San Antón

El de San Antón es uno de los barios más singulares y antiguos de Cuenca. Arracimado al Cerro de la Majestad, se muestra tan sencillo como majestuoso, entre su dédalo de calles, que van formando escala para formar un conjunto arquitectónico popular, donde  el yeso, la madera, el cemento y la teja han ido conformando en el tiempo esas casitas que le dan carácter por su sencillez. El río Júcar le acompaña en su recorrido camino de tierras de Valencia, y pone además su acento sonoro diario, unos días con más fuerza que otro, en la presa bajo el puente de San Antón. Y junto al puente, en este barrio también conocido como “El Perchel”, la iglesia de la Virgen de la Luz, con sus cúpulas airosas al azul de las estrellas, ofrece un exterior igualmente sencillo, pero con un interior de rica ornamentación, de la mano de José de la Aldehuela, el arquitecto que tanta buena huella dejó en Cuenca, como son los casos de la iglesia de San Felipe, las iglesias de San Pablo, San Pedro, y la Virgen de las Angustias y la del Hospital de Santiago.

MÁS DE 40.000 PANECILLOS

La fiesta de San Antón, del 17 de enero, congrega en el barrio a miles de conquenses, que acuden a recoger el tradicional panecillo anisado, elaborado a base de aceite, harina, azúcar, manteca y anisillos. Más de 40.000 panecillos sufraga el Ayuntamiento, manteniendo la costumbre que se hace ley. En este 2008, el día ha sido soleado y durante la jornada la riada de personas que ha cruzado el puente de San Antón ha sido constante, sobre todo a partir de las tres de la tarde, hora en la que se forma la “cola” de personas que, pacientemente, espera su turno para recoger los panecillos bendecidos. La procesión con la imagen de San Antón (durante algunos años desfiló una  valiosa talla de Fausto Culebras) recorre el barrio del Perchel con los sonidos de la Banda de Música y los propios del verde Júcar, que este año baja con cierta fuerza. Desde hace unos años, con la ampliación de la baranda, se puede admirar el paisaje del río, con la iglesia de San Antón de fondo, y en lontananza la Torre de Mangana y la ciudad fortificada. Una bella postal diaria, con todas las tonalidades, que en esta fiesta tiene la excepcional presencia del patrón de los animales, en andas por el barrio.

El párroco Ángel García Benedicto bendice a los animales. Foto: José Luis Pinós, 1980.

BENDICIÓN DE ANIMALES EN EL BOULEVARD DE CAQUITO

Y cerca, en el boulevard de Caquito, en el parquecillo de la Avenida de la Virgen de la Luz, la “cola” de los animales con sus dueños, esperando la bendición. Antaño fue don Amadeo, el cura grandón que siempre recordará el barrio, y también don Ángel, con más de 30 años en esta parroquia, que lo es como tal desde 1958, además de iglesia municipal propiedad del Ayuntamiento. Los animales parece que miran con asombro al hisopo que esparce bendiciones entre aullidos, maullidos y algunos trinos, ante la felicidad de sus amos. Hasta el año que viene.

Hasta las ocho de la tarde no termina el reparto de los pancillos, y ya en el interior de la iglesia repleta, la imagen de San Antón cobra protagonismo en sus andas. Arriba, en su camarín, con el escudo de Cuenca en todo lo alto, la Virgen de la Luz resplandeciente, orgullosa de sus hijos de Cuenca y de su Ciudad Patrimonio de la Humanidad. Buen título si se aplicase el concepto que encierra. Y en las capillas de ambos lados, entre la fastuosa y sorprendente decoración, las imágenes de la procesión de “Paz y Caridad”, que nos recuerdan que el Jueves Santo tiene su punto de partida en San Antón, con la excepción de la imagen de la Virgen de las Angustias tan venerada. La contemplación del interior de la iglesia, con toda su ornamentación, requiere una gran atención.

PUJANZA A PARTIR DE 1973

Esta fiesta de San Antón es de las más costumbristas de Cuenca, y aunque al pairo de los tiempos tuvo algún declive, a partir del año 1973 comenzó con nueva pujanza. Uno de sus impulsores, como secretario entonces de la Hermandad de San Antón, fue Miguel García López, sanantonero de pro, que no sólo revitalizó el reparto de panecillos, entonces con 30.000 piezas, sino que le dio carácter festivo, con verbenas, alguna entrada de moros y cristianos, con “Perejil” a la cabeza, con sus sabrosos comentarios, e incluso el intento de sacar por las calles a la que hizo famosa vaca “Marisol”. Miguel decía que “el barrio debe tener su despertar festivo”.

LOS HERMANOS PALACIOS CON EL “MELAO” Y LAS ALMENDRAS

Y no hay fiesta sin arquilla de turronero. Los hermanos Palacios, artistas de la almendra salada y dulce, el alajú, y el “melao” en el día de San Antón, no faltan a la cita. Los kilos de “melao”, dulce típico a base de tostones y miel, se venden en tabletas. Se agota. Los Palacios (Ángel, Carlos, Ramón, José Luis, Javi y Miguel Ángel) van de fiesta en fiesta por nuestros barrios y pueblos, ofreciendo la mercancía artesana, hechas con buenas manos. El bar que regentan en la calle de las Torres está decorado con carteles de Semana Santa a modo de exposición. Conquenses de pura cepa de almendro. Fue el día de San Antón y las campanas repicaron a fiesta. Como cada 17 de enero.

José Vicente ÁVILA. EL DIA, 21 de enero de 2008

 

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