Agradecimiento por las atenciones recibidas en el Hospital «Virgen de la Luz» de Cuenca

Uno de mis primeros trabajos periodísticos en Diario de Cuenca, allá por 1974, fueron sendas informaciones sobre el paso del Ecuador de la sexta promoción de enfermeras y la imposición de tocas de la Escuela de Enfermeras “Salus Infirmorum” de Cuenca, que tenía su sede en el edificio de la actual sede de la UNED, en la calle de Colón, que fue construido para Hospital Provincial, pero que nunca se equipó para ese servicio asistencial. Desde entonces, la palabra “enfermera” me llamaba la atención, pues en esa época a los ATS se les llamaba practicantes, y la mayoría eran hombres. Aquella Escuela, como otras tantas en España, fue abriendo caminos para que la mujer estuviera más presente en esa tarea tan importante de la enfermería para los pacientes.

El año pasado, tras el inicio de la pandemia del Covid-19, salía cada tarde –como tantos conquenses y ciudadanos de toda España— para aplaudir desde los balcones a esa legión de médicos, enfermeras, auxiliares, limpiadoras, conductores de ambulancias, etc., que libraban la brutal batalla de parar el virus en todos los hospitales y centros de Salud, además del esfuerzo de otros colectivos públicos y privados que todos conocemos y admiramos. Todos, esenciales en el acontecer cotidiano, mientras estábamos confinados. Trabajadores –también de supermercados, mataderos, servicio de limpieza, etc,– en suma, que redoblaron esfuerzos, sabiendo que el “enemigo” estaba –y está– en todas partes.

Desde que comenzó la pandemia he intentado evitar que el virus pudiese afectarme, en unos meses en los que además, mi esposa, fue intervenida quirúrgicamente, precisamente en los meses más convulsos de la Covid-19, en el Hospital de Cuenca, con resultado satisfactorio, teniendo que acudir posteriormente durante 25 días a sesiones en el IVO. Fueron meses muy duros, pues en principio la operación se iba a llevar a cabo en el Hospital de La Paz madrileño en el mes de marzo de 2020, cancelada porque el virus empezaba a causar estragos.

Pero a finales del pasado abril, y con síntomas de resfriado, la prueba de antígenos que se me hizo dio positivo. Trece días he estado ingresado en el Hospital “Virgen de la Luz” de nuestra querida Cuenca, tres en la planta séptima y diez en la cuarta planta de Neumología, en la 423-2, preparada para estos casos. Tengo que manifestar públicamente mi total agradecimiento a todo el equipo médico y de enfermer@s, auxiliares, limpiadores, etc., por su trato y atención, que yo había leído en comunicados de otros paciente generales, pero que he vivido en primera persona.

Esa forma de atención y cuidados al enfermo de tanta entrega, cariño y sensibilidad, hacen que el paciente se sienta aún más confortado en su dolencia y recuperación. Quisiera dar nombres pero quizá me olvide alguno, pero tanto en la planta séptima como en la cuarta, la atención recibida por parte del personal ha sido de una gran profesionalidad, pero sobre todo de generosa y agradable atención al paciente. Gracias a todos por esa disposición que supone un plus de mejora para el enfermo, desde el doctor Molina a todas las enfermeras y auxiliares que me atendieron con esa amabilidad, que supongo tienen para todos los que pasan por nuestro Hospital «Virgen de la Luz», el nombre de nuestra Patrona. Millones de gracias y ojalá que esta pandemia se erradique pronto.

José Vicente Ávila Martínez, en los días de recuperación, tras el alta hospitalaria, del florido mayo 2021

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