Leyendas de sábado noche: «El milagro de San Nicolás», con suspense inesperado

En los «Veranos de Cuenca 2013» no pueden faltar las Noches de Leyenda. Se han hecho populares en los últimos años gracias al Taller de Teatro Engatos que tiene en su primer actor, Germán Olivares, la cabeza visible, junto al elenco de jóvenes y veteranos actores que forman parte de este Taller o Grupo, creado en 1988, que es toda una seña de identidad en una ciudad como Cuenca, que se presta para el Teatro en la calle, y su mejor época, naturalmente, es la del verano. Las Leyendas, en este caso, casi diríamos que forman parte del paisaje de la ciudad. Tanto las conocidas como las menos conocidas o poco divulgadas, como por ejemplo las leyendas de “El perrete de la Condesa”, “De la Plaza de San Andrés” o de “La Beata de Villar del Águila”.

Las leyendas más conocidas que en los últimos años están representando el Taller de Teatro Engatos son las de “La Cruz de los Descalzos” (con Diego y Diana de protagonistas), quizá la favorita del público por su entorno; “El milagro de San Nicolás”, “El judío converso”, “Las brujas de la plaza”, “La peña del caballo”, “La casa de la sirena”, “Juan del Pozo”, «Los fantasmas de San Miguel» y «Martín Alhaja«.  Estos títulos han sido incluidos en la programación de los Veranos de Cuenca, para las noches sabatinas de julio, agosto y septiembre.

 

 

COMIENZO CON «LA CRUZ DE LOS DESCALZOS»

Las leyendas comenzaron el sábado 20 de julio precisamente con “La cruz de los Descalzos”, que llevó a más de 300 personas hasta tan mágico lugar en noche de hermosa luna y hermosa leyenda que cautivó a quienes la veían por vez primera y evocó tantos recuerdos a quienes ya la conocían por anteriores ediciones. Sobre esta leyenda hace una referencia la actriz Geraldine Chaplin en la película “Peppermint frappé” (1963) colocando incluso su mano sobre la cruz. Los planos ofrecen la vieja cruz en todo su esplendor, grabada para siempre en el cine, pero rota lustros más tarde por quienes no entiende que la libertad de cada uno empieza por uno mismo, respetando a los demás. Sobre la cruz restaurada en su día se hizo una breve representación cuando fue bendecida e inaugurada.

Geraldine Chaplin en la película “Peppermint frappé” en la Cruz de los Descalzos.

 

«EL MILAGRO DE SAN NICOLÁS», DE MANO DE SANTO A MANO DE MÉDICO

Este sábado pasado, 27 de julio, la leyenda representada por el Taller de Teatro Engatos fue la de “El milagro de San Nicolás”, que tuvo como escenario el jardín de Cecilio Albendea, un lugar ideal para celebrar cualquier acto sin que molesten los coches y los transeúntes. Poco antes de las diez de la noche, el tambor y la pita llamaban a toque de rebato teatral en la Plaza Mayor. La comitiva se dirigió hasta la citada plaza jardín de San Martín, con más de 300 personas, entre ellos unos sesenta niños, sentados en el suelo en primera fila.

Un vaso de zurra animaba a los espectadores a hacer corro en el amplio jardín frente al sencillo escenario de la plazoleta. Germán Olivares, con túnica parda y joroba, en el papel de «Juan Marcial», y Javier Alarcón (en los papeles de padre barbudo de Juan Marcial y en el de rico señorito «Juan José«, (“guapo, rico, esbelto y ateo”), fueron los grandes protagonistas de la noche junto a otros actores y músicos que durante más de hora y media mantuvieron el interés de los espectadores, en una representación que tuvo las incidencias del teatro en directo, como fue la leve aparición de la lluvia, que obligó a apagar el foco principal en  un par de ocasi0nes, o de otro “sucedido” ocurrido cuando la trama del milagro se iba a desarrollar y que dejaremos para el final para mantener el suspense, pues a veces la realidad supera a la ficción.

 

LAS DESVENTURAS DE «JUAN MARCIAL»

En esencia, la leyenda trataba de las desventuras de Juan Marcial, feo y contrahecho, nacido entre las cuevas y rocas de la Hoz del Huécar, ignorante de las “cosas de la vida” cuando fue creciendo. Su padre, con boina y barba, también poco agraciado, fue contando las “vivencias” de Juanillo, que ya mozo notaba los picores y calores de su despertar sexual, ante la presencia de unos seres que él llamaba “ocas” pero que en realidad eran las mujeres que le atraían. No faltaron entre los diálogos y monólogos algna cita oportuna a personajes actuales famosos por sus corruptelas, muy propias del hecho teatral que el público agradece.

Más “feo que Picio” fue recitando Juanillo las mil y una manera de llamarle feo que le sonaban como “el pito del sereno”, aunque en su fuero interno (que lo tenía), él quiso encomendarse al milagoros  San Nicolás para pedirle los tres deseos de mejorar su imagen y que le desapareciese la joroba que tanto le jorobaba. Para ello tenía que acudir a San Nicolás tres viernes seguidos en silencio para orar y encontrar el remedio a sus señalados defectos.

 

EL RICO «JUAN JOSÉ», VÍCTIMA DE SU CHULERÍA

Se encontró en su camino a «Juan José», hombre rico de capa y sombrero, que hizo todo lo posible por evitar el milagro, haciéndole hablar cada viernes que subía a San Nicolás, con lo que no cumplía con la promesa encomendada. Así durante 22 semanas en las que «Juan José» tomaba el poco pelo que le quedaba al buenazo e ignoranton «Juan Marcial». Pero hete que durante tres viernes subió en total “cilicio” (silencio) a San Nicolás y el santo obispo de la mitra roja le recibió en sus brazos y ante él oró y le imploró. Paciencia le pidió el santo «que mañana Dios dirá».

 

LO QUE NO ESTABA ESCRITO

El milagro iba a llegar en la medianoche. «Juan Marcial» entró en éxtasis silencioso y el público adivinaba que le iba a desaparecer la joroba. La acción teatral estaba en todo su misterio en el silencio de la noche de luna, cuando una voz del público gritó. ¡¡Un médico!!, ¿Hay aquí algún médico? Unos se miraban a otros. No se trataba de cortar “la chepa” de «Juan Marcial» con el bisturí, sino que la realidad, en medio de la ficción, era que una espectadora se había desvanecido y la gente se arremolinó en  torno a ella para reanimarla.

La función se paró mientras se atendía a la joven mareada. Germán Olivares “Juan Marcial”, ya sin la joroba, acudió a interesarse por la muchacha. Juan José “el rico” (Javier Alarcón), con joroba, también salió de la escena para interesarse por la incidencia que se había producido. Tras unos minutos en los que la espectadora parecía encontrarse mejor, atendida por varias personas, la Leyenda continuó en esos momentos finales en los que se había desvelado el milagro y el misterio. «Juan Marcial» podría emular el pasodoble de “Marcial eres el más grande”, y «Juan José» (el buen actor Javi), arrastraba sus penas y su joroba como tributo a sus maldades chulescas.

La moraleja, como bien proclamaba “Juan Marcial”, es la de no desear el mal de nadie. Los aplausos premiaban a los actores y músicos intervinientes, casi a la hora bruja de la medianoche, mientras raudos y veloces los médicos y enfermeros del Sescam, del 112, atendían a la espectadora que había sufrido el mareo que le llevó a caer al empedrado. Un final feliz, que no estaba en el guión, con una atención rápida de los servicios de urgencia. La leyenda y la realidad se daban la mano. La Leyenda continua… cada sabadete de verano.

 

 

 

 

 

 

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