San Roque curó la “epidemia” del muro: ya empieza su reconstrucción

Fiel a su cita anual, la Venerable Hermandad de San Roque, una de las más antiguas de la ciudad, sacó en procesión al santo protector de la peste, con su recorrido ya tradicional desde San Felipe a la Plaza Mayor y regreso en el descenso a la iglesia conocida como de los Oblatos. Y es que Cuenca no es ajena a la fiesta de San Roque, pues juró celebrar su fiesta en el siglo XVI, con ocasión de la peste que afectó a la ciudad hace más de 500 años. Así lo recoge Antonio Rodríguez en su libro “Cuenca en el recuerdo”, dato que hemos utilizado en anteriores trabajos sobre esta sencilla fiestecilla que suele celebrar cada año la Hermandad de San Roque.

En este 2014 la tradición se ha mantenido, y a las diez de la mañana los cohetes y el himno nacional saludaban la salida de la imagen de San Roque por las escalinatas de San Felipe, frente al “muro de la vergüenza” de la confluencia de las calles de Alfonso VIII y Andrés de Cabrera. (El calificativo del muro viene del habla popular de los ciudadanos, que así califican el estado del muro desprendido y hundido hace más de tres años, que parece por fin se va a empezar a reconstruir a partir de esta semana que se inicia el 18 de agosto, pues el Consorcio ya adjudicó la obra en su día).

La imagen de San Roque, portada por ocho banceros, enfilaba la subida por Andrés de Cabrera, frente al Restaurante Las Brasas, que por cierto ha abierto estos días tras largo tiempo cerrado, con nueva dirección y renovada ilusión. Parece que el restaurante y el muro estaban condenados a la postración, y San Roque aparece para evitar que la “epidemia” del parón se extendiera.

A los sones de marchas de procesión, algunas nazarenas, interpretadas por una sección de la Banda de Música de Cuenca, dirigida por el maestro Aguilar Arias (la agrupación se divide en dos secciones para poder atender tanta demanda procesional), el sencillo cortejo ascendió por Alfonso VIII en una mañana deliciosa, entre trinos de pájaros, y flases de cámaras y móviles, que los había más que fieles desfilando por la acera.

La Plaza Mayor, con turistas que llenaron Cuenca en el puente de la Asunción, acogió el cortejo procesional, con las terrazas en pleno desayuno: cafés, churros y tostadas. En un balcón del Mangana ya estaba colocado el calendario anunciador que se coloca cada 16 de agosto: Faltan 33 días para San Mateo.

La Banda  interpretaba “Nuestro Padre Jesús” y bajo los arcos del Ayuntamiento la imagen de San Roque  entró en trance de “baile”, parado “ipso facto” porque la talla parece que ofrece algún problema;  en la parte religiosa presidía el rector de San Felipe, Manuel Martínez, y por la representación municipal –el Concejo hizo voto por esta procesión en tiempos de epidemias— la vara del alcalde fue portada por el concejal Enrique Hernández Valero, quien por cierto estaba acompañado por los concejales de la oposición, Pedro J. Hidalgo y Angustias de la Cruz. Carlos Martínez fue el hermano mayor, como también lo fue su padre Roque, hace ya bastantes años, aunque ambos no faltaron a la cita con su Hermandad.

Roque Martínez en el día de su santo; hace años fue hermano mayor. Este año lo ha sido su hijo Carlos.

Una Hermandad que durante muchos años ha pasado por diferentes avatares y siempre encontró la pequeña ayuda municipal –con alguna excepción como la de 1906, cuando la Corporación acordó suprimir la ayuda económica y los ciudadanos se le echaron encima y tuvo que rectificar. Ahora dice algunos devotos que no hay ayuda ni para panecillos.

 

LA PESTE DE LOS AÑOS 1508 Y 1509

La ciudad de Cuenca hizo el juramento, tras la epidemia de 1508 y 1509,  de “sacar en procesión al santo protector de la peste”, que le rindió culto en la ermita que antaño existió en el cerrillo de San Roque, para pasar la imagen a la antigua iglesia de San Miguel; después a San Antonio Abad (en la Virgen de la Luz), donde la tradición se mantuvo muchos años, y tras un fugaz paso por San Nicolás y San Pedro, la Hermandad se estableció en 1970 en la iglesia de San Felipe Neri, de la que sale cada año a las diez de la mañana, con la talla que hizo Francisco Bieto en 1947.

Bieto hizo el Corazón de Jesús del Cerro del Socorro y la efigie del Corazón de Jesús que figura en la Residencia Provincial del mismo nombre, entre otras obras.

San Roque por la colorista Plaza Myor. (Josevi)

Una vez en la Plaza Mayor la procesión dio la vuelta ante la fachada de la Catedral, y tras el descenso a San Felipe, con mayor acompañamiento en la bajada, se celebró la santa misa y se efectuó el reparto de la caridad en forma de panecillos. La imagen de San Roque, al entrar por la puerta de la iglesia, parecía mirar al muro de Andrés de Cabrera como dando a entender que la “epidemia” de su estado actual va a cambiar en breve, por sano y salvo. Así que ¡Viva San Roque!

 

 

 

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