acudieron presurosos a la fiesta. Por fin llegó el momento solemne.

Fue en la noche del 21 de marzo, Lunes Santo, fecha en la que se bendijo la escultura. Hubo repique de campanas y vítores al nuevo Nazareno, a su autor y al celoso párroco, y a otro sacerdote, Tomás Arce, que dirigió la palabra e invitó a rezar el primer credo a “Jesús de Nazareno”. Algunas vecinas comentaban cómo había hecho esa imagen y cuando le preguntaban a Antonio por la razón de su confinamiento, éste les decía: “Estoy castigado porque soy católico y defiendo mi religión”, para así no desvelar los verdaderos motivos de su confinamiento de dos meses y medio en Valdemeca.

De la imagen del Nazareno del Confinado se hicieron estampas, con un reverso en el que se explicaba que la talla la había realizado Antonio Torrejoncillo en quince días, es decir, desde el 5 de marzo hasta el día 20, Domingo de Ramos. Se explica en la estampa que el Nazareno fue sacado en procesión los días 24 y 25 de marzo, Jueves y Viernes Santo, a hombros de diferentes personas del pueblo, entre ellas su autor. Se relata que “en el acto de bendición, el pueblo de Valdemeca rezó su primer Credo al nuevo Nazareno, implorando la libertad del confinado. El mismo día fue decretada dicha libertad por el Gobierno de la República, acontecimiento que fue atribuido a la Gracia del Nazareno del Confinado, que fue aclamado jubilosamente por todo el pueblo”.

Curiosamente, mientras el “Nazareno del Confinado” desfilaba en Valdemeca el Jueves y Viernes Santo de 1932, en la ciudad de Cuenca el poeta Federico García Lorca conocía la Semana Santa y la propia ciudad, con visita incluida a Palomera, entre la tarde-noche del Miércoles Santo y el Viernes Santo, acompañado del diplomático chileno Carlos Morla Lynch y del escritor Rafael Martínez. Viaje relatado por Morla en su libro “En España con Federico García Lorca”.

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