Bajo el sol de noviembre

Noviembre se nos va entre los frisos helados de las rocas que circundan el paisaje conquense entre las dos Hoces, con un domingo soleado, aunque frío, que nos muestra las penúltimas estampas otoñales. Hojas amarillas y ocres se reparten por parques y sendas, bien por los caminos de la Hoz del Júcar, que buscan nuevas sendas por San Miguel, o por las cuestas de la Hoz del Huécar que nos llevan a las Casas Colgadas o San Pablo. El Teatro Auditorio abre sus puertas en la matinal dominical para una nueva reivindicación del AVE por Cuenca, que el Partido Socialista Obrero Español reclama, con ese trazado integral que propone la Junta, con su presidente Bono a la cabeza, que no quiere predicar en el desierto, sino en Madrid ante los Rotary y quien haga falta, en Cuenca ante sus compañeros y ciudadanos y en Albacete ídem de ídem. El AVE de los balcones que tanto sorprende a los turistas es como la voz del pueblo.

LA PLAZA DEL CARMEN CON «LAS TRIPAS» FUERA

La mañana soleada del domingo es deliciosa. La Plaza del Carmen, que ha vivido tantas vicisitudes de cambios en sus edificios (Cuartel, Audiencia, Colegio) se encuentra con las “tripas fuera”. Parece una postal de guerra; pronto cambiará el paisaje suponemos que para mejor, como lo ha venido haciendo en este siglo que se nos va la Correduría o calle de Alfonso VIII con sus ensanches; la “obra maestra” del comienzo del 2000 será el aparcamiento de Mangana. Entre tanto, quedó concluido el nuevo aparcamiento de la calle de Caballeros, cuya entrada y salida de coches por entre el dédalo de calles que dan a la de los Herreros es una especie de laberinto. Mucho tiento habrán de tener los conductores.

EL NUEVO MIRADOR SOBRE EL APARCAMIENTO  DE CABALLEROS

La calle de Caballeros volvió a sus orígenes, pues ya se ha quitado el cemento que en su día se le echó para que transitaran coches y camiones y de nuevo las escalinatas cobran su protagonismo, “de peldaño en peldaño fugitiva”, que cantó Federico en su memorable soneto a Cuenca; en lo que fue Depósito del Agua, en Caballeros, frente al Jardín de los Poetas, se adivina un amplio mirador, o cuarto de estar con bancos y arenas, como prolongación de ese Jardín de los Poetas y del propio de El Salvador. Merece este rincón-mirador que se le nomine con algún nombre de personaje conquense olvidado. Cuenca está llena de rincones y aquí se ha recuperado un espacio inaccesible y que ahora es todo un regalo para la visión de la ciudad baja y para el descanso.

EDIFICIO MORADO DE LA JUNTA DE COFRADÍAS

Y entre peldaño y peldaño, la calle Madre de Dios, también con sus bancos. Un alto en el camino ascendente para hacer más llevadera la cuesta. Enfrente, el edificio ahora morado de la Junta de Cofradías, recientemente restaurado. Los rincones de Cuenca definen la atrevida arquitectura conquense y bueno sería respetarlos. Las manos de albañiles y pintores también son de artistas y bien merecen contemplarlas sin otros elementos nada decorativos.

Calle de los Tintes sin apenas una gota de agua por el Huécar tan querido y Parque de San Julián, plagado de hojas en la mañana dominguera. Al solecillo se reúnen decenas de jubilados para recordar viejos tiempos que no volverán, en charlas animadas, y cerca de ellos, en otros grupos, padres con sus niños en los columpios. Es la estampa de un domingo soleado con el Parque cumpliendo su papel; lamentablemente, los bronces de Marco Pérez aparecen con pintadas en sus pedestales. y decenas de bolsas que han contenido patatas fritas o gusanitos son juguete del viento; la suciedad también brilla por desgracia. Es la otra cara del Parque con suciedad incluida, y no de hojas caídas…

CARRETERÍA QUIERE RECUPERAR SU PASEO DOMINICAL

Y Carretería, a la hora del aperitivo, quiere recuperar su paseo dominical bajo el sol de noviembre o diciembre; pero le faltan a la calle principal esos “colmados” que han ido desapareciendo; demasiados locales cerrados en esta Carretería que aún mantiene la pátina del tiempo, que fue Calle Mayor, pero que poco a poco va declinando quizá por falta de imaginación o de poner en marcha algo tan elemental como renovarse o morir.

Un cartel anunciando el partido Conquense-Figueruelas (nuevo en esta plaza el equipo maño) nos recuerda eso, que estamos en domingo. Era el último de noviembre del 99, con Federico Muelas en el recuerdo de los 25 años en que se fue para siempre. Pero aquí quedó descansando entre las rocas de San Isidro. Esas rocas a las que cantó: “Usaré el pedestal de vuestros cuerpos / al intentar contar, rocas, vuestra aventura. / ¡Oh piedras levantadas, rebeldes o proscritas / que dais a la palabra el más noble cortejo!”…

PD.–Firmada la croniquilla, me llega la noticia de la muerte de Hilario Rubio, un gran albañil, que no faltaba los domingos en La Fuensanta. Será enterrado en San Isidro, donde sus manos de maestro albañil tanto obra buena dejaron. Descanse en paz.

 José Vicente ÁVILA

El Día Deportivo, 29 noviembre 1999

 

 

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