Marco Pérez en 1975: «Cuenca lo es todo para mí»

 

PÁGINAS DE MI DESVÁN: LUIS MARCO PÉREZ

“Cuenca lo es todo para mí”. Esta frase tan rotunda, como cariñosa, me la expresó el escultor Luis Marco Pérez cuando tuve la suerte de conocerle el 13 de junio de 1975, cuando el artista nacido en Fuentelespino de Moya contaba 78 años y hacía mes y medio que había perdido a su esposa. Marco Pérez había venido a Cuenca con uno de los ayudantes de su taller para reparar algunas imágenes, entre ellas la de San Pedro Apóstol. Aquella entrevista fue publicada en “Diario de Cuenca” en la sección “Usted Dirá”, el 14 de junio y reproducida en parte en la sección “Páginas de mi desván” de “El Día de Cuenca”, el Domingo de Ramos de 1990, serie que inicié precisamente con el escultor e imaginero. En estos días de la Cuaresma de 2013, en la que se han celebrado homenajes de recuerdo a Luis Marco Pérez, en el 30 aniversario de su muerte, recordamos aquellos momentos vividos junto al  escultor e imaginero en 1975.

»Cuenca lo es todo para mí». Esta frase de Luis Marco Pérez, que recogí en una entrevista que mantuve con el laureado escultor conquense el 13 de junio de 1975,  y publicada en el »Diario de Cuenca», define el amor de un hombre a su ciudad, que ha quedado además plasmado con su imaginería de Semana Santa y sus esculturas repartidas por diversos puntos.

Luis Marco Pérez nació en Fuentelespino de Moya, en el seno de una familia humilde, el día 25 de agosto de 1896, y falleció en Madrid, a la edad de 87 años, el 17 de enero de 1983; murió en silencio, casi en el olvido, siendo enterrados sus restos en el madrileño cementerio de la Almudena. Cuenca, que le había dedicado al menos una calle en vida (cosa que no se suele producir con frecuencia en esta ciudad con los hijos ilustres), no podía permitir que los restos mortales de un hombre que había amado tanto a su tierra descansaran para siempre en otro lugar que no fuera el suyo.

 

 SUS RESTOS DESCANSAN EN «SAN ISIDRO»

Por fin, el 23 de febrero de 1985, los restos mortales de Don Luis Marco Pérez llegaban a Cuenca para ser inhumados en el pintoresco paisaje de la Ermita de San Isidro Labrador (Vulgo de Arriba), en una sencilla tumba horadada sobre el peñasco que se asoma a la Hoz del Júcar. A escasos metros reposan también los restos mortales del poeta Federico Muelas y del pintor Fernando Zóbel. Tuvo que ser ya muerto, cuando Cuenca y la Semana Santa, le rindieran el gran homenaje póstumo que al propio escultor le hubiera gustado recibir en vida.

 

La estatua del Pastor de las Huesas, cuando fue desmontada de su pedestal en la antigua Plaza de Cánovas (actual Plaza de la Constitución)

EL PASTOR DE LAS HUESAS

Tenía Luis Marco Pérez 78 años cuando le conocí personalmente. La edad había hecho mella en él, y muy especialmente la muerte de su esposa María Sevillano, que se había producido hacía mes y medio de ese año de 1975. Marco Pérez no podía evitar la emoción y las lágrimas afloraban por sus mejillas a cada instante mientras intentaba fumarse un »ducados». Me impresionó aquella entrevista con el escultor, por su sencillez y tremenda sensibilidad. Luis Marco Pérez vestía un traje gris oscuro, llevaba corbata negra y sus gafas a veces se empañaban por alguna lágrima que no podía evitar. El laureado escultor había venido a Cuenca con un discípulo suyo para restaurar algunas imágenes, y muy especialmente la de San Pedro Apóstol.

Marco Pérez nos recordaba en aquella entrevista cuál había sido su primera obra más importante:

»La de El Pastor de las Huesas del Vasallo, que la hice en el año 30 y con ella gané la Medalla de Oro de la Exposición Nacional; tal galardón sólo lo había obtenido hasta entonces Mariano Benlliure y para mí resultó una satisfacción enorme, porque yo era un crío».

Le recuerdo en la charla (mientras apura un té en el salón inglés del hotel Torremangana), que hacia 1925 había realizado el Monumento a los Caídos de Africa, situado en pleno corazón de Cuenca: »Es cierto, no había cumplido aún los 30 años cuando hice esa escultura. Cada vez que paso por Carretería y la veo, me quedo mirándola y me emociono, porque recuerdo aquellosd años jóvenes en los que tanto trabajé».

 

Entrevista a Marco Pérez en «El Banzo», número 1. Junio 1975, de Juan de H. (Juan Ruiz Garro)

 

Marco Pérez no tuvo hijos y por ello sentía un especial cariño por sus obras. Cuando le pregunté si tenía especial predilección por alguna de ellas contestó así:

»Yo soy como un padre bueno que quiere a todos sus hijos; sin embargo, le tengo un cariño especial a la escultura del Pastor de las Huesas del Vasallo, que por cierto ha estado dando muchas vueltas por Cuenca y por fin la han colocado en un lugar atractivo en la Hoz del Huécar. También recuerdo con agrado El Hombre de la Sierra, que está en el Parque».

 

EL ALMA DE CASTILLA ES EL SILENCIO

 Pastores, gancheros, leñadores, segadores, labradores, rostros curtidos por el trabajo, de sol a sol. Marco Pérez supo plasmar con auténtico realismo la dura vida rural, el rostro de los hombres y mujeres de Cuenca, porque a él también le preocupaban la marginación y el silencio de la tierra castellana. Todo ello lo sintetizó en una escultura de bronce titulada »El alma de Castilla es el silencio». Mejor definición, imposible. Esta obra, como tantas suyas, se encuentra en el Museo de Cuenca, en la Sala dedicada a Marco Pérez.

 

¿Escultor? ¿Imaginero? Marco Pérez desvelaba así las interrogantes:

»Las dos cosas. Empecé en un taller de imaginería en Valencia y tengo el mío propio en Madrid; las dos cosas las he practicado de igual a igual». La obra de Marco Pérez, por tanto, tiene dos etapas: la de antes de la guerra de 1936 y la posterior. En los años treinta realizó numerosas esculturas y una veintena de pasos de Semana Santa (también para otras provincias), destacando la Santa Cena, construida en 1929, que apenas si desfiló cinco años. Era una talla de madera, sin policromar, que llegó incluso a desfilar en Jueves Santo.

 

Después de la guerra civil su tarea de artista tuvo que enfocarla más como imaginero, obligado por las circunstancias de la reconstrucción de los pasos de Semana Santa, y así salieron de su taller hasta 21 pasos para los desfiles de Cuenca y un número indeterminado para las procesiones de Semana Santa de otras poblaciones, especialmente de Ciudad Real y de la provincia conquense.

Marco Pérez tenía ganas de volver a hacer la Santa Cena, pero los años y la enfermedad que padecía, se lo impidieron.

San Juan Evangelista, su obra predilecta

 

IMAGINERO DE LA SEMANA SANTA DE CUENCA

Después de unos años laboriosos, en los que desde 1940 a 1951, prácticamente terminó de completar los pasos más relevantes de la Semana Santa de Cuenca, su último paso, ya bastante años después, fue el de “El Descendido”, realizado por sus alumnos en su taller, que desfiló durante pocos años en la procesión »En El Calvario» y fue cedido por la Cofradía de las Angustias a la Semana Santa de San Clemente.

A Don Luis Marco Pèrez le encantaba hablar de la Semana Santa y sobre todo de las imágenes que había realizado, y mientras fumaba un cigarrillo, que sostenía entre sus temblorosos dedos, como si fuera la gubia, iba nombrando los pasos que habían salido de sus manos:  “Jesús Nazareno de las Seis, San Juan Bautista, La Soledad del Puente, San Pedro Apóstol, San Juan Evangelista, que creo que le llaman El Guapo, La Exaltación, El Descendicimiento, en fin, que ya no me acuerdo de todos, mi querido amigo. Lo que sí le puedo decir es que la Semana Santa está como en sus mejores tiempos. Además yo  siento un especial cariño por la Semana Santa de Cuenca».

 

Cuando hablamos de su estilo, el escultor de Fuentelespino de Haro comentaba:

El Descendimiento por el Peso con San Andrés al fondo. (M. Pérez).

»Siempre me he mantenido en una línea y he tenido mi propio estilo. Claro, que alguna vez he hecho abstracto, pero no me iba. Yo sigo en mi concepto artístico».

 

Luis Marco Pèrez tuvo ocasión, en aquella visita a Cuenca en 1975, de ver montada en el Museo de Cuenca una vitrina con una treintena de sus obras. Y así mostraba su satisfacción:

»Me parece muy bien que tanto Manuel Osuna como Francisco Suay hatan tenido esta idea, porque una profesora de Bellas Artes, cuando iba por mi taller, me decía: «todo esto debería estar en un Museo». Lo que más me satisface es que este Museo sea el de Cuenca, porque Cuenca lo es todo para mí. Mi esposa era valenciana y se enamoró de Cuenca. Además, ella fue quien ideó muchas de mis obras».

 

Cuenca nunca podrá olvidar a Luis Marco Pèrez, pues su obra en bronce, madera o piedra, aquí permanecerá siempre formando parte del propio paisaje y cada Semana Santa, desfilando por las calles de una ciudad que fue el mejor marco de sus obras.

 

 SU OBRA EN CUENCA

 Imágenes de Semana Santa

 

«Jesús de las Seis», su primera obra tras la guerra.

– Jesús entrando en Jerusalén (La Borriquilla).

– San Juan Bautista.

– Nuestro Padre Jesús de Medinaceli.

– Jesús Orando en el Huerto (de San Esteban).

– El Prendimiento de Jesús (Beso de Judas).

– San Pedro Apóstol.

– La Virgen de la Amargura con San Juan.

– Cristo de Paz y Caridad (El Cristillo).

– Jesús Amarrado a la Columna.

– Ecce-Homo (de San Andrés).

– Nuestra Señora de la Soledad (del Puente).

– Jesús Nazareno (de El Salvador).

– Jesús Caído y la Verónica.

– San Juan Evangelista.

– Santísimo Cristo del Perdón (La Exaltación).

– Santísimo Cristo de la Luz (De los Espejos).

– Santísimo Cristo de la Salud (El Descendimiento).

– Nuestra Señora Virgen de las Angustias.

– Cristo Yacente.

 

Esculturas en la ciudad

 – Monumento a los Soldados de Africa (Plaza Hispanidad).

Pastor de las Huesas del Vasallo (Hoz del Huécar).

– El Hombre de la Sierra (Parque San Julián).

– Monumento a Lucas Aguirre (Parque San Julián).

– Monumento a Doña Gregoria de la Cuba.

– MUSEO DE CUENCA (Sala dedicada a Luis Marco Pèrez, con numerosa obra).

 

(El Día de Cuenca, 1990)

 

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