Juan Bautista Porcar tuvo que romper su Cuaderno de dibujos de Cuenca…

“…Alguien, quizá algún funcionario, me tomó el block diciéndome que no se podían hacer dibujos de aquellos paraderos…”, le decía el pintor castellonense a Manuel Real Alarcón cuando le visitó un año antes de su muerte.

Juan Bautista Porcar Ripollés (1889-1974) está considerado como uno de los pintores, (arqueólogo y escultor) más importantes de Castellón de la Plana, donde se le recuerda con su nombre en un Instituto (I.E.S. Joan Baptista Porcar) o en una plaza del Grao. Ya en 1951 fue nombrado hijo predilecto de Castellón. Como arqueólogo descubrió en 1933 las pinturas rupestres del barranco de “La Gasulla” en la castellonense Ares del Maestre y ello le llevó a adentrarse en la provincia de Cuenca para conocer de primera mano las pinturas rupestres de Villar del Humo, enmarcadas dentro del ámbito rupestre levantino. Porcar visitó la ciudad de Cuenca e incluso vivió una amarga experiencia cuando un “intrépido” personaje le hizo saber que no estaba permitido dibujar cuando tomaba notas en el Castillo, delante del entonces ruinoso edificio, convertido en cárcel durante varias décadas.

El escritor y ceramista Manuel Real de Alarcón, al que tuve la suerte de conocer con ocasión de la edición de su libro “Rivalidad”, en el que contaba el enfrentamiento que había entre Motilla del Palancar y Campillo de Altobuey, publicaba en “Diario de Cuenca” en diciembre de 1973 –un año antes de la muerte del pintor castellonense– el artículo titulado “El pintor Juan Bautista Porcar y sus recuerdos de Cuenca”, incluyendo la amarga anécdota de tener que romper su cuaderno de dibujos.

Real Alarcón visitó a Porcar en su “refugio de Castellón”, una casa-jardín de amplia plantación casi salvaje, para entregarle un ejemplar de su libro “Cuenca Apasionada” y hablar de sus viejos recuerdos, sobre todo por la zona de Villar del Humo, dada su afición al arte rupestre. Contaba entonces Porcar con 84 años y Real Alarcón comentaba que le entregó el libro que fue hojeando despaciosamente, y mirando a Manuel le preguntó: “¿Dónde está Cuenca?”.

Autorretrato. / nenakosta.blogspot.com

 Real Alarcón le refrescó la memoria y describía así al pintor: “Está sentado en su butacón patriarcal con su chambergo mal calado hasta las cejas, de las que sobresalen los cristales de sus gafas, que son traspasados por su mirada inquieta e intelectual. Su figura, allí sentado, es la de un viejete que sigue siendo joven, sentencioso y comunicativo. Viste dos jerseys y un chaquetón deshilachado, atuendo con el que le gusta autorretratarse… Había estado escribiendo en el tomo de sus memorias. Y de repente exclama pausado y ordenado:

“Júcar, Huécar que desgranan el agua de sus fuentes con vidriados espectrales de su encanto. Maravilla de la Naturaleza y el hombre. Federico Muelas, la catedral, ¿cómo se llama la casa del poeta? El hocino, sí, el hocino”.

(Esa afirmación ofrece la pista de que uno de sus viajes a Cuenca la hizo en la década de los 50-60, visitando el Hocino de Federico Muelas, que era centro de la intelectualidad, y lugar apropiado para los visitantes invitados por el poeta de Cuenca).

¡DE CÓMO CUENCA NO PUDO SER INMORTALIZADA POR EL GRAN MAESTRO DE LA PINTURA ESPAÑOLA JUAN BAUTISTA PORCAR!

Manuel Real Alarcón escribe que Porcar empezó a hablar de Cuenca de una manera casi ininterrumpida y con gran lucidez: “Fui a Cuenca recomendado por la nieta del general Weyler, que entonces vivía allí, y me enseñó la ciudad mitológica de un bosque de rocas”. Hablaba sobre aquella ciudad (quizá también la Ciudad Encantada) que tanto le impresionó:

“Estuve en Cuenca dos o tres días y tomaba notas, bocetos. Deambulé por aquella calle de tantos blasones, más arriba, que era una cárcel, hasta que alguien, quizá algún funcionario, me tomó el block diciéndome cortésmente que no se podían tomar dibujos de esos paraderos. Y allí, delante de mí, se rompió aquel cuaderno de dibujos de Cuenca”.

¿Quién sería tan siniestro personaje que se erigió en censor del paisaje ante un artista de tanta valía? Una pena que Porcar no pudiese utilizar aquellos apuntes que hizo en su libreta.

Real Alarcón añadía al hilo de aquella sincera y triste afirmación de Porcar: “¡De cómo Cuenca no pudo ser inmortalizada por el gran maestro de la pintura española, Juan Bautista!”.

Manuel Real Alarcón escribía en “Diario de Cuenca” que “Porcar tuvo que ir a Cuenca en búsqueda de arte rupestre, que en su época de arqueólogo de fama internacional, reprodujo al óleo todos los dibujos hallados en cuevas y cavernas del Levante español, constituyendo uno de los documentos más fehacientes del arte en prehistóricas edades”.

Paisaje de Porcar. / blogs.ua.es

Recordaba el escritor y ceramista conquense que Juan Bautista Porcar era un “pintor vigoroso, de raigambre rural y esforzada, que en el año 1954 fue Medalla de Oro en la Exposición Nacional de Bellas Artes por su pintura maestra del paisaje«. Sus cielos y sus niños vienen a ser los protagonistas en sus cuadros, señala Real Alarcón, para apuntar que tras la intervención quirúrgica en sus ojos, recuperando la luz, reflejó en su variada y colorista obra su Castellón querido, con sus portuarias, sus trenes, sus campos y costas, “levantando –de su tierra– un monumento en el mundo eterno de las Bellas Artes”.

Manuel Real Alarcón concluía los “recuerdos sobre Cuenca de Juan Bautista Porcar con esta frase: “—Maestro, cuando lea mi libro le agradeceré su comentario, que conservaré como un tesoro. Y en la primera ocasión le haré llegar una de mis cerámicas sobre la ciudad de Cuenca”.

El pintor castellonense respondió con tremenda sinceridad: “Gracias, amigo, ya soy viejo, me queda poco y no tengo a quien dejarla. Es una tontería. Pero tendré el placer, si la manda, de exponerla entre este cosmos desconcertado de mis obras”.

Diez meses después de la publicación de aquel recuerdo sobre Porcar, en octubre de 1974, el pintor castellonense falleció, dejando todo un legado artístico de su tierra y de paisajes españoles, sin que Cuenca aparezca entre sus obras, por culpa de aquel desdichado personajillo que le hizo romper sus apuntes.

DATOS BIOGRÁFICOS.–Porcar Ripollés, Joan Baptista. Castellón de la Plana, 8.IV.1889 – 3.X.1974. Pintor, arqueólogo y escultor. Hijo de labradores acomodados, de ellos recibió un concepto vital conservador y católico que mantuvo siempre. En 1905 se inició con V. Castell que le consiguió una beca en la Escuela de San Carlos de Valencia. En 1909 ingresó en la Academia de San Jordi de Barcelona, donde contactó con los movimientos artísticos de la Ciudad Condal. De vuelta a Castelló en 1914, fundó la Agrupación Ribalta y se convirtió en el referente de los artistas castellonenses desde la primera mitad del siglo xx.

Pasó la década de 1920 entre Castelló y Barcelona y dejó de lado la escultura para forjarse una alta consideración como pintor, comenzando una evolución que le llevó desde Sorolla hasta un postimpresionismo que gustaba de la fuerza de tierras labradas y las rocas desnudas. En 1932 inició su inestimable trabajo arqueológico en colaboración con Breuïl, Obermaïer y Bosch Gimpera, y realizó una exhaustiva colección de calcografías de todas las pinturas rupestres de la escuela levantina del Maestrazgo castellonense que expuso en toda España, en Londres, en Viena y en París. Publicó, asimismo, multitud de artículos sobre el tema en el Boletín de la Sociedad Castellonense de Cultura y dio conferencias divulgativas por Europa.

Convirtió su estudio en centro de reuniones de los artistas locales a lo largo de los difíciles años de la guerra y la posguerra. Sus paisajes aparecen ahora bajo un cielo inmenso de gran energía expresiva, que ocupa tres cuartas partes del lienzo. Asimismo experimentó con la que él llamó “perspectiva abierta”, que situaba al pintor dentro de la misma obra. Alternando con encargos oficiales en los que se mostró mucho más convencional, Porcar ensayó nuevas propuestas en sus magníficos Autorretratos (se conservan más de cuarenta). Hacia 1960 se vio afectado de cataratas que le obligaron a recluirse en casa. Porcar inició una nueva etapa en la que se libró de las formas para expresarse con colores vibrantes aplicados con trazo violento.

Fue en vísperas de su muerte, cuando el viejo maestro casi ciego, alcanzó su pintura más personal equidistante entre el fauvismo, el expresionismo y la abstracción. De la magnitud de su obra dan idea las cerca de setecientas obras suyas catalogadas (pinturas y dibujos), aparte de su obra escultórica (en la que no llegó a destacar) y sus calcografías del arte rupestre. Porcar fue académico correspondiente de Real Academia de Bellas Artes de San Fernando de Madrid y de la de San Carlos de Valencia; Medalla de Oro del Círculo de Bellas Artes, de Valencia y 1.ª Medalla Nacional de Bellas Artes entre otras muchas distinciones. Fue delegado provincial de Excavaciones Arqueológicas. (Datos de la Real Academia de la Historia)

2 comentarios en “Juan Bautista Porcar tuvo que romper su Cuaderno de dibujos de Cuenca…

  1. Amigo Jose Vicente , bellisimo reportaje deJuan Bautista Porcar, alguien deberia investigar si quedaran en su casa alguno de los dibujos que hizo a Cuenca

    Felicidades,
    Miguel

  2. No sé quien pudo ser ese que no le permitió tomar bocetos para posteriores cuadros. No obstante quizás no vaya yo desencaminado si pienso que tal vez pudiera ser algún Guardia Civil, centinela de la Cárcel que por aquel entonces estaba en lo que hoy es archivo. Lo digo porque a mí en una ocasión también se me prohibió, en este caso hacer fotos, del exterior de la cárcel. Un saludo
    Julio

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