El lenguaje de las gárgolas

Sol, frío, granizo, lluvia y alguna leve aparición del arco iris han sido la tónica meteorológica del fin de semana abrileño en Cuenca, con el Domingo de Cuasimodo o “in albis”, que en alguna zona de la provincia ha sido blanco de granizo. En estos días del abril que quiere ser lluvioso como dice el refrán (“en abril, aguas mil), y que buena falta hacía y hace para los campos, se han cumplido los 110 años del hundimiento de la Torre de la Catedral, que obligó en su restauración a diseñar una nueva fachada por parte del arquitecto Lampérez, estudioso y conocedor del templo conquense. Un templo que fue declarado monumento nacional y que pese a estar inconcluso en el proyecto de Lampérez, es la joya de la corona de la ciudad de Cuenca.

A nadie se le escapa que en esos ciento diez años se han llevado a cabo obras de reparación y restauración, con pocas prisas y no pocas pausas, en la Santa Iglesia Catedral Basílica de Santa María que, a día de hoy, es uno de los edificios más importantes de España en el género catedralicio por su estilo anglo-normando. La luz refulge en el interior con sus vidrieras modernas desde hace veinte años, con la firma de Gustavo Torner, Bonifacio, Dechanet y Gerardo Rueda, y el Claustro luce sus mejores galas tras una paciente restauración.

Quedan muchas cosas por hacer, pero en este aniversario pasado del 13 de abril de los 110 años del “suceso del siglo XX en Cuenca”, y dado que estamos en crisis y con pocos proyectos en marcha, nos vamos a aquedar con los pequeños detalles, que a veces afean el conjunto de un gran edificio como lo es el de la Catedral de Cuenca. Nos referimos por ejemplo a las dos gárgolas que faltan de la fachada principal, que fueron retiradas hace unos años por el peligro de hundimiento, quedando en su lugar unos tubos por los que cae el agua de los desagües que suele salir de la boca de estas figuras.

Dos gárgolas como la de la esquina faltan de la fachada principal desde hace unos años.

FALTAN DOS GÁRGOLAS EN LA FACHADA PRINCIPAL

El 13 de junio de 2005 cayó una parte de la cornisa frontal sobre la que aparecen las gárgolas, siendo retirada una de ellas por parte de los bomberos para evitar males mayores. La segunda gárgola fue retirada meses después y en julio del pasado año volvió a caer otra péquela parte de la cornisa, pues al tratarse de piedra porosa el agua suele penetrar por las grietas que puedan existir. Estos pequeños hundimientos levantaron la voz de alarma sobre la necesidad de llevar a cabo una reparación de la zona afectada, con los medios adecuados.

También se habló de la posibilidad de que las gárgolas vuelvan a su lugar, reparadas o rehabilitadas, pues ya se van a cumplir siete años de la retirada de una de ellas. Los ciudadanos de Cuenca esperan que más pronto que tarde se pueda llevar a cabo esa obra de rehabilitación, pues la imagen que ahora se da no es la más adecuada para una Ciudad Patrimonio de la Humanidad ya para este primer templo, que es Monumento Nacional.

Ello junto a la rehabilitación necesaria de la Capilla del Espíritu Santo, que lleva ya muchos años cerrada y casi como almacén de obra. Nos consta que el canónigo Miguel Ángel Albares, delegado episcopal para la Catedral, tiene en cartera este asunto para que se pueda llevar a cabo con las ayudas necesarias, pues ahora que tenemos dentro de la Catedral, la magnífica Exposición sobre el “Lenguaje de la piedra”, hasta el 29 de abril, de José María Rodríguez González, que dará paso a un importante Catálogo, bueno será que ese lenguaje de la piedra haga hablar de nuevo a las gárgolas a través de sus caños de agua con sus figuras tan representativas. Que las gárgolas expresen su lenguaje con los chorros del líquido elemento.

Blog. EL TIN-TAN DE MANGANA. www.eldiadigital.es (15-4-2012)

 

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