Cuenca está de Vuelta

Parece como si la ciudad celebrase el día sin coches. Sólo el zumbido de un helicóptero que sobrevuela las Hoces a eso de las diez y media de la mañana nos habla de la realidad que vive Cuenca en esta mañana de fiebre de sábado matinal de bicicletas y maillots multicolores. Mientras tomamos café en una terraza de la Plaza, los ciclistas madrugadores se preparan sobre el terreno del llamado “pavés”, el adoquín, buscando la pieza central suave de las losas para acelerar la marcha, y con ello probarse para la gran prueba individual contra el reloj. El de Mangana da las once cuando el “farolillo rojo” es el primero en salir, que es el evangelio de la Vuelta en la crono: los últimos serán los primeros. Unos seguidores noruegos pasan por la Plaza con sus pancartas y banderas, entre el aplauso de quienes están sentados a la sombra esperando a los ciclistas, y dentro de nueve días a la Vaquilla matea.

Las gentes de Cuenca, turistas y recién llegados, se reparten por doquier. En el Castillo, el Alto que ya es famoso en el mundo, los aficionados se colocan con sus móviles-fotos, sus neveras y sus bocadillos, pues dice Miguel Ángel Quejido que primero hay que almorzar y luego comer, “y a esperar a que llegue Bahamontes”.

Armando Martorell ya ha desplegado a sus huestes en el Trabuco y el Castillo como ensayo de la Vaquilla, con su cerveza a cuestas, él que es el enemigo del agua mateo. Los corredores piden agua porque aprieta «Manolo» en todo lo alto. Descendemos por la acera entre parejas de la Guardia Civil que acompañan a los esforzados de la ruta. Los motoristas se pegan un buen tute de vueltas.

 

MARIANO RAJOY TAMBIEN ESTÁ «DE VUELTA» EN CUENCA

Abajo, en el parque cerrado de la Avda. de San Ignacio de Loyola, es Mariano Rajoy quien llama la atención de los medios informativos, entre saludos a Valverde y otros corredores, entre ellos el “kamikaze” Samuel, ganador de la etapa del Mundialito como ha titulado “As”.

Rajoy habla de ciclismo, y cita entre los favoritos para ganar la etapa “a los cinco primeros y a Millar”. Entiende porque incluso radió alguna etapa, comenta orgulloso. Luego habla de la belleza de Cuenca y de su nobleza. Invitado por Cordero, recorre la etapa entre los primeros caminos que van a la Sierra, con el Júcar al lado, y el ascenso a la Plaza y el Castillo, para seguir por la Ruta Pintoresca, camino de los Jerónimos y camino de la meta por esa carretera que baña el hilillo del Huécar. Naturaleza pura.

En la terraza del Centro de Turistas, Luis Muelas se muestra satisfecho de cómo va la jornada ciclista, acompañado de Juan Ávila, José Luis Chamón y José María Pastor. Que no se escape ningún detalle. Patiño está pendiente en línea de meta con la seguridad por bandera, que ya ha puesto deberes a los que aspiran a ser agentes de movilidad.

Quienes se mueven son las gentes, que se reparten por todo el recorrido, de ahí que en la línea de meta, en la solanera, aparezca menos público de lo habitual. Los aficionados aún comentan la etapa del 8 de septiembre, que ha hecho historia, con Samuel Sánchez, y la crono sabatina de David Millar, dos nuevos ganadores para la lista de vencedores de Cuenca. La Vuelta sigue y se nos va para la Motilla, camino de Valencia nuestro destino de aves y autovías, con Valverde vestido de oro. Que así llegue a Madrid, que es nuestro otro cordón umbilical de caminos directos, porque Cuenca está de vuelta. Y con la Vuelta.

 José Vicente ÁVILA

EL DIA, 11 de septiembre de 2006

 

 

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