Fachadas de Cuenca como un arco iris

Se suceden las miradas al cielo en estos días previos a la Semana Santa en los que se revisan cornisas, se pintan o retocan algunas fachadas, y se arreglan las baldosas de las esquinas y aceras, sobre todo del “paso procesional” anunciado en las señales de tráfico. Se miran las nubes que cambian de tonalidad, algodonadas en el cielo azul  matinal de amarillo fulgor y grisáceas en la tarde de amenaza de tormenta que se torna realidad. Llueve y se limpian las calles. Huele a tierra mojada y a fritura. A resoli casero recién hecho y a rosquillas fritas, torrijas y garbanzada. Llueve y sale el sol, y con el astro rey, el arco iris.

Entre las fachadas de colores del Casco Antiguo el arco irir parece salir de los tejados como si fuese una eclosión de colores nacida del propio colorido de las verticales fachadas, que son ya el logotipo colorista de Cuenca, Aquí queda la estampa de este jueves abrileño, con sol, lluvia, calor y airecillo y el arco iris triunfante en la hora vespertina. Cuenca, la ciudad, espera que el tiempo esté acorde con sus dos grabndes citas de la inmediata Semana: la Santa de los desfiles procesionales y la de la música sacra. Aquí queda la bella imagen que vale más que mil palabras, con esas fachadas de Cuenca que parecen un arco iris, y que esta vez el efrecto óptico meteorológico  parece salir o posarse en ellas.

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